Haro se expresa desde el corazón

La imagen de la patrona aparece envuelta por los ramos y centros que le llevaron las instituciones, entidades y vecinos de la ciudad a lo largo del acto celebrado en los Jardines de la Vega. /R. SOLANO
La imagen de la patrona aparece envuelta por los ramos y centros que le llevaron las instituciones, entidades y vecinos de la ciudad a lo largo del acto celebrado en los Jardines de la Vega. / R. SOLANO

Paty Alonso eleva el tono más íntimo de la ofrenda de flores y del primer mosto a la patrona jarrera con la lectura del poema que ganó el concurso de piropos

ROBERTO RIVERA

A plena luz del día. A medio camino entre el fresco que sacudió la alborada y el sofoco que empezaba a intuirse a media mañana en los espacios que golpeaba, tenúe pero constante, el sol. Después de abandonar el refugio de la Basílica donde la mantienen en volandas. Puede que a su pesar. Cuando tomó tierra, otro año más, para toparse de frente con los suyos.

Fue entonces cuando se desparramó el glosario gestual que definen ritos incomprensibles a la razón porque salen de lo más profundo del corazón, sin plantearse más zarandajas ni elucubraciones sobre cuestiones de índole religioso o dogmática, ajenos a lo que divide para zambullirse en lo que compacta. Desde la diversidad.

A esas horas pasó todo. Poco antes del mediodía.

Sobre la cúspide del tino que se elevaba a la vista de los centenares de jarreros y visitantes que acudieron al primero de los actos centrales del día grande de las fiestas de la Vega, comenzaron a estamparse los racimos de uva que llegaron en canastas desde todos los pagos y rincones del municipio para llenar su panza abierta y ofrecerse generosos al paso de los pisadores que estrujaron su estructura antes de deshacerse en riachuelos de mosto.

El que se despeñó por el caño fue en realidad riada que buscó el cobijo del jarro de la ciudad antes de ser ofrecido, junto a las espigas de cebada con granos de trigo, que José Javier Ríos presentó «desde lo más profundo y sentido de nuestro corazón» con la esperanza, vino a remarcar el mayordomo de la cofradía, que la advocación mariana siga «velando por nuestras vidas, por nuestros deseos y esperanas», con la confianza de que, al mismo tiempo, muestre «el verdadero camino» a seguir.

Para entonces, en presencia del presidente de la Comunidad, José Ignacio Ceniceros; la alcaldesa de la ciudad, Laura Rivado; la presidenta del Parlamento regional, Ana Lourdes González; el delegado del Estado en la Rioja, Alberto Bretón; y diferentes representantes de concejos e instituciones de la comarca riojalteña, el auditorio que se agolpaba bajo el Quiosco de la Vega asistió a la interpretación del ‘Himno al vino’ que entonó la inmensa mayoría. Y comenzaron a desfilar, poco más tarde, los titulares de las embajadas que se acercaron a Haro desde toda la región, y aún los representantes de los colectivos de la ciudad, para resumir en un ramo, en un centro, en un manojo de flores, todo lo que se encierra dentro.

En esa espontánea manifestación de cariño y respeto se fueron deshojando por el camino gladiolos, claveles, rosas, margaritas, jazmines, lavandas, lirios y azucenas que acabaron encaramándose a las faldas de la imagen de la Vega para tejer con enorme sencillez, gracias al trabajo de las voluntarias de Los Veteranos que ejercían un año más de hilanderas, un manto plagado de colores y diferencias, enormemente rico, a los ojos de los que iban más allá de lo evidente.

Lejos de esa concepción científica se movió, en el último arreón del acto, Paty Alonso.

Sencillo, directo, imborrable, para siempre. «Yo sé, Virgen de la Vega,/ que no es esta mi faceta/ y que, por más que lo intente,/ jamás lograré expresarme/ con el arte de un poeta./Pero tengo un corazón/ jarrero, ¡de pura cepa!/Y siendo como soy de Haro,/ de los pies a la cabeza,/ me basta solo mirarte/ para tener la certeza/ de que el sentir que me inspiras/ brote por naturaleza/pues es tu mirar tan profundo./ Y es tan grande tu nobleza/ que no hay jarrero en el mundo/ al que no se le ensanche el alma/ al decir: ‘¡Virgen de la Vega!’».

La ganadora del Concurso de Piropos prescindió de libreto y asistencia escrita. Abrió los ojos y expandió el pulmón para abrir sus brazos hacia la patrona, interpretando cada tono, cada matiz, del texto. Haciéndolo entender y haciéndolo sentir al mismo tiempo. Y al personal se le partieron las palmas al verter la última sílaba de su poema, antes de dejar en manos de la Banda de Música y la Coral Polifónica que sellasen el flujo de tanto sentimiento para canalizarlo en dos temas de enorme calado para quienes se saben o consideran de la localidad jarrera, el ‘Himno a la Virgen de la Vega’ y el ‘Himno a Haro’ que cantaron casi todos.

El resoplo de ese impulso se trasladó a la ciudad que se movió en un clima de máximos y de encuentros, en las barras de los bares y en los comedores donde se agolparon familias y amigos. Fue un gran día.

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