Sensaciones contradictorias en el día después del traslado de Codorníu a Haro

Sensaciones contradictorias en el día después del traslado de Codorníu a Haro

El impacto económico será mínimo a menos que la compañía traslade también a sus empleados y los políticos lamentan el contexto del traslado

DANIEL ORTIZ

Quizás por lo inesperado, la noticia del cambio de sede de Codorníu desde Cataluña hacia Haro se vivió en La Rioja como uno de los premios gordos del Sorteo de Navidad, mediada la tarde de este lunes. Sin embargo, el paso de las horas ha ido diluyendo la euforia inicial para dar paso a una alegría condicionada. Lógicamente, la llegada de una compañía del prestigio y la cartera de clientes de la bodega (hasta esta semana, al menos) catalana siempre representa una buena nueva para cualquier territorio. Pero a menos que el traslado de la sede venga acompañado de movimiento de trabajadores, el gesto se aproxima más a lo simbólico que otra cosa.

Y es que, según las fuentes consultadas por este medio, el aterrizaje de Codorníu en la Capital del Rioja, a efectos fiscales, representaría un montante anual de algo menos de dos millones de euros para las arcas regionales. No es una cantidad desdeñable, ni mucho menos, pero en términos relativos representa apenas un 0,13% del montante total recogido en los Presupuestos Generales de La Rioja para este año.

La explicación que dan estas fuentes, dignas de todo crédito y consultadas por EL CORREO, alude a que las categorías impositivas que más afectan a las grandes empresas como Codorníu –el Impuesto de Sociedades y el Impuesto sobre el Valor Añadido– son de caracter estatal. Dicho de otro modo: independientemente de donde ubique su sede, es Hacienda quien gestiona los tributos por estos conceptos para, posteriormente, distribuirlos entre las comunidades autónomas.

El traslado de la compañía se explica entonces como una maniobra para garantizar la estabilidad económica, ya que más allá del cambio de sede, el marco jurídico por el que se rige no se verá alterado independientemente de lo que suceda en Cataluña. Además, en el hipotético caso de que se declarase la independencia catalana y la Unión Europea dejase de reconocer su territorio como miembro de derecho, la empresa seguiría pudiendo operar con el Euro como divisa.

Es, por tanto, el movimiento de trabajadores lo que de verdad se dejaría notar en la economía jarrera y en la riojana, ya que tasas como el Impuesto de Actividades Económicas(IAE) o el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) sí las gestiona la Administración local pero están condicionadas al número de trabajadores de la compañía en la localidad y la superficie que ocupe en ella. En el caso del IRPF también se beneficiaría la región de forma indirecta, pero si Codorníu no varía el número de empleados en Haro (el lunes ya especificaba que no entra en sus planes) o no amplía sus instalaciones (Bodegas Bilbaínas pertenece a su grupo empresarial), el impacto del cambio de sede quedará reducido al ámbito simbólico.

Alegría incompleta

En el campo de lo institucional, tanto el Gobierno local de Haro como el autonómico se posicionaron entre la alegría por la llegada de una gran compañía a su territorio y la pesadumbre por las motivaciones de la compañía para tomar esa decisión.

La alcaldesa de la capital riojalteña señaló que «Haro es un lugar para invertir y expandirse, aunque nos da mucha pena que la motivación de la salida sea por la situación política en Cataluña», al tiempo que pedía «prudencia y calma» hasta que Codorníu detalle las características de su traslado.

Por su parte, el presidente de La Rioja manifestaba desde Chile que «es triste que se esté produciendo esta situación porque Puigdemont se empeñe en ampliar esa fractura social y económica en Cataluña».

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