El Correo

Haro arma a la siguiente generación de ‘boteros’

Una madre se defiende ante un chiquillo en la feroz Batalla librada ayer junto al Tirón.
Una madre se defiende ante un chiquillo en la feroz Batalla librada ayer junto al Tirón. / DONEZAR / R. SOLANO
  • La Batalla Infantil se confirma un año más el resultado de una genialidad; centenares de chavales hacen de ella toda una fiesta

Las nubes y alguna que otra gota hicieron temer lo peor a los romeros que, a pocos minutos de las diez de la mañana, aguardaban la tradicional bajada a la ribera del Tirón, con la que se da inicio al evento más esperado por la juventud jarrera. Pero a medida que pasaron los minutos, la preocupación se disipó ya que, como si de un milagro se tratara, la Batalla del Vino infantil trajo, además de inocencia y diversión, un sol radiante que brilló durante toda la mañana.

El reloj del Ayuntamiento marcó el inicio y los niños y adultos, que aguardaban ataviados con la típica indumentaria blanquirroja, se fueron para la contienda. Con las primeras notas musicales de las charangas, multitud de romeros y ‘romeritos’, precedidos por los tres jarreros infantiles, iniciaban la marcha hacia el recinto de El Ferial.

Pequeños de todas las edades, acompañados por familiares y amigos, afrontaban bota en mano el descenso por la Calle Navarra para aterrizar de lleno en el campo de batalla y dar rienda suelta a la diversión.

Con uniforme y arma reglamentaria preparada, los absolutos protagonistas de la mañana contemplaron bajo las choperas de El Ferial la tradicional ofrenda al patrón en la que, tras ataviar al santo con el pañuelo de las fiestas y depositar a sus pies el ramo de flores portado por los jarreros infantiles, dio comienzo la contienda.

Las botas se desbocaron de inmediato, dejando salir el tesoro más codiciado de esta tierra. El ‘Rioja’ brotó de los odres para refrescar a los cientos de pequeños y mayores que abarrotaban las orillas del Tirón, tiñendo la blanca indumentaria de un granate que cubrió a todos con la esencia más pura de La Rioja.

Carreras, saltos, ataques por sorpresa, persecuciones y alguna que otra huida hicieron que la campa se convirtiera en un auténtico zafarrancho del que nadie pudo escabullirse, ni siquiera la Jarrera Infantil, Érika Martínez, que confesó haberse convertido en el principal objetivo de las botas de los romeros. «Todos iban a por mí este año», relató empapada entre risas. Disparaba a discreción también el Jarrero Infantil, Álvaro Gómez, a quien contemplaba desde lo alto su abuela, en compañía de su hermano que destacó la «gran animación» de la cita infantil durante estas fiestas.

Risas, gritos, y algún que otro llanto de los más pequeños se escucharon durante la mini batalla en la que algunos confesaron sin reparo alguno que «los mayores se lo pasan mejor que los pequeños».

A la cita acudió uno de los habituales en estas fiestas, José Ruiz ‘El Feo’. «Hoy vengo a disfrutar de la vida. Ahora voy a salir delante de las charangas, como todos los años», decía el más veterano de La Herradura con un engalanado paraguas para protegerse del ataque de los pequeños guerreros en la mano.

Tras más de una hora de batalla, los niños, impregnados de vino de la cabeza a los pies, recibieron su recompensa, un almuerzo para recobrar fuerzas y seguir adelante con la fiesta. Largas colas se formaron para recibir, a la entrada del recinto, vasos de chocolate caliente con bizcochos, bocadillos, refrescos y vino para los mayores.

Con el estómago lleno y las ropas tintadas, los romeros retomaron el rumbo a la Plaza de la Paz, donde dieron las vueltas, bailaron al son de las charangas y se dirigieron a la Herradura para concluir con el tradicional encierro de toros de cartón que irrumpieron en la Plaza San Martin embistiendo a todo aquel que estuviera por delante, dando fin a la fiesta más joven, toda una fiesta.

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