El IES Ciudad de Haro gradúa a los suyos

Fotos a los graduados./ DONÉZAR
Fotos a los graduados. / DONÉZAR

Cien estudiantes del centro de Secundaria despiden esta etapa con la recogida de sus diplomas en un acto repleto de símbolos

Roberto Rivera
ROBERTO RIVERA

Llega el momento de afrontar el 'paso del Rubicón', de echarle arrestos a la historia y saltar sin titubeos a las turbulentas aguas de la vida que modifica su trazado cuando se completa la primera fase del proceso de formación docente que se nos impone; cuando se sabe que es el momento de hacerse un hueco en el ámbito laboral o de integrarse en el universo académico desde las aulas de la Universidad.

Un centenar de chavales del Instituto Ciudad de Haro participaron, sobre las tablas del Teatro Bretón, de ese profundo cambio de estatus que deja en sus manos el diseño del futuro que empiezan a construir desde la conciencia del esfuerzo, les recordó de primeras el director del centro, Juan José Martín, entendiendo que éste se asume sin complejos cuando se considera parte de la lucha de los jóvenes por la materialización de sus sueños, por aquello en los que creen, por lo que les conducirá a la felicidad, el fin último de todo lo que hacemos.

Y en ese personalísimo montaje escénico, con el aforo de la sala a rebosar, acabaron convirtiéndose en los protagonistas de su propia obra ante cuatrocientas almas que representaban a quienes les han acompañado a lo largo de todos estos años de aprendizaje como alumnos de ciclos de grado y bachilleratos, y de los que se fueron acordando en cada una de las reseñas realizadas por los compañeros encargados de condensar, antes de la entrega de los diplomas de graduación a sus compañeros, el sentimiento de cada uno de los grupos que fueron pasando por sus tablas para retratarse como bloque al fin.

Porque antes de cerrar la puerta, de despedirse de la audiencia y de meterse de lleno en la búsqueda de un puesto de trabajo o en la preparación de las pruebas de acceso a la Universidad, todos y cada uno de ellos trasladaron a padres, hermanos, compañeros y, sobre todo, profesores y tutores, el sincero agradecimiento que profesaban al completar esta nueva etapa por haberles tenido ahí cerca, apuntaron en el transcurso del acto. Especialmente cuando se requería su apoyo para volver a levantarse en los peores momentos de estos largos e intensos años, reconocieron abiertamente.

La figura elegida por el claustro del centro para establecer en esta ocasión una referencia práctica de cómo se las gasta lo que está por venir, Álvaro Urbina, escritor alavés de 27 años y autor de dos novelas, 'La Mujer del Reloj' y 'La Sinfonía del Tiempo' que figuran entre las más vendidas y llevan la rúbrica de alguien que entendió, en un momento dado, dónde le llevaba el impulso social y el instinto de supervivencia, hacia la carrera de arquitectura, y hacia donde le acabaría llevando el corazón, hacia la literatura que reconoce su verdadera pasión, «aparcada durante algunos años en un cajón».

Llegar a esa conclusión no fue fácil, aseguró a los chavales. A lo largo de su vida dijo haber sido «valiente» dos días, «dos días de cerca de diez mil». Fue, no obstante, suficiente para reencontrarse consigo mismo y dar un giro de ciento ochenta grados que le ayuda a sentirse ahora «realmente feliz», reiteró al cierre de su intervención en el acto protocolario.

Todo lo demás no fue sino un glosario de recortes de guiños plásticos y visuales que devolvieron por unos segundos a la ciudad jarrera a compañeros del instituto con prácticas Erasmus por Italia e Inglaterra, y la estampa que los graduados ofrecían al comenzar en cada uno de sus colegios un ciclo de formación que completa ahora una etapa vital, porque despiden los ciclos de grados medios y superiores de Administración y Electrónica, o los bachilleratos de Humanidades, Ciencias y Artes, para completar la Enseñanza Secundaria y poner rumbo a la superior o al mercado de trabajo.

Entre medias de ese interminable desfile de apuestas por un futuro mejor, alocuciones que recordaban las situaciones que han vivido todos los alumnos del centro jarrero a lo largo de todos estos años, en ocasiones divertidas, en otras algo más disparatadas. Y reseñas a las manías de los educandos, que la matrícula se lleva en el zurrón de los buenos recuerdos. Y apuestas por la amistad que, aseguraban, quedará por encima de todo lo que dejan entre las paredes del instituto.

El acto que puso broche final a la puesta de largo de esta nueva promoción, arrancó con la actuación de Iván Amelibia, Manuel Valbuena, Rebeca Ponce y Lucía e Iñaki Pérez, componentes del cuarteto de viento y piano que ayudó a templar los nervios apenas se abrió el telón del municipal. Y pareció concluir con la interpretación que Irene Rivera hacía del tema de Julia Michaels 'Issues' (Situaciones). Porque a nadie se le escapa que éste no es sino un capítulo más de una bella historia.

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