Toloño activa las Jornadas Micológicas de Haro

Duñabeitia, a la derecha, muestra uno de los ejemplares de setas encontrados durante la salida organizada por Toloño./
Duñabeitia, a la derecha, muestra uno de los ejemplares de setas encontrados durante la salida organizada por Toloño.

El ciclo arranca con una charla de Vozmediano sobre intoxicaciones y una recogida de setas y hongos

ROBERTO RIVERA

Toloño pone en marcha las Jornadas Micológicas más imprevisibles de los últimos años, vista la escasez de precipitaciones que se viene lamentando desde hace ya muchos meses y la trascendencia que el agua tiene para la aparición de setas y hongos en el medio natural. Lo hace reforzando, además, su vertiente formativa, basada en la oferta de conferencias impartidas por especialistas en la materia como Juan Cruz Vozmediano, encargado este año de centrar el mensaje sobre las ‘Intoxicaciones Micológicas’, uno de los aspectos al que mayor importancia concede la asociación jarrera por la incidencia de las contaminaciones que se producen, en aumento desde hace algún tiempo.

Tomando como punto de partida el arraigo y notable incremento que ha experimentado esta afición, el ponente asume que la inmensa mayoría de la población sabe que existen «setas excelentes y comestibles» pero también entiende que, «con el auge de la micología en la faceta que conocemos como ‘micofaga’, es necesario también concienciar a las personas que comienzan a adentrarse en este mundo porque también hay setas que nos pueden perjudicar gravemente la salud», avanzó en el arranque de su exposición.

Parece quedar claro, defendió ante el auditorio, que se hace «necesario al menos conocer las setas tóxicas más importantes, así como sus síntomas, para poder abordarlos cuanto antes mejor». En la mayor parte de las intoxicaciones mortales «el tiempo de detección es fundamental», remarcó.

Decidido con su intervención a «concienciar de que hay un peligro al que hay que tener respeto, no miedo, y que requiere un poco de sentido común y de interés por aprender lo básico», Vozmediano detalló la clasificación de los tres tipos de intoxicaciones que hay y que se definen en función del «tiempo de latencia» que transcurre hasta que se dejan sentir los primeros síntomas.

Y de esa manera hizo referencia a la incubación corta de menos de seis horas que comienza a notarse a la media hora y generalmente es de carácter leve; la incubación larga que nunca se hace patente hasta transcurridas al menos nueve o quince horas, y puede mantenerse activa durante dos semanas, con síntomas de carácter grave; y la contaminación por ingesta de esos dos grupos que ofrecería un cuadro clínico con doble sintomatología.

Como causa de la primera se conocen a día de hoy hasta trescientas especies que fueron descritas con sumo, y con respaldo de imágenes en proyección, durante el desarrollo de la conferencia, para evitar confusiones con otras comestibles.

Tal y como hizo Juan Cruz Vozmediano al hablar de los síndromes pantherínico o delirante, muscarínico o sudorífero, coprínico o cardivascular, psicotrópico o alucinógeno, de intolerancia o hemolítico que podrían sufrir quienes ingieran setas venenosas o envenenadas, junto a la intoxicación intrínseca que pueden generar al mismo tiempo los metales pesados o la radioactividad, dentro de los casos más leves.

Y de aquellos que responden a las contaminaciones más graves, como el síndrome faloidiano o hepatotóxico, gyromitriano, orellánico, nefrotóxico y rabdomiólisis, conforme detallaba Vozmediano en la exposición que sirvió de arranque a una edición de unas Jornadas Micológicas que miran ansiosas al cielo para tratar de generar un mínimo caudal de lluvia y humedad que ayude a la proliferación de las especies y garantice mayor éxito de recolección que el logrado este fin de semana en la salida programada por Toloño.

José Luis Duñabeitia volvió a ser una edición más, y en la segunda de las actividades que se han desarrollado hasta el momento, el encargado de dirigir junto a sus compañeros de la Sociedad Micológica Arbola Gane el recorrido por el entorno de la localidad jarrera que, curiosamente, permitió descubrir a los partucipantes un ejemplar de Crucibulum Laeve, una «setilla» de cinco milímetros que es conocida, popularmente, como ‘seta nido’.

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