Haro se aferra a las fiestas de su patrona

Ambiente incomparable en el arranque festivo./ R. SOLANO
Ambiente incomparable en el arranque festivo. / R. SOLANO

El disparo del cohete reúne a millar y medio de personas en una plaza que echa de menos a los escolares, en mitad de las aulas

ROBERTO RIVERA

Pues ya está. Cumplido el trámite. Haro se mete de lleno en las fiestas de la Virgen de la Vega al comprobar que el cohete largado hacia arriba por Laura Rivado y Ana María Domínguez Gago, alcaldesa y Jarrera Mayor de Haro, por ese orden de rango, tomaba altura después de la ignición del misil.

Eso sí. Tras asistir a una ambientación de discobar con música latina que precedió y sucedió al estruendo de la pólvora bajo la capa de un cielo que andaba a media luz y refrescaba la Plaza de la Paz donde costaba creer que se se hubiesen congregado los «miles» de jarreros que aseguraba, en clave eufórica, la nota oficial del Consistorio jarrero.

Con ese ritmo, y las charangas que se repartían por la superficie del lugar calladas por mandato real, al personal se le hacía dificil interpretar el clima creado para un acto tan intrínseco y arraigado con lo jarrero, sin afectar en ningún caso a la exclusión.

El vecindario andaba, como el día, algo frío. Entrecortado. Y quienes ejercen como padres de niños en edad escolar y matriculados en Primaria, lejos de allí y a la espera de que a los vástagos les diesen suelta porque, segú confirmaron fuentes del departamento autonómico de Educación, a nadie se le ocurrió solicitar desde la Administración local licencia para que las puertas de los colegios de la ciudad se abriesen a eso de las once y media, con un mínimo adelanto, y los enanos pudiesen participar del inicio oficial de las ferias de la patrona como otras veces.

Dio en congrerarse, en realidad, cerca de millar y medio de personas en el lugar. Y ante ellos, la regidora de la ciudad saludó a «jarreros y visitantes» anunciando que la ciudad se vestía de fiesta y confirmando la sospecha de que ese clima se podrá disfrutar únicamente «durante cuatro días», después de agradecer «el trabajo de la comisión de fiestas y de las asociaciones», entendiendo que era su trabajo el que permitía llegar ayer a ese momento tan esperado.

Y, después de animar a los presentes a acoger a los que llegan de otros lares para que sepan de «la alegría, carácter y costumbres» de los vecinos de Haro, y de «pedir buen tiempo a la Virgen de la Vega» a la que el concejal de Festejos aseguró en una entrevista oficial no pedir «precisamente nada», se abrió un lapso que precedió al estruendo, por fin, de las charangas y de la batucada que acabaría fijando la marcha del primero de los actos de las fiestas patronales de septiembre.

Aunque sin demasiado estruendo, la verdad. Pero sí de buen talante. Del mejor talante.

El auditorio se repartió de un lado para otro. Los más se fueron para el callejero de La Herradura y los bares de la propia plaza mayor para certificar con una ronda la apertura de las fiestas de la Vega; otros, con los pequeños y detrás de la comparsa de Gigantes, Cabezudos, gaiteros y tamboril, hacia el Parque de los Pintores Tubía y Santamaría para disfrutar del cuentacuentos de Gloria Milón; el resto de aquí para allá, completando el mapa de distribución de una localidad que mira, desde hoy mismo, hacia los Jardines de la Vega y la Basílica de la patrona, el eje central del ciclo que se estrenó a media mañana de ayer.

El paso de la Banda de Música

Más allá de lo protocolario, hubo escenas que llamaron la atención de los presentes y exigen un mínimo de reflexión.

Para perplejidad de todos ellos, poco antes de que se metiese llama al cohete, la grúa que sirve de soporte a la construcción de un edificio próximo a la Casa Consistorial tomaba del firme una plancha de enconfrado, de más de una tonelada de peso, y la hacía circular en voladizo sobre las testas del auditorio para dejarla repostar sobre la primera planta del futuro hotel.

Y cuando se fueron todos y se abrió la calzada a la Banda Municipal de Música, sepan que en la formación había tan sólo diecisiete intérpretes que seguían las directrices y la dirección de su máximo responsable. Aunque incluso en ese pequeño formato, y conscientes de que la procesión va por dentro, a los vecinos que siguieron sus pasos, en clave marcial, se les escapase un aplauso sin cero y cerrado que valía un potosí.

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