Los sueños de Zeux Ochoa retratan Haro en video y vuelan a lomos de un dron

Espectacular captura de su video, con el perfil de la ciudad de Haro, cubierto como toda la comarca por la nieve, tomado desde el entorno de San Felices de Bilibio./E. C.
Espectacular captura de su video, con el perfil de la ciudad de Haro, cubierto como toda la comarca por la nieve, tomado desde el entorno de San Felices de Bilibio. / E. C.

Grabó la estampa de la ciudad riojalteña tras la nevada y en apenas cinco días ya sumaba alrededor de 8.000 visulizaciones

ROBERTO RIVERA

No hay límites. Ni reglas. Ni anclajes donde amarrarse. Los sueños, intuyó Zeux Ochoa hace ya algún tiempo, sólo conocen el punto de partida. Luego vuelan hacia lo más alto. «Hasta el infinito, y más allá», apuntalaría Buzz Lightyear.

Comprensible, por ello, que el último al que ha hecho tomar cuerpo este joven jarrero de veintiocho ‘primaveras’ se haya disparado primero hacia arriba, para tomar una nueva perspectiva del espacio del que arranca, y en horizontal después para hacer más llamativos los registros, tan estrechamente relacionados con las matemáticas.

Estudiante de Administración y empleado en la granja avícola Finca Casas Blancas, Zeux ha ido redireccionando todas sus inquietudes hacia varios ámbitos como el de la música, ofreciendo sesiones de ‘Dj’ en diferentes locales y espacios de la comarca; y el deporte, aunque crecer conlleva una inevitable reducción de tiempos que ha acabado engullendo sin remedio su afición al Judo, y limitando su dedicación al atletismo o al pádel.

Nada ha impedido, sin embargo, que se atreva a hacer más grande el universo en el que se mueve con los amigos de su círculo más íntimo y a sondear nuevas perspectivas de una ciudad a la que dedica su otra gran afición, el video de acción. «Me prometí a mí mismo que haría grabaciones de cómo se vive la Batalla del Vino desde la víspera de San Pedro hasta el encuentro en los Riscos de Bilibio». Y eso es lo que ha hecho durante los últimos años, explica con el juvenil desparpajo de quien se siente además a gusto «dando a conocer lo que pasa ese día en Haro», armado con una cámara ‘gopro’ que le acompaña a todos los lados por donde se mueve. Desde que estallan las peñas en la Plaza de la Paz hasta que revienta el vino en los Montes Obarenes, sin obviar en ningún caso el trajín nocturno por el callejero de La Herradura en plena madrugada.

Del éxito de sus trabajos, fiel reflejo de la frescura con que ha retratado, desde su personalísimo ‘punto de vista’, las tres últimas ediciones, hablan los números que confirman las visualizaciones que acabaron obteniendo cada una de las filmaciones en los canales de Youtube y Facebook.

Aunque es la última experiencia con la que ha agrandado un poco más su pasión por la imagen, aún reconociéndose un autodidacta que aprende desde la experiencia y el equilibrio entre acierto y error, la que ha ofrecido un registro más que sorprendente: alrededor de 8.000 personas han visto su enésimo trabajo en el estrecho margen de cinco días en las redes, unas cifras que acarició con algunos de los videos sobre la gran Batalla aunque con una audiencia potencial mucho mayor, dado la enorme atracción que genera a nivel mundial esta celebración, y en un lapso de tiempo sustancialmente inferior.

La creación que ha superado esos márgenes de impacto fue grabada, curiosamente, hace hoy una semana y responde a su firme decisión de explorar nuevos horizontes tomando siempre como punto de partida (y objetivo final) la localidad jarrera.

Dejó caer Zeux, hace algunos meses, que le encantaría tener un dron con el que poder situarse por encima del suelo que le había servido hasta hora de referencia; su novia Ivone hizo el encargo a los Reyes, que saben especialmente de las estrellas, y a los pocos días, después de tomar contacto con el dichoso trasto, el jarrero tuvo la oportunidad de realizar el primero de sus videos ‘de altura’ trasladando a la pantalla la inmaculada imagen que presentaba Haro tras el paso del temporal de nieve, despegando con su nave, curiosamente, a pocos metros de la autopista AP-68 que ésta había convertido, horas antes, en una ratonera para los ocupantes de centenares de vehículos que se vieron bloqueados al cruzarse en su trazado un camión.

A Ochoa parece motivarle menos el impacto conseguido con esa grabación, que merece la pena no perderse en ningún caso, que las enormes posibilidades que empieza a advertir con este nuevo instrumento, convencido de que se ajusta a su forma de ver las cosas y trasladarlas al resto del personal, como anillo al dedo.

El trabajo de postproducción, lo tiene bastante controlado ya. «Así que seguiremos en ello».

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