«Aunque aún no lo he conseguido, siempre salgo a conseguir el oro»

Isabel Hernández en su cafetería./R. Solano
Isabel Hernández en su cafetería. / R. Solano

Isabel Hernáez, única representante de la hostelería jarrera en el Concurso de Pinchos, presenta un bacalao ajoarriero con jamón

ROBERTO RIVERA

sabel Hernáez se queda sola, pero inalterable al desaliento que parece cundir en el sector, visto cómo está el percal en el corazón mismo de Haro. Titular y cocinera de la Cafetería Bilibio, se ha convertido en la única apuesta de la hostelería jarrera en el Concurso de Pinchos de La Rioja. Aunque nada mina el optimismo con que vuelve a participar de la convocatoria que promueve La Rioja Capital a través del programa que estimula todos los sentidos. Y en la que llegó a obtener el reconocimiento del jurado que persigue ahora.

Lo ha hecho desde hace varios años y vuelve a hacerlo un curso más. No ha tenido «ninguna duda» al respecto. Asume la responsabilidad de defender la plaza de Haro en el espectro regional «aunque soy de Nájera», recuerda con sonrisa de por medio. Pero avalada por el cuarto de siglo que lleva en la capital riojalteña ejerciendo, queriendo y viviendo, y que le confiere con razón pasaporte de pleno derecho.

El argumento con el que afrontará este nuevo reto a lo largo del próximo mes, un bacalao ajoarriero con jamón.

Demasiado sencillo de nombrar y más difícil de explicar en su contexto culinario. «Va una cama de pimiento najerino asado. Sobre ella el bacalao desmigado con ajo y carne de choricero y guindilla. Y por encima», describe ella que es toda una eminencia en la cocina, «el crujiente de jamón con peineta hecha a base de la piel del bacalao deshidratada, y patata frita en espiral».

Reconoce que lo dio a probar a su círculo más íntimo, ése que lleva a cabo el control de calidad de producto cada vez que renueva su amplio listado de platos o bocados, y que «les gustó mucho». Y eso le deja muy tranquila porque se trata de amigos que hablan «con absoluta sinceridad». A ella, de suyo, le parece que a la vista «resulta muy atractivo» pero que «en boca está realmente rico. No sé», recuerda remontándose al día en que ensambló los ingredientes para presentarlo a los responsables del certamen culinario, antes del retrato. «La verdad es que cuando se planteó el concurso, yo ya tenía claro lo que quería hacer. Me imaginaba que esa conjunción de sabores podía ser interesante y me limité a hacer lo que tenía pensado».

Así que, sin más reparo, afronta ahora la fase final de la convocatoria en la que, más allá de la opinión del jurado, serán los propios clientes los que se encargarán de poner nota «día a día» cuando pasen por el local que regenta en la Calle de la Vega. Con todo el ánimo del mundo, a pesar de sentir «cierta pena» por la ausencia de otras candidaturas de la capital riojalteña donde, recuerda, «había una gran tradición de pinchos que se ha ido perdiendo. En algunos casos porque se han jubilado algunos de los compañeros que participaban tradicionalmente en esta cita, como Julio del Atamauri, y en otros porque se han desanimado».

Entiende, desde la «modesta opinión» que expresa «con todos los respetos», que esa tendencia a la baja puede ser consecuencia del «proceso de ralentización» que advierte, como tantos otros, en el centro histórico de Haro que «se ha convertido en un espacio al que llega más la gente de fuera que la de casa» y en el que empieza a advertir que «cada día llegan más turistas entre semana».

Le pone, en fin, buena cara a todo y deja claro con ello que no se marca límites. «Yo», viene a reconocer abiertamente Isabel, al imaginar el resultado final del concurso, «siempre salgo a por el oro aunque hasta ahora no lo he conseguido», afirma entre risas.

Quién sabe. Luchar por un sueño es el paso necesario que conduce a su consecución.

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