El relato de Bilibio avanza, al fin

Los romeros se sentaron en la mesa de la cofradía del patrón para participar en el almuerzo./E. C.
Los romeros se sentaron en la mesa de la cofradía del patrón para participar en el almuerzo. / E. C.

Cerca de dos centenas de romeros se pertrechan para hacer frente al intenso frío de los Riscos y cumplen con el rito del ‘Paso de la Hoja’ que aplazó la nieve

ROBERTO RIVERA

Tan presente, tan cerca... Y sin embargo tan inaccesible en ocasiones. El camino a Bilibio se sabe corto y alentado por la presencia del patrón en lo más alto de sus Riscos. Pero se atraganta cuando el Norte peina los racimos que se asoman a los meandros del Ebro con el gélido filo de su hoz. Y se aparta incluso del ritmo de Haro cuando se camufla bajo el manto de la nieve que hace, muy de vez en cuando, más fértil esta tierra de fusión.

Tal vez por ello, y porque nadie recuerda que un temporal de tal magnitud se cruzase en su trazado el primer domingo del año, a la segunda convocatoria del ‘Paso de la Hoja’ se sumó el personal mucho mas decidido aún para cumplir con la romería que la amistad de unos montañeros ha convertido en tradición. Acaso porque se sabía que el relato de San Felices podría quedar inconcluso, después de la suspensión que forzó la nevada del pasado domingo y el aplazamiento decidido por la junta de su cofradía para el de ayer.

No fue un día de los que se dicen ‘grandes’, porque a la ausencia del Norte, del que protege la pantalla a la que se asoma la talla del anacoreta, le acompañó la sutil presencia de un hilillo del Sur que dejó como la mismísima seda el cutis de las dos centurias de romeros que secundaron la llamada de Naiara Hernáez. Y la presa de las nubes, bajas y espesas, sembró humedad por todo el paraje, colándose por todos los resquicios de sus vestimentas.

Pero hay impulsos que es imposible frenar y se sobreponen a todo lo que se cruza por medio. Ponga como se ponga el cielo.

Lo dejó claro el medio centenar de osados que volvieron a cumplir el pasado domingo con su promesa y se llegaron a lo más alto de Bilibio en formato atlético, para que a pesar de la tiranía de la nieve no quedase en blanco la siguiente página del libro que lee desde hace siglos San Felices. Y lo demostró, una semana después, el desarrollo de la jornada de ayer en la que la mayor parte de los romeros se echaron a la antigua carretera de Miranda para cubrir los cinco kilómetros que hacen vaivén, primero, y luego se disparan a los cielos para encumbrarse en la Ermita de Bilibio.

«Lo cierto es que, después de lo sucedido el domingo pasado», venía a reconocer la priora de San Felices, Naiara Hernáez, «no esperábamos una afluencia tan elevada». Y eso a pesar de haber librado por los pelos y quedar la comarca jarrera fuera del mapa que avanzaba la llegada de un segundo temporal que se mantuvo a las puertas de Toloño, nevado por completo. «Ha hecho mejor día de lo que esperábamos y la gente», agradecía la máxima representante de la institución religiosa que organiza la romería desde hace lustros, «ha respondido fenomenalmente».

Sigue, pues, adelante el relato lineal de la ciudad y de sus gentes, tan estrechamente vinculadas al que sigue siendo barrio de Haro y donde comenzó a tomar cuerpo la emergente figura de un santo que iluminó en ese mismo paraje a quien fue su discípulo más avanzado, San Millán de la Cogolla.

El siguiente capítulo arrancó con la marcha hacia su ermita, continuó con la eucaristía que ofició Carlos Esteban antes de ser expuesta a ‘besamanos’ la reliquia del patrón jarrero y adquirió una nueva dimensión, más humana que divina, en las campas donde el personal extendió manteles sobre mesas y recovecos para compartir el almuerzo que puso cierre al enésimo capítulo de esta novela mágica y sin fin.

Porque, como sucede en las otras dos grandes citas que convierten los Riscos de Bilibio en un escenario imprescindible para entender la identidad de los jarreros, la Batalla del Vino por San Pedro y el Primer Domingo de Septiembre, la del ‘Paso de la Hoja’, que no deja de ser sino la del Primer Domingo de Enero, también se erigió en una buena excusa para la convivencia de quienes secundaron el llamamiento de la Cofradía de San Felices, que está al frente de los tres fregados.

Y la mejor manera de hacerlo volvió a ser con riego de vino tinto, y reparto compartido de buenas viandas, desde embutidos a quesos, pasando por guisos de lomo y pimientos, y costilla y careta asadas allá mismo, sobre la lumbre que ofreció la leña recopilada poco antes. Porque con ellos, la mañana se hizo más llevadera y el frío mucho menos intenso de lo que pareció a primeras horas.

Volver después de recuperar fuerzas y de la conversación con la cuadrilla en la sobremesa, resultó coser y cantar porque el camino ya no picaba hacia arriba sino hacia abajo. Y el personal se mostraba mucho más animado. «Hasta que no subimos a los Riscos, parece que no ha empezado el año», defendían algunos en su mesa. Es la peculiar manera de celebrarlo en estos pagos.

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