Las expertos desechan la opción de realizar una ‘doble vendimia’ para paliar las heladas

Labores de vendimia durante la última campaña, en las inmediaciones de la localidad jarrera./R. Solano
Labores de vendimia durante la última campaña, en las inmediaciones de la localidad jarrera. / R. Solano

La lluvia puede ayudar a homogeneizar la calidad de las dos brotaciones, pero es el fresco de la noche el que elevará la maduración del grano

DANIEL ORTIZ

Era un temor más que fundamentado que la helada histórica que azotó los viñedos de la Rioja Alta a finales de abril traería de cabeza a enólogos y viticultores hasta que la vendimia se dé por concluida. El estado vegetativo de las cepas, por entonces mucho más avanzado de lo habitual, abrían una ventana de esperanza que finalmente se convirtió en realidad. Buena parte de la producción se daba por perdida. Pero había tiempo suficiente para que una segunda brotación entrase en juego y ahora la mayor de las preocupaciones se centran en saber cuándo vendimiar para minimizar las brotaciones entre unos y otros racimos.

Lo inusual de esta situación –en muchas zonas de la Denominación de Origen Calificada (DOCa) Rioja no recordaban un episodio similar ni remontándose en el tiempo medio siglo atrás– ha avivado en las últimas fechas la teoría de una ‘doble vendimia’ para paliar lo máximo posible los efectos de este episodio meteorológico.

Sin embargo, dos de las voces más autorizadas en el viñedo de Rioja no se muestran seducidos por esta idea. No porque a nivel teórico no sea posible, sino porque llevarla a la práctica representa poco menos que una utopía.

A saber. La ‘doble vendimia’ no es otra cosa que discriminar sobre el terreno los racimos de la primera brotación y aquellos que brotaron con posterioridad a la helada. Los primeros se recogerían de inmediato, mientras que los segundos permanecerían en el viñedo hasta que su estado de maduración sea óptimo.

«Es extremadamente complicado llevar a cabo una ‘doble vendimia’, por no decir imposible», sentencia Julio López de Heredia, de Bodegas López de Heredia. Por un lado especifica que, «si vendimias con máquina, las máquinas no distingue entre granos». Por el otro explica que él mismo ha «pateado mucho» sus viñas y «dedicándole un buen tiempo puedo llegar discernir qué racimos coger y qué racimos dejar, pero una sola persona no puede vendimiar las 170 hectáreas de mi explotación y la gente que ayuda en la recolección, aun llevando muchos años con nosotros, no tiene la capacidad para hacer esa distinción».

Por ello, para hacer frente a las heladas de abril desde la viticultura, López de Heredia apuesta por «tener paciencia, estudiar los resultados de las muestras que tomaremos en los próximos días, ver cómo evoluciona el viñedo después de estas lluvias y, si todo es posible, darle el tiempo suficiente para que las dos maduraciones sean lo más homogéneas posible».

En definitiva, estamos en manos de la climatología de estas fechas.

Manuel Ruiz Hernández, toda una institución en el universo vitivinícola, advierte que «si llueve acabará engordando la uva y bajará la calidad, incluso con riesgo de que el grano se pudra. Pero si vienen fríos nocturnos se contraerá el grano y la calidad puede ser bastante mejor», por lo que concluye indicando que «estos veinte días siguientes van a ser decisivos para determinar la calidad de la añada».

Sin embargo, Ruiz Hernández tira de precedentes para explicar que hubo un precedente en Rioja similar al de 2017 hace tres cuartos de siglo que le cautivó por la calidad de algunos de sus vinos. «La cosecha de 1945 estuvo afectada por una helada severa y he probado vinos de ese años que son excelentes. Hice incluso todo un trabajo técnico de investigación sobre un Riscal del 45 porque lo encontré, sencillamente, insuperable».

«La virtud de Rioja radica en la heterogeneidad de sus viñedos. Cuenta con tantos recobecos que en cualquier situación puede surgir un vino excelente», subraya.

Puestos a rogarle al cielo, tanto López de Heredia como Ruiz Hernández coinciden en que lo ideal es que durante el mes que hoy empieza tengamos «días luminosos y noches frescas», que es lo habitual por estas fechas en la Rioja Alta.

Y aunque Julio López de Heredia se confiesa «más optimista ahora que días atrás», no esconde que «es difícil de creer que vayamos a salir de rositas de un episodio tan severo como el que sufrimos en abril». En cambio, se congratula de los 40 litros caídos sobre Haro el pasado miércoles y tira de refranero: «Lluvias en agosto, miel y mosto». Así sea.

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