Iván Ayala se convierte en amo del cielo

Los globos surcaron el cielo de Haro./E. C.
Los globos surcaron el cielo de Haro. / E. C.

El piloto jarrero se adjudica, por sexta edición consecutiva, el Campeonato de España de Aerostación en Agramunt

ROBERTO RIVERA

ván Ayala se encuentra en estado de gracia. O lo que es lo mismo, gaseoso. Vuela por encima de todo y ha acabado convirtiéndose, por ello, en propietario de los cielos a los que se asoma desde la quilla de su globo aerostático, la nave que lleva en el velamen los colores de La Rioja y ha acabado mostrando la popa a sus rivales durante las seis últimas ediciones del Campeonato de España de la especialidad, año tras año.

Lo había hecho en cinco convocatorias previas. La primera de ellas en territorio portugués, al compartir una exhibicion celebrada sobre suelo y espacio aéreo luso la condición de nacional español. Las tres siguientes, jugando en casa y, teóricamente, con el factor cancha a su favor, porque se disputaron con base en la ciudad de Haro. Y la última, la que establecía hasta el curso pasado todo un récord, porque ningún piloto español había logrado cinco entorchados (mucho menos aún de forma consecutiva), sobre territorio de Agramunt, en Lleida.

Y allí, en territorio catalán, ha acabado ampliando su leyenda porque cierra el fin de semana de competición sumando a su envidiable palmarés el sexto campeonato nacional bajo pabellón del Club Riojano de Aerostación, la entidad que preside su padre, Óscar, y que sienta sus reales en el mundo de los vuelos aerostáticos del país.

Que haya establecido semejante listón con tan sólo treinta y cuatro años de edad no hace, en todo caso, sino plantear una duda más que razonable: nadie, ni sus rivales, ni su progenitor que le enganchó a este universo de vientos, ni siquiera él, se atreven a plantear donde están sus límites. Si el cielo está plagado de infinitas autopistas que la fuerza del aire se encarga de reconstruir cada mañana, a Iván se le atribuyen condiciones más que suficientes como para lograr mucho más éxitos aún. «Se mueve en el aire con absoluta naturalidad; no se le conocen limitaciones que puedan frenar su marcha», reconocían seguros de lo que decían quienes conocen su trayectoria y su imparable progresión a los mandos del globo con el que compite.

No fue, en todo caso, fácil esta vez. Como en ediciones anteriores, la disputa del título nacional volvió a implicar en la puja final a los mismos protagonistas de convocatorias precedentes. Y, como entonces, volvieron a tenérselas tiesas, una vez más, el catalán José María Lladó y el balear Ricardo Aracil, los especialistas de los que aprendió cuando era un principiante, y el piloto jarrero que defendía el título sobre los campos de la vega ilerdense, lejos de su Haro natal.

En otras ocasiones, su liderazgo se había fraguado en las primeras pruebas del circuito, con un nivel de precisión inigualable, y sus rivales se habían visto obligados a forzar la máquina, asumiendo un margen de error que le permitió moverse con relativa tranquilidad al frente de la clasificación.

Un récord sin precedentes

Esta vez, sin embargo, «el campeonato ha estado muy disputado, desde el principio del torneo hasta el último momento», reconocía Iván Ayala que le otorgaba a este nuevo éxito mayor valor que a los cinco precedentes por esa razón. «No ha habido grandes diferencias y el título no se decidió hasta el último momento», refrendaba al cierre de la competición. De ahí que le otorgase, precisamente por ello, «mucho más valor. Lograrlo de esa manera, sabe mejor», reconocía a este medio, consciente de que ha sido la prueba más cerrada en la que se ha visto inmerso en los últimos años.

¿Qué ha cambiado en Iván Ayala, cinco años después de conseguir su primer Campeonato de España? El mejor piloto de todos los tiempos está convencido de que vuela sobre su barquilla «con mucha más tranqulidad» que entonces, y con mayor seguridad. Porque toma las decisiones «sin darle tantas vueltas a las cosas o a lo que podría suceder si hago esto o aquello».

Dirige su nave de forma «más intuitiva. Todas las decisiones que tomo», reconoce, «se basan en la experiencia y, seguramente por ello, las tomo con mucha más confianza que hace cinco años».

Fue lo que necesitó en esta ocasión para deshacerse de sus más directos rivales porque «las diferencias nunca fueron decisivas y la clasificación se mantuvo igualada en todo momento». Ytanto Lladó como Aracil apretaron de lo lindo, especialmente en las últimas pruebas que fueron las que decidieron un campeonato que es más histórico aún que el anterior.

«Hasta ahora, nadie había conseguido cinco títulos nacionales consecutivos y ése récord ya lo establecimos el año pasado» en la misma localidad leridana. «Al conseguir el sexto no cabe duda de que hemos puesto las cosas un poco más difíciles a quienes quieran batirlo», comentaba entre sonrisas el piloto jarrero que se plantea, no obstante, otras metas para los próximos meses y otorga a ese datos estadísticos una importancia «relativa» al entender que entre los tres protagonistas de esta edición, como en la de ediciones anteriores, «el triunfo se ha decidido por pocos puntos y por circunstancias muy concretas».

Agramunt pasa, pues, al archivo de la memoria e Iván Ayala empieza a hacer balance en clave de futuro porque recuerda, por encima de cualquier otro aspecto, la importancia que acaba teniendo el triunfo en el nacional de cara al Campeonato del Mundo en el que ya ha participado en ediciones anteriores.

Pone, en fin, la mirada en la localidad austriaca de Gross-Sieghaerts donde se disputará el próximo año, allá en 2008, y donde quiere explotar al máximo la evolución que sigue experimentando aún al mando de la nave en la que vuela asistido por la información que llega a través de su ordenador de a bordo y, por encima de todo, su intuición.

A fin y al cabo, es ella la que le ha permitido salir adelante en los momentos más complejos de la competición y la que le ha permitido convertirse en historia viva de la aerostación española con tan sólo treinta y cuatro años de edad.

Se le supone mayor margen de mejora pero es el propio Iván el que se pone límites en ese caso. Su objetivo, deja claro cuando se le pregunta sobre esa cuestión, pasa por seguir disfrutando de un deporte que le permite «sentir asombro» ante todo lo que vive en el cielo.

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