El Correo

El bodeguero Isaac Muga recibirá el próximo premio San Isidro de Haro

Isacín Muga posa junto a una pila de barricas en uno de los calados de su bodega, asentada en el Barrio de la Estación de Haro.
Isacín Muga posa junto a una pila de barricas en uno de los calados de su bodega, asentada en el Barrio de la Estación de Haro. / E. C.
  • El Consejo Sectorial Agrario reconoce su intensa labor a favordel ámbito agrario, compartida con su proyecto empresarial

Isaac Muga Caño, ‘Isacín’, hace más grande aún el proyecto de Bodegas Muga, esbozado en la Calle Mayor y en términos de sencillez por su padre Isaac a mediados del siglo XX, y reconvertido, sesenta años después, en un sello de calidad asentado con el paso del tiempo, y gracias al esfuerzo de toda una familia, en más de setenta países de todo el orbe que se identifica con una sola letra mayúscula.

El Consejo Sectorial Agrario, el órgano consultivo que agrupa a todas las instituciones jarreras de ese ámbito, decidió reconocer el trabajo que ha desarrollado a lo largo de toda su vida, en el mundo de la agricultura, como referente de la firma del Barrio de la Estación. Recibirá, a mediados del presente mes de mayo, el Premio San Isidro, sumándose de esa manera a una lista interminable en la que aparecen, sin distinción ni rango, gentes que han mostrado una pasión incuestionable por el campo de la comarca jarrera; por la tierra, sin nombres ni apellidos. Y, en consecuencia, tomará entonces el testigo de Francisco Bastida que lo recibió el año pasado.

La elección, refrendada por el órgano municipal, concede el máximo protagonismo a un bodeguero fajado a lo largo de toda su vida, capaz de renunciar a la tentación del fútbol de élite con el que jugueteó de joven en las filas del Real Valladolid, y decidido a hacer más largo aún el recorrido que habían diseñado sus padres para elaborar vinos de Rioja, asentando sus reales en la capital riojalteña.

Prado Enea, hoy emblema del gran reserva que define la concepción enológica de la bodega levantada sobre esa finca que coqueteaba con el trazado de la línea férrea, es hoy la base de operaciones de Isacín, que sigue ejerciendo magisterio entre sus hijos y sobrinos, encargados de prolongar el recorrido de una aventura empresaria que ha crecido de forma aritmética sin perder de vista la importancia de la viña como base de todo lo que se consigue a base de paciencia.

Isacín carga con setenta y seis años de historia, presume de los tres hijos que engendró con su esposa María Vega (Jorge, Eva e Isaac), imprime en cada uno de ellos el amor al vino de la ciudad que siguen alimentando los dos chicos dentro del entramado técnico de la empresa, y está para lo que le pidan éstos y los sobrinos que le recuerdan día a día a Manolo, el hermano del que parecía inseparable pero que se tuvo que ir porque la vida que se nos ha dado llega a cada uno con fecha de caducidad y ésta nos parece siempre excesivamente temprana y a destiempo.

Su hermana Isabel, que creció entre uno y otro, lo recuerda también en el espacio que Muga dedica a los clientes. Día a día.

Las cifras de la bodega, asentada en el enclave histórico de la ciudad, no parecen hacer mella en las costumbres de quien será proclamado la próxima semana Premio San Isidro con infinidad de motivos para ello en el zurrón. En sus naves y calados se organiza el dispositivo que permite colocar en los mercados, de un tiempo a esta parte más en los exteriores que en el interior, desde un millón y medio hasta dos millones de botellas, muchas de ellas en un sinfín de países repartidos por toda la geografía mundial.

Pero él, Isaac Muga Caño, sigue respondiendo a su cita con la calle para ver qué se cuece en el mundo de los mortales y entre sus amigos, compartiendo conversación y debate con vino, cuando no ‘manchado’. Sigue, se demuestra a cada paso, con los pies en la tierra que le suma, cuando se consume el año, un ejercicio más. Cumple el 31 de diciembre, al tiempo que consumen los días del curso.

Una curiosidad más en alguien que ha hecho de su casa, de la bodega, un espacio abierto a quien se acerca, venga de donde venga.

De ahí, y de la tierra, el premio.

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