El mayor terremoto de la historia en México deja al menos 65 muertos

El terremoto derribó el hotel Ane Centro en el municipio de Matías Romero, Oaxaca. / EFE

El temblor, de magnitud 8,2, deja grandes destrozos en los Estados de Oaxaca y Chiapas, en la costa del Pacífico

MILAGROS LÓPEZ DE GUEREÑOCorresponsal. La Habana

Once minutos antes de la medianoche del jueves un terremoto de magnitud 8,2, el de mayor intensidad registrado en 100 años, sacudió el centro y sur de México dejando al menos 61 muertos, 200 personas heridas y cuantiosos daños materiales en edificaciones e infraestructuras. Se vivieron momentos de pánico. Los coches, detenidos, se movían, la gente en el metro se sentía atrapada y miraba al techo con angustia, otros salieron de sus casas en pijama y no querían regresar.

El epicentro se registró en el mar, a unos 130 kilómetros de Tonalá (Chiapas) pero llegó a sentirse en Guatemala con una fuerza de 7,7. Los cerca de 50 millones de habitantes de esa parte de Centroamérica, sintieron muchas de las 337 réplicas (el sábado se registraron otras 721). Se decretó la alerta de tsunami en México, Guatemala, El Salvador, Costa Rica, Nicaragua, Panamá, Honduras, pero el presidente Enrique Peña Nieto aseguró que éste «no representa en este momento un riesgo mayor, no se ve de una dimensión mayor». «Estamos en alerta, estamos atentos y haciendo una valoración completa que puede tardar días», dijo el mandatario.

Las claves

Fuerza
El seísmo ha liberado una energía equivalente a la explosión de 32.000 bombas atómicas
Peligro en el mar
Siete países declararon una alerta de tsunami, que no llegó a materializarse

Peña Nieto informó a los ciudadanos a través de la televisión. Según los datos en su poder, el hipocentro se localizó a una profundidad de 19 kilómetros y a unos 100 kilómetros de la costa. El presidente advirtió también de que podría registrarse una réplica fuerte en 24 horas. Ayer, en Tonalá la tierra volvió a temblar con una intensidad de 6,1 grados, pero podría haber más.

La violencia de los movimientos provocó momentos de terror entre ciudadanos, que evocaron el devastador cataclismo que a las 7,15 de la mañana del 19 de septiembre de 1985 mató a 10.000 personas. Gracias a la lección aprendida hace 32 años, el desastre no ha sido mayor porque las todas las construcciones posteriores se levantan con sistemas antisísmicos. No obstante, ayer se ordenó la suspensión de las clases en la mayoría de la región afectada por el temblor para permitir la inspección de las instalaciones educativas.

Cortes de electricidad

La mayor cantidad de víctimas mortales se registró en Oaxaca, en la costa del Pacífico. Según el gobernador Alejandro Murat fueron 23, pero aclaró que se trataba de cifras preliminares. En la localidad de Juchitán, se derrumbó el palacio municipal, una construcción colonial, y resultaron dañadas varias viviendas. En el vecino Chiapas los fallecidos fueron siete, casi todos a consecuencia de muros caídos. El gobernador chipaneco, Manuel Velasco, confirmó que dos fueron mujeres a quienes se les derrumbó la vivienda en San Cristóbal de las Casas, la ciudad donde el ‘subcomandante Marcos’ dio a conocer su lucha en defensa de los indígenas y que se localiza en uno de los Estados más pobres del país.

En Tabasco, el gobernador Arturo Nuño informó de la muerte de dos menores, uno aplastado por una pared y un recién nacido porque se quedó sin electricidad el respirador al que estaba conectado. Precisamente uno de los efectos inmediatos del terremoto fueron los cortes de energía eléctrica y gas de los que no se libraron tampoco en la capital de la nación. En el aeropuerto del Distrito Federal se rompieron cristales y se abrieron grietas en la terminal. Alertados por 8.200 megáfonos desplegados en la capital federal, los 20 millones de habitantes de Ciudad de México salieron precipitadamente a las calles, donde permanecieron mientras duró la alerta.

Las autoridades explicaron que los sismos no se pueden predecir y que lo único que cabe es seguir los consejos de protección en el momento en que se dispara la alarma. Por ejemplo, desde hace dos décadas, la asociación Cires provee a Ciudad de México un sistema de sensores colocados a lo largo de la costa pacífica. Desde 1993, ha dado más de 60 alertas de terremotos.

La gente espera en la calle en Ciudad de México.
La gente espera en la calle en Ciudad de México. / Reuters

El seísmo del jueves noche liberó con su magnitud 8,2 una energía equivalente a la explosión de 32.000 bombas atómicas como la de Hiroshima, o de 416 millones de toneladas de dinamita. Ante esa fuerza de la naturaleza poco se puede hacer. Abrir y aguantar las puertas de acceso a las viviendas, alejarse de las ventanas, colocarse debajo de una mesa o al abrigo de un dintel. Y mientras, desde un piso trece, observar como las otras construcciones, y la propia, oscilan como muñecos de tentempié.

Sin embargo, cuando las sacudidas son tan fuertes alguien siempre pierde la calma. Si cunde el pánico es fácil que tenga un efecto contagio y entonces se cometen imprudencias que pueden salir caras.

El temblor sobresalta a Veracruz, a la espera de ‘Katia’

Uno de los Estados mexicanos que vivieron con mayor preocupación el temblor fue Veracruz, fronterizo de Oaxaca y donde la población se encuentra ya en alerta por el cercano impacto del huracán ‘Katia’. Los habitantes de Veracruz aceleraban los preparativos de seguridad para la tormenta mientras se reponían del temor que les provocó el terremoto.

‘Katia’, que ayer ascendió a categoría 2, se encontraba a primeras horas de la tarde 205 kilómetros del puerto de Veracruz, con vientos de 155 kilómetros por hora, según el Centro Nacional de Huracanes (NHC) de Estados Unidos. Lleva días en el Golfo de México, pero su presencia ha quedado eclipsada por los graves efectos de ‘Irma’ en la zona del Caribe.

En Tecolutla, en la costa veracruzana, el sismo de 8,2 grados del jueves por la noche revivió trágicos recuerdos de 1999, cuando otro temblor sacudió la zona días antes de que el pueblo fuera inundado por un río. En el Estado de Veracruz también se registró un terremoto en 2011, de magnitud 6,7, que llegó a ser el más fuerte del año en todo México, pero solo dejó daños leves.

«Ya tenemos encima el huracán y luego el temblor, pues más se asustaron», relató a la agencia France Presse Daniel Salas, de 29 años, trabajador voluntario de Protección Civil de Tecolutla. El terremoto, sin embargo, tuvo su epicentro lejos de esta región, donde produjo principalmente sobresaltos. «Algunas personas en la madrugada empezaron a retirarse en sus vehículos, empezaron a salir (a pueblos vecinos) mejor, antes de que otra cosa suceda», agregó Salas, mientras clavaba tablones sobre las ventanas y puertas de su casa.

Los huracanes golpean Veracruz al menos una vez al año, generando en ocasiones graves inundaciones y deslizamientos por su terreno montañoso y numerosos ríos. «Vamos a ver qué nos trae el huracán ‘Katia’, estamos sobre todo en alerta por el río», explicó Amanda Santiago, comerciante de 39 años, cuya vivienda y venta de artesanías está a escasos 50 metros de la ribera.

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