El vino de Rioja se traslada a la imagen

Los ganadores del centamen posan tras su proclamación delante de sus creaciones. /RAFAEL LAFUENTE
Los ganadores del centamen posan tras su proclamación delante de sus creaciones. / RAFAEL LAFUENTE

El burgalés Víctor Manuel Ausín gana el concurso de fotografía que se integra en la sección visual de ‘Los cinco sentidos’ y se expone ya en Las Bezaras de Haro

ROBERTO RIVERA

El vino se exhibe sobre los paños de la galería de Las Bezaras para paladearse mejor a través de las miradas que deciden sumergirse en su cálido cauce. Porque los ojos, desvelaban los versos de Jorge Guillén en su ‘Beato sillón’, no ven; saben. Y el conocimiento, y el sabor, ayudan a descifrar misterios báquicos que quedan definitivamente retratados, estampando el sorbo en un instante infinito, ajeno a la prisa del reloj.

El vino, viene a demostrar un año más, la programación de El Rioja y los Cinco Sentidos, puede llegar a ser una aventura que se alimenta de sensaciones inolvidables e imprescindibles, sobre todo cuando éstas llegan a través del latido sonoro, olfativo, visual, táctil y gustativo de un mundo que parece aislarse del ruido para encerrarse en sí mismo, tratando de reconocerse.

El palacio de la Fundación Caja Rioja-Bankia debería ser entendido, por lo tanto, desde ayer como el centro de un universo labrado con el destello de una cámara que extendió generosa su diafragma para alumbrar imágenes únicas que enriquecen el catálogo de la memoria, invocada «en masa» por el poeta más puro de la Generación del 27, para no perder detalle en ese universo mágico que traza el sacrificio y la sangría de la vid. Y que se asoma al público de la comarca de Haro para redimirse y seguir sobreviviendo a la decadencia del olvido.

Ahí es donde reside el milagro llevado a cabo por el burgalés Víctor Manuel Ausín, el logroñés Carlos Merino y el conquense de Tarancón José Ramón Luna sobre los que recayeron, por ese mismo orden, el primer, segundo y tercer premio del concurso fotográfico con el que adquiere mayor protagonismo la vista en la programación de El Rioja y los Cinco sentidos, al ser sus obras, ‘Vanitas Oro’, ‘Disfruta de la Vida’ y ‘Esbozos de Invierno’, las mejor valoradas por el jurado de entre las 794 obras que presentaron al certamen 353 fotógrafos con domicilio en España, en la mayor parte de los casos, pero también en Brasil, Argentina, Portugal, Cuba, México, Chile, Perú, Uruguay, Paraguay, Bélgica, Ecuador, Italia y Uganda.

Recibieron, conforme establecían las bases de la convocatoria, 1.600, 900 y 500 euros. Cristina Sádaba, navarra de San Adrián, y el argentino Raúl Villalba, 200 euros cada uno al considerar el tribunal que sus creaciones se diferenciaban sobremanera del resto de los trabajos y ser reconocidos, por ello, con dos accésits que reconocen el valor artístico de ‘Célula madre’ y ‘La dama que está sola y espera’, destacaron el director general de Desarrollo Rural del Ejecutivo regional, Daniel Del Río, y el director de Fundación Caja Rioja-Bankia, Arturo Colina.

El cierre del acto que permitirá adentrarse en este ecléctivo entramado, plagado de miradas y visiones tan singulares y personales como los tonos, colores y formas que las describen, ayuda a entender que la mirada tiene su propia geografía.

Aunque sólo sea para situar, revelaron los responsables de esta iniciativa que vincula al mundo del vino con los ámbitos del arte, a quienes respondieron a su llamada desde diferentes puntos del planeta.

En clave eminentemente estadística.

De los 353 artístas que remitieron sus creaciones, 281 procedían de España, 38 de Brasil, 8 de Argentina, 8 de Portugal, 3 de Cuba, 3 de México, 2 de Chile, Perú, Uruguay y Paraguay, y 1 de Bélgica, Ecuador, Italia y Uganda. De entre los españoles, la mayor parte de ellos eran riojanos (71), muy por encima de los madrileños (31), los catalanes (29), los andaluces (29), los vascos (24), los valencianos (22), los catellanomanchegos (16), los castellanoleoneses (11), los navarros (9), los murcianos (7), los canarios (7), los gallegos (6), los aragoneses (5), los cántabros (5), los baleares (4), los extremeños (3) y los astures (2).

Se trataba de aficionados y profesionales de la fotografía a los que se dirigía este certamen abierto a todas las nacionalidedes y que no imponía límite de edad. Bastó con que sus obras estuviesen relacionadas «obligatoriamente y de forma sustancial» con el mundo del vino, en cualquiera de sus vertientes: vendimia, elaboración, bodegas, personajes, bodegones, consumo, historia o paisaje.

La forma de ver cada una de ellas se sabía, de antemano, libre.

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