La Paz, historia de un desencuentro

Imagen del aspecto que mostraba la Plaza de la Paz en 1940./Colección Viela
Imagen del aspecto que mostraba la Plaza de la Paz en 1940. / Colección Viela

ACCIRA llegó a amenazar al PP con una manifestación si eliminaba los aparcamientos de la plaza en el 92

ROBERTO RIVERA

Jueves noche. La dirección local del PSOE tensa la cuerda y salta a la arena, en plena polémica por el retraso en las obras de la Paz, emitiendo un comunicado que solivianta a ACCIRA. La concentración que los comerciantes convocan en desacuerdo con la política municipal en materia del Casco Antiguo, la reconvierten en un «respaldo a la gestión del tripartito» mediante lo que los convocantes definen como un «malabarismo literario» que tergiversa y distorsiona su «reivindicación», remarcan en su manifiesto antes los autores intelectuales del escrito.

Mañana del viernes. La alcaldesa socialista, presionada por la convocatoria, alude a las causas del parón de las obras en el corazón de la ciudad. Y, cuando el periodista le pregunta si sostiene que ACCIRA no cuestionó en el 92 la reforma integral de la plaza mayor, responde categórica: «Entonces no existía. En el 92 no estaba constituida aún».

Enorme sorpresa. Aunque comprensible en este caso. Laura Rivado llegó hace poco más de seis años a la ciudad jarrera desde Santo Domingo, y cuatro después asumía la presidencia del pleno. No tenía por qué conocer lo que sucedió entonces, y mucho menos que ACCIRA se constituyó en 1981. Aunque deja entrever, en todo caso, que no fue bien asesorada sobre ese relato histórico, sobradamente conocido por los históricos de su partido.

Por encima de ese apunte de carácter anecdótico, lo que más incredulidad genera entre quienes tienen memoria histórica es, en realidad, que su comunicado echase «de menos», en un ejercicio de ironía sin precedentes, «que en las dos reformas anteriores, realizadas bajo el mandato del PP, que afectaron igualmente a la Cabalgata de Reyes y al Carnaval, (la asociación comercial) no manifestara queja alguna».

¿No?

La Plaza de la Paz se ha demostrado, desde siempre, un espacio de desencuentro en lo político y hasta en lo social. Y esa tendencia a la polémica llegó al extremo cuando Patricio Capellán anunció aquel año, el de la Olimpiada de Barcelona y la Expo de Sevilla, la reforma integral y petonalización de ese espacio público, eliminando todas las plazas que había de estacionamiento.

El PSOE que lideraba Miguel Rojas, con Javier Pérez Aguilar presente en la concentración del viernes, cuestionaron abiertamente la propuesta que eliminaba los jardines y fuentes que había por entonces y, a la vista de que nada modificaba los planes de Capellán, optaron por sugerir que se crease un parterre en la esquina que enlaza con Víctor Pradera, descartada igualmente.

Sólo ACCIRA, presidida por Luis Durá, puso al entonces alcalde del PP contra las cuerdas. El comercio se rebeló al considerar que acabaría torpedeando la actividad económica en el centro histórico y amenazó con la convocatoria de una manifestación si no se conservaban los aparcamientos que mantenía la plaza, con tráfico alrededor del Quiosco.

No llegó a celebrarse. Capellán echó un paso atrás, accedió a mantener unas plazas residuales de estacionamiento y ordenó que se iniciasen las obras. Pero aquel choque de trenes acabó pasándole factura, después de tener levantada la Paz durante varios meses. Cuando llegaron las elecciones del 95 perdió, por primera vez, la mayoría absoluta. Y él siempre entendió que fueron los comerciantes quienes resultaron decisivos al alinearse con el PR que encabezaba Baudilio Álvarez y elevaría, con 368 votos más que en el 91, a dos el número de sus concejales, uno de ellos José María Sáez, hoy miembro del equipo municipal de gobierno.

Tan convencido llegó a estar de ello que todas las actuaciones que se proyectaron después sobre la plaza acabaron condicionadas por aquel episodio.

Por ejemplo. Cuando en junio de 2011 se debatió, a instancias del socialista Pedro Rodríguez, sobre la conveniencia de peatonalizar por completo la Paz, tras la apertura del arco del Ayuntamiento que había permanecido cerrado por obras, José Ignacio Asenjo lo descartó de plano. «No sólo porque choca de frente con las reticencias mostradas por los comercios que se asientan en el entorno de la plaza mayor y el eje de la Calle de la Vega, defendidas de manera oficial y colectiva por la dirección de ACCIRA, sino porque la propia cúpula municipal cierra la puerta a esa posibilidad que sólo valoraría de lograr un amplio consenso de todos los sectores implicados», apuntaba entonces el titular del departamento local de Economía en estas mismas páginas.

Otros choques con el Concejo

El portavoz del PP no advertía «cambios sustanciales sobre las posiciones defendidas por todos ellos en 1992, año en el que se procedió a la remodelación integral de la Plaza de la Paz y se planteó la anulación de todas las plazas de estacionamiento para afrontar, a renglón seguido, la peatonalización del toda el área», seguía anotando el corresponsal de EL CORREO. «Entonces quedó claro que los comercios rechazaban esa propuesta y sólo si lo solicitasen formalmente junto a los establecimientos hosteleros y con el apoyo de los ciudadanos nos plantearíamos un cambio de planteamiento», sentenciaba el edil del PP.

No han sido, en todo caso, las únicas ocasiones en las que ACCIRA y Concejo las han tenido ‘tiesas’.

En 1998, a uno de sus históricos asociados, entonces concejal de Comercio, le dejaron con el proyecto del alumbrado navideño en las manos, después de varios ‘tiras y aflojas’, y Antonio Viela se las tuvo que arreglar, como buenamente pudo, para iluminar las calles ese curso.

En 2001 se plantó, al saber que se pretendía trasladar a otra zona de la ciudad, y defendió a ultranza el mantenimiento del Mercadillo en la Plaza Garrás, entendiendo que éste constituía «el motor principal de la actividad del casco viejo», señalaba su presidente, Eduardo Cantabrana.

En 2010 instaba al Consistorio a resolver el déficit de aparcamientos en el centro urbano sugiriendo, curiosamente, que utilizase los solares del Casco Antiguo para crear áreas de estacionamiento. Y en 2012 se negó a aprobar la reforma de la ampliación de la ‘zona azul’, instando a otorgar los quince minutos gratruitos y de regalar ‘tickets’ a quienes facturasen en los comercios de la ciudad.

Aún cuando parece surgir la tentación de desempolvar la teoría de la conspiración, todos estos hechos están recogidos en las hemerotecas.

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