Objetos perdidos almacenados en el olvido

Objetos perdidos almacenados en el olvido

Móviles, tarjetas de crédito, monederos, gafas y sobre todo llaves se amontonan en la Jefatura jarrera

ROBERTO RIVERA

La Jefatura de Policía airea los fondos más singulares y curiosos de cuantos reducen, y cada día más, el espacio vital en el que se mueven sus agentes y se alinean sus archivos, preocupada porque el ‘baúl’ que contiene los ‘objetos perdidos’ y entregados con la mejor de las intenciones por los ciudadanos crece de forma aritmética sin que se advierta en ese registro una salida proporcional, cuando menos.

Se entiende, pues, que el anuncio remitido a los medios y la imagen que exhibe todo ese material en busca de legítimo propietario no deja de ser, en realidad, sino una llamada a la colaboración de los vecinos para tratar de aliviar la situación asumida desde hace años por el departamento municipal, y oxigenar de paso los espacios de las dependencias de la Calle Santiago.

Basta con echar un vistazo a la estampa que ilustra esta crónica para sorprenderse, no porque resulte fiel reflejo de la frágil memoria de los mortales, sino porque entre los elementos que forman parte de ese listado aparecen, desde los habituales manojos de llaves que se caen u olvidan con notable facilidad, hasta teléfonos móviles que se sustancian hoy en día con la composición molecular del ser humano, tarjetas de crédito donde figuran el nombre y apellidos de su titular y ¡documentos nacionales de identidad! que detallan con absoluta claridad a quien pertenecen, con referencias explícitas a sus progenitores y su edad.

Los efectivos de la jefatura jarrera se hacen de cruces y las mismas preguntas que se plantean ahora mismo ustedes. ¿Cómo se puede perder algo tan socorrido y necesario sin echarlo en falta, sobre todo cuando se trata de la llave de un vehículo que se rebusca en el bolsillo de la chaqueta o el pantalón, o en el bolso porque de otra manera queda materialmente inmovilizado? Llegado el caso, que se da, ¿cómo no se recurre al punto de encuentro más socorrido, que acostumbra a ser la Policía Local, para reencontrarse con su monedero y la pasta que podría seguir albergando en sus pestañas? ¿Cuántas llamadas se habrán quedado sin respuesta en ese catálogo de celulares que se exponen ahora, algunos de ellos ‘smartphones’ de alta gama? ¿Cómo habrán conseguido vislumbrar el camino a seguir quienes se han dejado las gafas graduadas, más allá de las que protegen de la luz solar, por aquí o por allá?

Como quiera que atiende a tanta cuestión el silencio, pero apremia la necesidad de desprenderse de tanto cachibache, desde la Jefatura de Policía Local se ha optado por mostrar en público todo lo que se almacena, tratando de que a través de los medios se obtenga algo más de luz. Y así es como les llega esta comunicación que anima a quienes hayan perdido algo en los últimos días, semanas y hasta años a personarse en sus oficinas por si suena la flauta y merma el volumen del depósito.

Sepan, por lo demás, que la información llega envuelta en infinidad de curiosidades.

Por ejemplo. Los agentes confirman que son «numerosas» las carteras que entregan los ciudadanos y que en muchos casos se recepcionan con dinero en su interior, motivo por el cual se aplica un riguroso procedimiento en su devolución para garantizar que se hace a quien lo ha perdido por despiste.

Cuando un vecino entrega un objeto, sea cual sea, se inscribe en un registro de entrada. «Si su propietario acude a por él y se confirma que es su legítimo dueño, se registra la salida. El problema, apuntan, «es que en la mayoría de los casos no se personan preguntando por ellos», de lo que deducen que muchos de ellos pertenecen «a gente de fuera».

Eso sí. Perder, lo que es perder, se pierde de todo. Desde zapatillas deportivas hasta ropa, gafas, tarjetas de crédito, ‘carnets’ de conducir, pasaportes, tarjetas sanitarias, documentos nacionales de identidad, mochilas y, por encima de todo, llaves, decenas de llaves.

De ahí que se realice un llamamiento a los vecinos para que se acerquen a sus dependencias, en horario matinal, y comprueben si alguno de los objetos que custodian es de su propiedad, advirtiendo que «deberán acreditarlo» como Dios manda, con pelos y señales.

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