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REPORTAJE

Dentro de Silicon Valley

Cada vez hay más españoles en el principal centro de innovación tecnológica del mundo. ¿Cómo viven? ¿Qué hacen? ¿Qué lecciones se pueden aprender de su experiencia?

20.08.13 - 12:27 -
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Dentro de Silicon Valley
Bruno Fernández-Ruiz, ‘senior fellow’ en Yahoo y uno de los españoles en Silicon Valley. Eva Guillamet

Era un valle de frutales. De albaricoques, ciruelos y manzanos. En 1976 nació allí una manzana diferente, Apple, la más popular y rentable del mundo. Una hecha en silicio, el material sobre el que había brotado una selva de talento e innovación que hoy es el mayor ecosistema de nuevas tecnologías del mundo. Un hábitat de grandes depredadores y pequeños aspirantes. Un lugar donde impera la ley del más fuerte, y donde ser devorado puede ser un éxito. Era el valle de Santa Clara, pero hoy es Silicon Valley, el destino definitivo para emprendedores y tecnólogos de todo el mundo. También de España.

Entre España y Silicon Valley hay 9.000 kilómetros en línea recta, un océano, y un mar de diferencias. «La cultura aquí es cien por cien distinta», asegura Santiago Fernández-Gómez, gallego, que llegó al valle en 1997. Ha investigado en Stanford y trabajado para algunas de las empresas de hardware más importantes. ATI, AMD y Apple, entre otras. Ahora ha fundado NanoASICS, su propia compañía de microchips. «Aquí hay mucha gente dispuesta a invertir mucho dinero en innovación, con ganas de vincular su nombre a proyectos que puedan ser relevantes en los próximos años». No es solo negocio, afirma, aunque explica que el espíritu de cambiar el mundo se pierde poco a poco.

Ecosistema

Según la consultora PwC, Silicon Valley recibe, por sí solo, aproximadamente un tercio de la inversión de capital riesgo de todo Estados Unidos. Más de 11.000 millones de dólares en 2012. Si lo necesita –y lo merece– casi cualquier proyecto puede encontrar inversores. Para empezar, para crecer o para consolidarse. Cien mil, o cien millones de dólares. La mayoría de ‘start-ups’ fracasan, como en todas partes, pero el valle cuenta con una red de apoyos que maximizan las posibilidades. Incubadoras de empresas, aceleradoras, abogados especializados, agentes de patentes, ‘business angels’, contables. «Son los expertos en conectar nodos», explica Asier Rufino, director de Tecnalia Ventures. «Gente con una cartera muy importante de contactos, y que saben encontrar a los inversores adecuados».

Desde el valle de Santa Clara el mercado es el mundo, y la competencia una constante. «La norma aquí es que no importa lo que hagas, siempre hay dos o tres empresas más haciendo lo mismo que tú», cuenta Pablo Díaz Gutiérrez, un granadino que llegó en 2001 y lanzó su propio proyecto (Appfluence, una aplicación que permite gestionar las tareas y las horas de trabajo ), hace algo más de un año. «Aun así no hay ambiente de secretismo», explica. «Es casi imposible que tu idea sea perfecta desde el principio, así que comentarla con otros permite mejorarla mucho más rápido». «Las ideas son baratas. El éxito viene por la ejecución», sentencia.

Para triunfar en un entorno tan competitivo las barreras entre vida laboral y personal se diluyen. «No existen, o son muy pequeñas», explica Bruno Fernández-Ruiz, ‘senior fellow’ en Yahoo, donde dirige un equipo que desarrolla nuevas tecnologías para el portal web de la compañía. «Tu teléfono y tu correo electrónico están activos desde las 5 de la mañana hasta las 2 de la madrugada», explica. «Se espera que todo el mundo esté pendiente del trabajo, y de comunicar cuando sea necesario. Aquí no existe eso de decir ‘no’ porque son las 7 de la tarde». Pablo Díaz lo expresa así: «En España la gente trabaja para vivir, aquí viven para trabajar».

El valle no ofrece muchas alternativas de ocio. «Silicon Valley es un suburbio. Son las afueras de algún lugar que no existe», bromea Bruno Fernández-Ruiz. «Son millas y millas de casas y calles, pero no hay ni historia ni, apenas, centros culturales». Originalmente se mudó a Sunnyvale –el municipio donde está la sede de Yahoo–, y califica su primer año como «un desastre cultural y social». Ahora vive en Mountain View. Otros se van a San Francisco, a unos 45 minutos de coche. Aunque los datos censales dicen lo contrario, la impresión es que, además, es un lugar con pocas mujeres. «A San José lo llaman Man (‘hombre’ en inglés) José», dice Pablo Díaz. «La vida diaria es mucho más entretenida en España que aquí. Igual tiene que ver con la tasa de creación de empresas», bromea.

En esta comunidad, de unos 4 millones de habitantes, se crearon más de 45.000 nuevas empresas en 2011 según el ‘Silicon Valley Index’. En España –con 10 veces más población– se crearon unas 85.000. ¿Se puede trasladar el modelo? «El cambio de mentalidad se ha dado», afirma Santiago Fernández-Gómez. «Pero aún no hay poder y la financiación para que funcione». «No sé si me habría atrevido a montar mi empresa estando en España», dice Pablo Díaz. «No porque no haya gente con talento, sino por inercia. Recuerdo que el objetivo de la gente era conseguir un buen trabajo en una empresa grande». En Silicon Valley asumir riesgos es la norma, explica Arturo Devesa, de 27 años y fundador de la ‘start-up’ de consultas médicas MedWhat. «Aquí fallar está bien, es parte del aprendizaje», asegura. «Si no funciona lo vuelves a intentar con lo que has aprendido».

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