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«Ni podemos vivir del Sol ni competir soldando acero»

José Manuel Sanjurjo, Vicealmirante ingeniero de la Armada y académico en la Real Academia de Ingeniería (RAI)

03.06.13 - 15:41 -
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«Ni podemos vivir del Sol ni competir soldando acero»
El vicealmirante Sanjurjo en la RAI. Elvira Megías

El vicealmirante ingeniero Sanjurjo trabaja desde hace años en esa intersección entre innovación y defensa, en la fabricación de sistemas, aeronaves o misiles. Tras su paso de varios años por la marina de EE UU o la de Francia, ha sido jefe del programa de fragatas y director de construcciones navales en la Armada española.

-Como miembro de la Real Academia de Ingeniería, usted está preparando, junto a otras academias europeas, unos informes sobre el papel de la innovación en el desarrollo europeo, ¿cuál ha sido su función en todo esto?

-En efecto, la academia española está en una plataforma, EuroCASE, junto a las academias sueca, alemana, inglesa y francesa. Estamos elaborando informes monográficos para la Comisión Europea sobre áreas donde creemos que la innovación puede jugar un papel importante. Nuestra función era preparar un informe, que presentamos en junio, sobre cómo debía de ser el tejido industrial en la 3ª Revolución Industrial.

-¿Con la 3ª Revolución Industrial se refiere a algo ya comenzado o por venir?

-La documentación oficial de la Comisión Europea incluye esa denominación, por eso la utilizamos, aunque depende, los alemanes por ejemplo hablan de una 'Industria 4.0' para referirse a esto.

-¿Qué conclusiones han obtenido?

-La crisis está enmascarando algo mucho más profundo, que es un cambio de era. Y el que no se adapte, a la sala de dinosaurios del Smithsonian. Se están dando varios cambios profundos y radicales que tenemos que afrontar, y que afectan a la investigación: el de modelo energético, el tecnológico, el económico o el geoestratégico. China está dejando de ser un 'todo a cien' y está pasando a exportar alta tecnología. La transformación tiene cuatro ejes principales: la conectividad, la automatización, la robotización y la impresión 3D. En este sentido, España no puede vivir sólo del sol. Además de la Florida de Europa, debemos ser algo más, y tenemos la oportunidad de no cometer el error que cometimos en el siglo XIX, el de enzarzarnos en politiqueos y quedarnos atrás en lo tecnológico.

-¿Cree que esa robotización de la industria ayudará a reducir la deslocalización?

-Habría que ver el panorama completo. A los países de nuestro entorno no les queda otra opción que producir elementos complejos y de muy alto valor añadido, no podemos competir soldando acero. En ese entorno, la robotización va a jugar un papel importante. Tendrá efectos sobre la globalización, porque desde el momento en que puedes mandar unos planos directamente a un robot o una impresora 3D, puedes producir tanto en el garaje de tu casa o desde China. Por otro lado, ¿sustraerán empleo humano los robots en las plantas de producción? En las actuales sí, efectivamente, pero con estas plantas de producción no podemos competir en el futuro. En las futuras, disminuirá el trabajo en el nivel de producción pero aumentará en los superiores, supervisando y desarrollando ese software.

-¿Habrá un equilibrio entre los puestos que desaparecerán y los que se crearán?

-Para esto no tengo respuesta, pero sabemos que va a ser inevitable.

-¿Cómo pueden las administraciones favorecer este cambio?

-A nivel político, las medidas que se están barajando tienen que ver con la adquisición de sistemas innovadores, con crear participaciones público-privadas eficientes o con buscar financiación para las pymes. Personalmente, creo que hay que seguir los pasos de la administración Obama y tirar por la biotecnología, con todas las consecuencias, por los avances que pueden salir en biocombustibles, medicamentos o alimentos nuevos. Otra línea muy clara es la relacionada con los nuevos materiales.

-Por su perfil, seguirá desde hace tiempo la irrupción de los drones. ¿Han superado los militares el escepticismo sobre dar autonomía a un robot?

-No, no, qué va. Aún seguimos en ese debate, porque los drones están viviendo, como el resto de la robótica en el campo militar, una explosión tremenda. Nosotros empezamos con los robots habiendo un operador de enlace. Hoy incluso, los drones tienen un operador frente a una consola. Eso se está terminando y estamos pasando a una generación de robots autónomos. Deciden por sí solos. Ante esto, tenemos problemas éticos y legales. Hasta qué punto le vas a ceder a un robot las decisiones de matar a humanos, qué pasa si un robot falla y se vuelve contra civiles, ¿a quién le formas el consejo de guerra? ¿Al que hizo el robot, al comandante de la unidad, al que cargó el software?

-¿Y más allá de los drones?

-Algo que sí se empieza a aceptar es la implantación de elementos de software en individuos. Por ejemplo, si llegas herido a un hospital de campaña y llevas un chip con tu historial médico, las posibilidades de que sobrevivas son mucho mayores.

-¿Qué tipo de investigación se está llevando a cabo en las Fuerzas Armadas en cuanto a energía?

-Seguimos varias líneas. Una de ellas son los biocombustibles, por la independencia estratégica que te dan. Por ejemplo, en aviación militar parece bastante claro que se optará por este camino. También llevamos años avanzando en lo que llamamos propulsión anaeróbica, es decir, que no necesita oxígeno exterior. Partiendo del bioetanol, que en España es abundante, logramos hidrógeno y lo usamos en una pila de combustible. Lo que ocurre es que se necesitan grandes cantidades de energía, por tanto no lo veo económicamente como una solución definitiva, aunque lo he visto en Estados Unidos, especialmente en sitios donde es difícil obtener energía de otro tipo. El sistema que han desarrollado cabe perfectamente en un container y realmente, puede echar vino de Rioja y que salga electricidad por el otro lado.

-Vaya, ¡menudo desperdicio!

-(Risas) Lo que aún no han conseguido es meter electricidad y que salga Rioja.

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