El manto de la Vega retrata el futuro de Haro

Padres y fotógrafos inmortalizan el momento bajo el camarín de la patrona de la ciudad jarrera./Donezar
Padres y fotógrafos inmortalizan el momento bajo el camarín de la patrona de la ciudad jarrera. / Donezar

Vuelve a crecer, después de varios años en retroceso, el número de niños que participaron en la fiesta de Las Candelas

ROBERTO RIVERA

En el calendario litúrgico de la Iglesia católica, la fiesta de Las Candelas constituye un rito especialmente extendido que se vincula con la presentación de Jesús en el templo y el rito de la purificación con el que cumplió María, como el resto de las mujeres de tradición judía, tras dar a luz.

Y acierta a llamarse así porque toda la ceremonia gira alrededor de un símbolo central: la llama de la candela que ilumina y limpia, una vez se comparte y extiende entre los presentes que acuden al encuentro con los nacidos a lo largo del último curso y una vela en la mano.

En Haro ha acabado adquiriendo especial arraigo porque, como sucede en las Islas Canarias, Almendralejo o Valls, la festividad ha sido asociada a tradiciones de carácter local que la han hecho, en última instancia, singular y, consecuentemente, ‘propia’. Más allá del principio común que conecta todas las celebraciones de la Candelaria, señalada para el 2 de febrero, los jarreros la consideran una cita fija en su relato vital porque, por encima de los hechos en los que parece encontrar origen la versión cristiana, en Haro se relaciona directamente con la presentación de los niños nacidos a lo largo del año ante la Virgen de la Vega y porque ésta se hace ‘pasándolos’ bajo el manto de la patrona, después de acercarlos al camarín donde se encuentra su imagen.

No resulta extraño, por ello, que en las últimas ediciones se haya asistido al paso de niños de mayor edad, adolscentes y hasta adultos, bien porque se trataba de vecinos llegados desde otras poblaciones que trataban de adaptarse a las tradiciones de su nuevo municipio, bien porque eran personas que habían descubierto con el paso del tiempo que no llegaron a ser sujetos en su día a la presentación ante la talla de la Vega, según consta en los registros de la cofradía que vela por el mantenimiento de esta tradición y de su singular versión.

Aunque, precisamente por ser una de las convocatorias que mayor aceptación tienen entre los habitantes de la capital riojalteña, que la consideran una tradición por encima de un acto eminentemente religioso, que lo es, también se ha convertido en un termómetro aproximado del crecimiento demográfico que experimenta su Padrón de Habitantes y de la evolución que podría experimentar, en el futuro, su censo.

Basta con echar un vistazo al listado de niños que han ido cumplindo con ella desde que se iniciara el recorrido por el siglo XXI, actualmente en curso.

Cuando la Basílica de la Vega abrió sus puertas el pasado viernes para acoger la celebración de la festividad de Las Candelas y asistir, a continuación, al ascenso de los niños que deseaban pasar bajo el manto de la advocación mariana junto a sus padres y familiares por la escalinata que conduce al camarín del retablo, se confirmó que en la relación aparecían en concreto 84 menores, la práctica totalidad bebés con menos de un año.

Y al mismo tiempo que el porcentaje de féminas se veía sorprendentemente superado por el de varones, ya que ellas sumaban 36 y ellos 48 en contra de lo que había venido siendo habitual en ediciones precedentes porque acostumbraba a moverse la estadística en términos de equilibrio.

Ligero incremento

Aunque lo más llamativo es el hecho de que esa cifra se sitúe ligeramente por encima de la que presentó el personal de la cofradía, que entrega un diploma que acredita su presentación ante la Virgen de la Vega, hace dos ejercicios. Y que se aleje, al mismo tiempo y de forma considerble, de los registros del año 2003, por poner un ejemplo.

En el primero de los casos, cumplieron con esta cita 66 menores. Hace quince años fueron algo más de cien, manteniéndose de esa manera en los mismos niveles de ediciones precedentes, apuntaban los responsables de la institución religiosa.

Era la tendencia que se advertía, por aquel momento, en una ciudad en franco crecimiento, cuyo censo contaba con más de 10.000 vecinos en aquel momento pero que caminaba de forma incontenible hacia la barrera de los 12.000, anunciados por el Concejo en 2007 y aceptados oficialmente por el Instituto Nacional de Estadística (INE) a finales de 2008, asignando a su padrón 12.416 habitantes, en concreto 6.619 hombres y 5.797 mujeres.

El desequilibrio que se advertía entre géneros, después de un histórico que reflejaba una igualdad constante entre unas y otros, dejaba claro que resultaba del crecimiento económico que impulsaba el sector inmobiliario y, con ello, de la llegada de mano de obra que se agrupaba en colectivos empresariales como el Grupo Portués, por ejemplo.

El desplome de la ‘burbuja’, y el regreso de buena parte de la población extranjera que se quedó fuera del mercado laboral, dejó las cosas tal y como estaban. Y Las Candelas no hicieron sino retratar ese mismo proceso evolutivo en los años siguientes.

Allá en 2009, el número de los niños que fueron presentados ante la patrona sufrió un notable descenso. Tan sustancial que llamó la atención de los miembros de la junta de la Cofradía de la Vega. Contaron entonces con la asistencia de 86 bebés, acompañados todos ellos de su correspondiente parentela y, anecdóticamente, confirmaron que había tantos varones como féminas. Eran cuarenta y tres, en uno y otro caso.

En esa línea de regresión, a nadie soprendió por ello que en 2016 el listado se redujese, finalmente, a 66 o que se moviese en márgenes parecidos aunque por debajo de esos guarismos el año pasado porque ambos datos se correspondían, de forma anticipada, con el comportamiento que acabaría mostrando el censo de habitantes a continuación.

Éste volvió a situarse de nuevo en 2012 por debajo de los 12.000, una barrera de referencia. Un año más tarde se redujo a 11.700 . Y el pasado curso ya se hablaba de poco más de 11.300, después de haberse reducido cerca de nueve puntos porcentuales en un plazo de apenas ocho años.

Entendiendo que el paso bajo el manto de la Virgen de la Vega retrata con relativa antelación lo que puede suceder, por lógica, con el Padrón, el hecho de que este año se haya advertido un incremento mínimo en el índice de participantes (84 sobre 63), hay quienes ya avanzan una más que previsible recuperación de la población en Haro.

Habrá, no obstante, que esperar para certificarlo.

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