El lugar donde adivinó la luz el poeta jarrero Conrado Santamaría

El lugar donde adivinó la luz el poeta jarrero Conrado Santamaría

EL CORREO

En cada casa mil historias, y en cada historia un libro donde poder encerrarse. En la que ya es sombra de lo que fue y mantiene apenas medio muro que ayuda a sujetar la placa que señala ‘Calle Carrión’, vivieron Julio y Victoria, y nació Conrado Santamaría, licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca, profesor de instituto en Burgos y poeta jarrero que puso firma a los poemarios ‘Cancionero de escombros con hoguera’ (2014), ‘De vivos es nuestro juego’ (2015) y, al fin, ‘La noche ardida’ que se editó en 2012, de la mano de Viento Sur, y volvió a reeditarse este año que se nos va con más versos en sus páginas y el sello personal de Ruleta Rusa Ediciones.

De él, como de tantos otros que se forjaron aquí y hacen grande a esta ciudad, poco o nada se ha dicho en el escenario del día a día que le vio nacer. Pero él sí ha ecrito. Y lo ha hecho con un poema que parece traído a cuento, ahora que ya no está la habitación donde le alumbraron en 1962.

«Esta casa cerrada tantos años/ donde el aire no corre y el aire huele a moho/ y a fermento y a estrago,/ y es el polvo la flor de la carcoma,/ y tan viciado y tan enrarecido/ está el eco en tinieblas/ de las voces que alguna vez sonaron/ que es muy duro, sangriento, el respirar./ Esta casa en derrumbe y habitada/ por el rencor sin fraude/ en cada cuarto, en cada/ hondo rincón, en cada desconchado,/ donde supura el agrio/ afán de la inocencia y su materia/ gastada por el miedo y los despojos/ de la vergüenza herida./ Esta casa sin camino ni altar/ ni tiempo ni esperanza,/ puesta en abismo en medio de este pueblo/ donde nada se cría, salvo el dócil/ estertor de la piedra y el sudario/ de la bruma en suspenso./ ¿Qué vendaval, qué noche enfurecida/ de qué próximo año,/ arrancará de golpe/ la herrumbre de los goznes/ y abatirá las tablas/ antiguas que condenan/ las puertas y ventanas? ¿Qué aire vivo/ aventará por fin el polvo muerto,/ tanta miseria indigna,/ y tanto edor de tanta podredumbre?». No hay aún respuesta.

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