Las Bezaras pone el mundo en las manos

Todo está realizado al mínimo detalle. /R. Solano
Todo está realizado al mínimo detalle. / R. Solano

La Asociación de Miniaturistas sorprende a los adultos y despierta la curiosidad de los pequeños con la exposición que descubre ‘La Magia de los pequeños detalles’

ROBERTO RIVERA

cultura Fundación Caja Rioja-Bankia, pone en valor los pequeños detalles, esos que por la urgencia de la sociedad en la que nos movemos pasan desapercibidos por completo, y reivindica al mismo tiempo el decisivo papel que desempeñan quienes trabajan lo pequeño para convertirlo en gigantesco.

Nada más mejor, por ello, que meterse en la piel de la chavalería que gotea ininterrumpidamente por la galería jarrera para disfrutar como enanos de la exposición de casas de muñecas que permanecerá abierta al público hasta el 5 de enero. Porque de su mano es sencillo entender esa extraña reinterpretación de las medidas métricas y decimales que, vendría a sostener Einstein al introducir el parámetro tiempo en la retina, resultan siempre relativas.

A sus ojos, que esa inagotable curiosidad que les aporta energía abre como platos, no se escapa nada. Acaso porque, lejos de mirar como hacemos los adultos, se imitan a ver. Y en ese ejercicio, tan inocente y fresco, advierten el valor de lo que creemos ínfimo.

Se asoman a los dibujos que adornan las diminutas cajas donde se guardan, perfectamente plegadas, los juegos de toallas que borda la costurera; los requiebros y las filigranas del mobiliario encerrado en cada una de las casitas que se muestran con puertas abiertas; en la complejidad que se advierte en el cosido de las cortinas, las colchas de las camas, los tapetes de las mesas y los juguetes, ¡tan chiquitos porque son de niños tan chiquitos como un dedal!, que aparecen desordenados por la habitación; en el sosiego que transmite la abuela sobre la mecedora de ‘La chabisque’; en la variedad de los tocados y sombreros que lucen las damas en ‘La peluquería de Eva’; en la abigarrada pero equilibrada distribución de ‘Villa Ana’; en el riguoso orden y respeto que se advierte en los alumnos apostados sobre los pupitres integrales de la ‘Escuela Mixta El Juncal’; y en cada rincón del espectacular burdel de estilo francés ‘L’Escargot Rouge’ (El Caracol Rojo) que centra la imagen de la sala y fue realizado por su autor con elementos inverosímiles. Desde partes de pendientes, palos de pinchos morunos, tornillos, adornos de Navidad, yablerillo forrado de ‘aeroflix’, rulos de cartón de calculadora y estaño, bolos de juegos de niño hasta cuentas de collar.

No pasan por alto ni la presencia de Pinocho y Geppetto en el umbral de la ‘Carpintería Alsu’ donde fue creado el chico más mentiroso y más arrepentido, al mismo tiempo, de aquellos tiempos en los que un cuento era, por encima de cualquier otra cuestión, un cuento. Con moraleja.

La estructura de un invernadero con formato de pajarera, la estampa de una crío perdido que espera la llegada de los suyos en el arcén de la carretera, el interior de una camisería, la habitación de Andrés con su cuna de ‘vaivén’ vacía, la casa de mamá, el Bar Pistolo, el refugio, la pastelería ‘Le Petit Bretagne’ y el complejo de casas que parecen formar manzana en el tramo inicial de la exposición completan el listado de recreaciones a escala que han convertido ésta en una de las colecciones más diminutas de cuantas han pasado por la sala de Las Bezaras, y de las que mayor interés han acabado suscitando entre el público.

Todo, en ocasiones, en inversamente proporcional a la lógica.

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