La Vega navega entre faroles hace un siglo

El gentío observa la entrada del nuevo paso de la Vega, réplica de la talla original, en la Plaza de la Paz, antes del canto de su himno a oscuras . /Donezar
El gentío observa la entrada del nuevo paso de la Vega, réplica de la talla original, en la Plaza de la Paz, antes del canto de su himno a oscuras . / Donezar

La cofradía de la patrona de Haro abre las puertas de su museo con el Rosario de Cristal completamente recuperado

ROBERTO RIVERA

A la Vega, la señora con mayúsculas de la casa, se la saca en volandas de año en año, allá por septiembre, y desde hace un siglo se la alumbra además con faroles que parecen brillar con mucha más fuerza a su lado, aún cuando la Paz se arropa con el velo más oscuro de la noche para hacer patente su presencia, en lo alto de su carroza, y dejar que los sentimientos del gentío afloren a chorro, conscientes de que se transmiten con absoluta claridad sin llegar siquiera a verse.

A ese mágico instante en el que todo Haro cabe en la plaza, aunque sus muros no lleguen a contener las lágrimas que se desprenden como un leve destello que decubre el alumbre de los 'avemarías', se llega después de navegar por las calles de la ciudad que la siente suya desde hace siglos. Y se consolida como una toma fija, con juego de luces, desde hace ya cien años, rememora en el presente su cofradía.

Ése es el tiempo que lleva procesionándose el Rosario de Cristal entre los jarreros. Y ésa es la efemérides que celebra la institución religiosa después de haberse dejado, en los últimos ejercicios, varios 'jirones' de su presupuesto para la completa restauración de los elementos que lo componen y han experimentado con el paso del tiempo una profunda renovación que no ha afectado, en ningún caso, al formato y a la esencia inicial de la procesión, declarada de Interés Turístico Regional desde 1999 por el Gobierno de La Rioja que la considera una de las señas de identidad de la localidad jarrera, el fiel reflejo de sus tradiciones y cultura, tan vinculadas a la talla gótica de la Vega, envuelta en mitos y, sobre todo, en devoción.

Que Haro cuente con un rosario similar a los que se siguen procesionando en Zaragoza y Vitoria, encuentra precedente en este rezo que los jarreros realizaban históricamente durante las fiestas de la patrona, iluminados durante la noche por «hachas de cera», recogen los documentos que obran en poder de la Cofradía de laVega. Y, muy especialmente, en la llegada de José Monroy a la capellanía del templo, porque fue el sacedorte de Haro el que propuso la adquisición de ese fondo patrimonial que conocía de las capitales aragonesa y vasca, aunque también tuviese constancia de la existencia de otro en Calatayud.

Como el maño, realizado en 1890, el riojano también es obra de la firma Quintana, en concreto de Rogelio, nieto de una saga de artesanos que encabezó Dámaso y dominó como nadie la técnica en el manejo de la 'hojadelata', las vidrieras, el grabado al ácido, el dibujo y el color.

Puso el cura la idea sobre la mesa y la cofradía la hizo suya, nombrando el 7 de abril de 1918 una comisión que integraban Donato Domingo, Víctor Fernández, Baldomero Larrea, José Elguea, Domingo Rioja, José Fernández Ollero, Emilio Ocina, Ángel Santiago y Adolfo Herrarte, y se encargó de sondear los talleres existentes y realizar el encargo.

Dos meses más tarde, el Rosario de Cristal ya estaba en la ciudad jarrera, con todos sus faroles y carrozas, listo para revista. Quedaba por delante, no obstante, el principal de los retos: hacer frente al pago, de cuya voluminosa cuantía nada concreto se sabe porque no se conserva documento que la acredite.

Sí lo hay de la apertura de cuenta en la Casa de Banca de Alberto Roig, donde se hacía el depósito donativos y hasta de la emisión de bonos de 5 pesetas para hacer frente a la deuda entre 1919 y 1921.

El empresario, entonces, del Teatro Bretón, Ciriaco Arízaga, anunció pases especiales de cinematógrafo y llegó a recaudar 617,15 pesetas. Y se organizaron rifas con los que se trataba de mitigar la cuenta, felizmente liquidada.

Curiosidades de aquellas pimeras salidas, en medio de la multitud.

Hasta los años ochenta, los faroles grandes de mano llevaban en su interior dos y hasta tres cirios. Pero a partir de entonces comenzó a hacerse uso de pilas y bombillas.

Entre 1940 y 1942, los nueve faroles grandes de los misterios de la Anunciación, Cruz, Salve y Virgen fueron pasando, de ser portados a hombros, a procesionarse en carrozas con ruedas, al tiempo que las velas que iluminaban sus vidrieras se sustituían por baterías y alumbrado eléctrico, habiéndose renovado ahora todo el conjunto que hace uso de tecnología LED.

La más llamativa de todas, la que otorga un plus de interés a este primer centenario del Rosario de la Vega. Fue también en 1918, el año en el que comenzó a procesionarse, cuando se incorporó la alimentación eléctrica al templo de la Basílica.

La Cofradía de la Madre de Dios de la Vega, título con el que fue refundada en 1851 por un grupo de vecinos, después del letargo en el que se sumió a consecuencia del proceso de Desmortización de Mendizábal, aprovecha la efemérides para presentar en los próximos días la nueva imagen del museo que muestra su fondo histórico y patrimonial, incluido como valor fundamental el propio Rosario de Faroles.

De ahí que prepare un resumen de su relato en el que aparecen el acta fundacional y los estatutos de aquel año de gracia, con firma del obispo de la Diócesis riojana, Miguel José de Irigoyen; o la primera fotografía que se incorporó a su fondo documental, una imagen que retrata la llegada a la Plaza de la Cruz, y desde la Calle de la Ventilla, de una procesión que salía en rogativa el 25 de julio de 1885 para tratar de aplacar, con la intervención de la patrona, una nueva epidemia de cólera.

No fue la ultima vez que los jarreros solicitaron públicamente su auxilio. Volvieron a hacerlo el 14 de abril de 1912, angustiados por una implacable sequía. Pero no es menos cierto que durante varios siglos, y durante los últimos cien años con brillo de cristal y juegos de luz y colores, lo han hecho para rendirle honores y hacerle llegar, al tiempo, lo que sienten desde muy dentro. Desde lo más profundo y secreto del corazón. Desde donde mana el agua más limpia.

Parece lógico, pues, que se rememore. Se echa de menos.

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