En busca de los vinos del César

En busca de los vinos del César

Vivanco investiga el ADN de semillas de vid halladas en un yacimiento de Rioja para conocer las variedades que se cultivaban hace 2.000 años

Daniel Ortiz
DANIEL ORTIZ

Mucho ha cambiado el mundo desde el siglo I antes de Cristo hasta nuestros días. Nada tiene que ver la forma de entender la vida entonces con la concepción del hombre y el universo que tenemos en la época contemporánea. Y sin embargo, el vino se situaba en el centro de la cultura gastronómica entonces y ahora –más que nunca– sigue ocupando ese lugar privilegiado en un territorio como el de la Denominación de Origen Calificada (DOCa) Rioja.

Convencida del respeto que merece el pasado –que además, quién sabe, puede ocultar algún que otro secreto provechoso para nuestros días–, la Fundación Vivanco se ha propuesto rescatar los vinos de Rioja de hace dos milenios. Y va en serio.

Tal que encontrar alguna botella bien conservada desde entonces se antoja casi milagroso, la institución vitivinícola de Briones ha recurrido a la más alta tecnología para saberlo todo del vino que se producía en Rioja durante la ocupación romana. La fundación buscará esas respuestas en el código genético de las semillas de vid localizadas en la excavación arqueológica del yacimiento del Cerro de San Bartolomé de la Noguera, descubierto gracias al azar en uno de los viñedos de la familia Vivanco en el término municipal de Tudelilla (Rioja Oriental).

La célebre bodega de Briones no viaja sola en este crucero por la historia profunda del vino. El apoyo científico y técnico corre de la cuenta del Instituto de Ciencias de la Vid y el Vino (ICVV), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universidad de La Rioja; el Gobierno de La Rioja, que subvenciona parte del proyecto, y la Universidad de Manchester.

Retos y certezas

Aunando esfuerzos, estas instituciones tratan de ‘arrancarle’ toda la información posible a las semillas mejor conservadas del yacimiento, declarado Bien de Interés Cultural por ser considerado como zona arqueológica de excepcional valor para el Patrimonio Cultural de La Rioja. Aun así, el reto es mayúsculo, ya que la mayor parte de esas simientes presentan distintos estados de carbonización.

Las semillas ya se encuentran en el Manchester Institute Biotechnology, donde a lo largo de este mes intentarán recuperar las dosis necesarias de ADN para poder emular los frutos que dieron lugar a aquellos vinos, si bien habrá que aguardar hasta el próximo mes de abril para conocer el éxito o el fracaso de la misión.

Respecto a los misterios ya desvelados por los resto del Cerro de San Bartolomé de la Noguera, todos los indicios apuntan a que en el primer siglo antes de Cristo el entorno geográfico de Rioja ya albergaba una intensa actividad agrícola y vitivinícola. Más allá de eso, de superar con éxito las pruebas a las que están siendo sometidas las pepitas de Tudelilla, los historiadores creen que se podrían conocer con mayor precisión las migraciones que se desarrollaron desde la caída del Imperio Romano y las dos posibles fuentes de importación de variedades de vid durante la Edad Media: una a través del Camino de Santiago y otra procedente del norte de África, procedente de la invasión musulmana de la península.

Además, los expertos creen que «la extracción de ADN en cantidad suficiente aportaría luz no solo sobre la procedencia de las vides, sino con otras características como el color de las uvas, el tipo de variedad o el tamaño de la baya y el racimo».

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos