Haro redescubre el legado de Paternina

El Torreón cede todos sus espacios y exhibe algunos de los fondos que el Hogar Madrede Dios conserva del insigne artista jarrero

ROBERTO RIVERA

La Fundación del Hogar Madre de Dios-Centros Benéficos Reunidos recupera, de la mano de la Consejería de Desarrollo Económico e Innovación, la figura de Enrique Paternina, un jarrero insigne y un artista de talla nacional al que se desempolvó durante la celebración de ‘La Rioja. Tierra Abierta’, ahora hace cuatro años, para convertirle en eje de la bienal durante unos meses y condenarle de nuevo al olvido, a cierre de curso.

Lo hace aprovechando la conmemoración del primer centenario de su muerte y aireando algunos de los fondos que obran en propiedad de la institución y permanecían almacenados en los pabellones del antiguo hospital que se levantó a la vera de la carretera que conduce a Zarratón el mismo año de su lamentada pérdida, sobrevenida a los cuarenta y dos años de edad y a causa de una repentina enfermedad que no llegó a superar a pesar de su juventud.

El Museo del Torreón vuelve a concentrar ese valioso capital, tan significado para los vecinos de la capital riojateña como para el mundo del arte que se rindió a su categoría en todo el territorio nacional, sobre todo por el óleo ‘La visita de la madre’ con el que obtuvo destacadas menciones en Madrid, Bilbao y Barcelona, y que cuelga desde hace años de las paredes del Museo del Prado.

Las salas que albergan la Sección de Arte Contemporáneo del Museo de La Rioja ceden todas sus paños y rincones a los trabajos que llevan la firma del pintor, y con ellos a documentos tan relevantes como el certificado que acredita su nombramiento en 1895 como miembro de la Orden de Carlos III, rubricado por el rey Alfonso XIII; el caballete que se supone utilizó en el estudio del palacio que lleva su nombre y hoy ocupa la Biblioteca Municipal; dibujos académicos que revelan su formación técnica; e, incluso, un cuadro inconcluso que se le atribuye al haberse encontrado entre sus pertenencias. También el modelo del diploma que realizó para el Concurso Nacional de Pintura que se celebró en Haro allá en 1907 y en el que participó, además, como miembro del jurado.

Esos son, según apuntó la comisaria de la muestra, Susana Baldor, los grandes alicientes de esta colección que permanecerá expuesta al público hasta el 5 de noviembre, una vez inaugurada la muestra por parte de la consejera de Desarrollo Económico e Innovación, Leonor González, que felicitó a los jarreros «por contar con figuras de tanta talla y tan reconocidos en el mundo del arte como Enrique Paternina o Lucrecia Arana, de la que celebraremos en unos días el ciento cincuenta aniversario de su nacimiento».

Con todo, la presentación de la colección, que presenta los elementos de la planta baja en un ‘fondo’ que ayuda a contextualizar en el tiempo y en el recorrido vital y artístico de Paternina todas y cada una de las creaciones que se exponen, fundamentalmente, en la segunda planta, no deja de constituir, según apuntó de forma velada la consejera del Ejecutivo regional, sino el primer paso para el desarrollo de «un proyecto mucho más ambicioso con el que poder mostrar todo su legado de forma continuada».

Desarrollo de otro proyecto

Aludía, en concreto, al plan que la institución benéfica y la Comunidad diseñan para poder reconvertir los viejos barracones del Hospital Madre de Dios en un centro expositivo donde se mostraría, de concretarse, tanto los cuadros como las propiedades personales que se conservan del artista plástico, tal y como desveló este medio semanas atrás.

Aunque la celebración de esta efemérides persigue, en gran medida, un esfuerzo por recuperar para la memoria de la ciudad a uno de sus hijos más ilustres y, como tantos otros, ignorado por sus paisanos que permitieron que se retirase su nombre del palacio donde vivió y pintó, para rebautizarlo como Bendaña, un cambio injustificado que se ha tratado de reconducir este pasado verano modificando la alocución que escuchaban los visitantes al recorrer la ciudad en el tren turístico. En ésta ya se hablaba del «Palacio de Paternina (en primera persona), también llamado de Bendaña».

No es para menos. Enrique Paternina García-Cid (Haro, 1866-1917) «gozó de fama y prestigio nacional, regional y personal durante el final del siglo XIX y principios del XX. Supo compaginar perfectamente su condición de aristócrata y caballero, perteneciente a la burguesía vitivinícola, con su pasión por el dibujo y las artes plásticas». Y en clave pictórica trabajó sobre todo el lienzo y la tabla junto con un cuidado y detallado dibujo. «La importancia de la luz y del color, tanto en el pequeño como en el gran formato, y el acercamiento e investigación de los principios de la fotografía, dotaron de un aura de cinematografía y un claroscuro romántico a la gran mayoría de sus cuadros».

Su trabajo pareció ir adaptándose a los estilos predominantes en cada época, sin abandonar nunca el realismo. Los motivos de sus lienzos abarcan los retratos, las escenas sociales, el costumbrismo y el paisaje aunque, en contacto con las vanguardias, sobre todo el Impresionismo, y la influencia de algunos autores como Zuloaga, Sorolla, Gonzalo Bilbao y Amárica, acabaron aportando matices a su pintura.

‘La visita de la madre’, posiblemente el trabajo más importante de su trayectoria, forma parte de la colección del Museo del Prado. Todo un aval a su carrera y a su categoría.

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