«Volvemos a discriminar a la mujer si depende de Servicios Sociales»

Marta Uribe, en el centro de la imagen, posa junto a otras dos activistas durante una de las concentraciones celebradas en la Paz contra la violencia de género. /R. Solano
Marta Uribe, en el centro de la imagen, posa junto a otras dos activistas durante una de las concentraciones celebradas en la Paz contra la violencia de género. / R. Solano

Marta Uribe cierra su etapa al frente del departamento con una nítida reflexión: «El machismo es muy duro con las mujeres y una cárcel para los hombres»

ROBERTO RIVERA

Pie a tierra. El departamento de Igualdad, puesto en marcha al amparo de las ayudas que otorga el Ejecutivo regional para el fomento del empleo, cierra sus puertas al público y su responsable hace balance de esos seis meses de gestión antes de reintegrarse a las listas del paro. Marta Uribe, «promotora de igualdad entre hombres y mujeres», dinamizadora social y cultura, repasa el escenario con el que se encontró y el que afronta ahora la ciudad.

–Daba las gracias al Ayuntamiento en su despedida por haber tenido la ‘valentía’ de poner en marcha el departamento. Resulta llamativo que a estas alturas se hable de valentía al abordar este tema.

–Ciertamente. A los políticos les da mucho miedo este tema porque consideran que no es popular y la ciudadanía va a entender que ‘ya estamos con los machismos y feminismos a vueltas’. Resulta problemático y les da miedo abordarlo.

–Han sido seis meses. No parece demasiado tiempo como para meter mano a una problemática que ésta, como otras sociedades, arrastra desde hace siglos.

–¡Claro! Sería ridículo pensar que lo vamos a solucionar tan fácilmente. Pero cuando continuamente se habla de que hay que empezar a educar, a concienciar, a sensibilizar, hay que ponerse manos a la obra, remangarse y empezar, dejar de hacer planes y empezar a hablar sobre el terreno. Eso es mucho mejor que decir ‘vamos a hacer’ y no hacer nada.

–En todo caso. Si alguien ha tenido la oportunidad de hacer un mínimo análisis de situación al respecto es usted. ¿El caso de Haro es similar al del resto del país?

–Se sitúa en el mismo contexto que el resto del país y, en general, que el resto del mundo. Tiene sus especificidades, como cada lugar. Pero la situación es similar.

–¿Y hay algo que la singulariza, que le haya resultado peculiar?

–Me ha llamado la atención algo que todo el mundo me advertía al principio, avanzándome que nadie querría participar. Sinceramente. Me he encontrado con todo lo contrario. La gente quiere colaborar. Es posible que el clima de crispación política haga que no sean muy conscientes de la realidad de los ciudadanos y confundan su manera de relacionarse, entre los propios políticos, con lo que pasa en la calle.

–En su informe final se hace balance de las actividades desarrolladas. Y todos parecen satisfechos con lo realizado…

–Lo realizado ha sido, en realidad, muy poco. Porque no he tenido ningún tipo de medio para trabajar. Todo lo que se ha podido llevar a cabo ha sido siempre con ‘presupuesto cero’. Lo cierto es que me siento muy satisfecha. Pero no por las campañas y por los carteles que se hayan podido ver, aunque estructuralmente estuviesen bien planteados. Estoy más satisfecha por lo que no se ha visto y por lo que, sin embargo, se ha conseguido que no da como para convocar una rueda de prensa y promocionarlo, pero sí resulta mucho más reconfortante y positivo.

–Lo curioso es que también se habla de carencias. De una veintena de carencias… ¿Hasta qué punto ha calado el mensaje que traslada el repaso a lo que, tanto usted como los colectivos con los que ha trabajado, echan en falta?

–Ha calado que hay necesidades entre todos ellos. Y cuando digo ellos me refiero a todos los cargos políticos y desde el planteamiento de una crítica constructiva. Yo podría ser políticamente correcta. Pero entonces no estaría haciendo bien mi trabajo. Claro que ha calado el mensaje. Pero entiendo que equivocadamente. Porque no deberían ponerse a la defensiva, sino aprovechar ese debate para abrir la Caja de Pandora y plantear ‘vamos a mejorar las cosas, vamos a escuchar a las personas’. La democracia no consiste en votar cada cuatro años. Consiste en que se proponga un planteamiento horizontal, que los ciudadanos y ciudadanas puedan ir a su ayuntamiento a hablar con sus representantes, plantear sus problemas y que éstos les escuchen y saquen de ahí conclusiones. A veces tendrán razón, pero en otras es posible que no. Y los ciudadanos les pueden dar pistas de cómo, desde su posición, pueden ayudar a mejorar la vida de las personas, que de eso se trata.

–Llega a hablar de violencia institucional…

–Pero sin hacer referencia a un ataque. Suena muy fuerte. Pero es un término profesional. Y hace referencia al proceso en el que entra una persona victimizada cuando las administraciones públicas no le ofrecen ningún servicio y, en vez de ayudarla y defenderla en su situación, lo que hacen es que se sienta peor y más culpable aún. Insisto. Es un término de carácter profesional.

–Aunque parece evidente que hasta la fecha las peor paradas son las mujeres, diseña un plano de actuación que engloba a todos, más allá de su condición sexual.

–Sí, sí, si… De género, diría yo. Me explico. El machismo es muy duro con las mujeres pero es una cárcel para los hombres. No es que los hombres sean machistas y las mujeres no. La sociedad en sí misma es machista. Hay mujeres que son, de suyo, mucho más machistas que los hombres. Las mujeres son las principales y más sangrantes víctimas del machismo. Pero los hombres también padecen este modelo de comportamiento. Eso es lo que sienten los hombres como tal, al considerarse agredidos porque ellos también sufren y creen que las actuaciones que se proponen van en contra de ellos.

En parada administrativa

–Paradójico. Se considera sumamente importante el trabajo en materia de igualdad, y hasta se habla de una dotación económica para continuar con este trabajo, pero el Consistorio ya no cuenta con un técnico en igualdad.

–Yo no diría sólo el Consistorio. Es vergonzoso que el Gobierno de La Rioja, al hablar de estos temas, aproveche subvenciones para la contratación a parados de larga duración para actuar en este campo. De forma automática se está minusvalorando esta problemática. Porque yo podré haberlo hecho bien o mal, pero he salido muy ‘baratita’.

–Todo queda ahora en manos del Gobierno regional que propone una línea de actuación dentro de ese ámbito. ¿Hasta qué punto afectará al trabajo iniciado este parón administrativo?

–Totalmente. Va a aquedar como algo simbólico porque, en realidad, todas las conclusiones parecen haber servido sólo para que se pongan a la defensiva. Y en vez de parar, de forma automática, para hacer una reflexión y ponerse todos de acuerdo, hablo de gobierno y oposición, lo que han hecho es decir ‘¡ya estamos...!’ en comisiones de festejos y en otros órganos municipales. Parece evidente que van a utilizar este tema para pelearse entre ellos. Y precisamente eso es lo que hay que evitar.

–Más curioso aún. Dos días después de dar por concluido el proyecto, y aún garantizando su reactivación en el futuro, se anuncia y hasta presenta la comisión de la mujer cuya constitución se deberá aprobar previamente en el pleno del próximo miércoles…

–Sí. He leído la nota de prensa porque es un tema que me interesa y entiendo que está mal planteada desde el origen. Por dos cuestiones. Nunca, nunca jamás, debe depender de Servicios Sociales. Me explico. Si seguimos haciendo depender los temas de la mujer de Servicios Sociales, continuamos discriminándola porque, automáticamente, los asociamos a dependencia, ayudas sociales, situaciones de riesgo… Y es precisamente todo lo contrario. Los temas de la mujer hay que dignificarlos y meterlos directamente en Alcaldía para que desde ahí puedan trabajarse transversalmente en todos los ámbitos del Ayuntamiento. Porque si hacen una Comisión de la Mujer dependiente de Servicios Sociales tienen que hacer una Comisión del Hombre dependiente de Servicios Sociales. A fin y al cabo, también hay en Haro un montón de hombres pasándolo realmente mal.

–¿Qué es lo que, después de su experiencia, más le preocupa a día de hoy en la ciudad jarrera?

–Las mujeres con nombres y apellidos, y a las que conozco, que las están pasando canutas. Y me preocupa que unos Servicios Sociales muy dinámicos se preocupen muy dinámicamente de ellas.

–¿Cuáles cree que son las soluciones, los pasos que se han de dar?

–Hacer una reflexión. Pararnos a pensar. Aceptar las críticas constructivas. Entender que en estos temas nadie tiene la solución, sino que tenemos que colaborar todos y todas. Yo no creo que sea el momento de crear una comisión. Es el momento de que decidan por esta cuestión, por Haro y otros muchísimos temas más, gobierno y oposición, planteando unos mínimos para empezar a trabajar. Porque las comisiones sólo sirven para utilizar a las asociaciones electoralmente, y al final no sirven para nada. Este problema es lo suficientemente serio como para trabajarlo con un acuerdo unánime de todos los partidos políticos. Habrá que llegar a acuerdos y llevarlo con dignidad. Y no como una excusa para seguir enfrentándose.

–Entiendo que con celeridad…

–Bueno… Las cosas hay que hacerlas bien. Hay problemas que son urgentes pero éste es importante. Y, como diría Fito, no siempre lo urgente es lo importante. Hay que atender los casos urgentes y lo importante a largo plazo y bien hecho. Pero mejorando, sobre todo, el clima político de Haro porque sus habitantes lo necesitan.

–Con la mano en el corazón. ¿Es optimista en el caso que nos ocupa? ¿Entiende que hay voluntad real de generar un clima de equiparación social o cree que ésta es otra operación vinculada al 8 de marzo, un gesto más?

–No sé lo que harán los políticos. Pero, si los políticos no se ponen a la altura de la gente, las personas, hombres y mujeres, mayores y adolescentes, les van a dar una lección.

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