El Correo

Festejos traslada las atracciones de feria a la Calle Mazo y una finca sin urbanizar

A final de la tarde tomaban cuerpo algunas de las atracciones sobre una parcela con pivotes de hormigón, enganches de acero y canto rodado, tras la reunión mantenida a ‘pie de calle’ por el técnico municipal con los feriantes.
A final de la tarde tomaban cuerpo algunas de las atracciones sobre una parcela con pivotes de hormigón, enganches de acero y canto rodado, tras la reunión mantenida a ‘pie de calle’ por el técnico municipal con los feriantes. / R. SOLANO
  • El Concejo impone a los feriantes la instalación de sus barracas en esa localización a pesar del rechazo de los vecinos y los profesionales que «asumen» su decisión

El área de Festejos cambia de planes sobre la marcha, vuelve a modificar por tercera vez en lo que va de legislatura el formato del recinto que aglutinará las atracciones de feria durante la Semana Santa y provoca el rechazo de vecinos y profesionales aunque éstos, explicaron de forma anónima a este medio, optan por «asumir y acatar» la imposición del Consistorio jarrero porque están «deseando montar y poner en marcha las máquinas cuanto antes», después de un periodo de vacaciones que, en su caso, se hace «muy largo» porque en parada sólo soportan gastos.

El giro de la unidad, gestionado a lo largo de la mañana de ayer por el director de Cultura y un colaborador de la Administración local desde las once y media de la mañana hasta bien pasadas las dos de la tarde, acabó convirtiéndose en un auténtico estrambote que se escenificó, a pie de calle, ante la atónita mirada de los viandantes que transitaban por la zona.

La feria, tal y como se ha conocido a lo largo de los últimos años, se modifica de forma sustancial y roza lo absurdo al haber experimentado un crecimiento sustancial en esta ocasión, debido a la incorporación de media docena más de ofertas, y no disponer en la ubicación inicialmente elegida con suficiente superficie como para dar cabida a todas las atracciones previstas.

A finales de la pasada semana, el funcionario y el voluntario del Concejo en cuestión marcaban con ‘spray’ las posiciones de las barracas sobre el aparcamiento localizado frente a las piscinas climatizadas de El Mazo, el lugar donde se han ubicado a lo largo de las últimas temporadas, sin que determinase el reparto de los espacios ningún técnico de la Unidad de Obras ni personal de la Brigada, como se hacía en su momento.

Ayer se comunicaba, sin embargo, a los profesionales que sus atracciones pasaban a ubicarse, sin conocimiento previo, al tramo final de la Calle Mazo, arteria situada junto al parque público del mismo nombre, y que algunas de ellas deberían ocupar el interior de una finca privada que se encuentra sin urbanizar y presenta, además, notables desniveles con respecto a la cota de la propia arteria pública.

La reacción inicial fue unánime y frontal, apuntaron testigos presenciales de lo que se vivía a media mañana en la zona. Pero, según apuntaron después algunos de los feriantes que acudieron al reparto de las parcelas, no hubo opción alguna. Y al final todos aceptaron ajustarse a las determinaciones marcadas por el empleado municipal sin que, hasta ese momento, tuviese conocimiento alguno la Jefatura de Policía Local, aún sabiendo que la medida conllevaba, inexcusablemente, el cierre al tráfico de la calle desde Federico García Lorca hasta Severo Ochoa, según dejaron entrever algunos de los afectados por la medida y confirmaron, al mismo tiempo, fuentes del departamento policial a este medio.

Al parecer, ninguno de los argumentos esgrimidos por los titulares de las atracciones que se acabarán instalando a lo largo de la Semana Santa sirvieron para modificar lo más mínimo el criterio marcado por los representantes del Consistorio. Y éstos, a trancas y barrancas, y con gesto de disgusto, acabaron asistiendo a una reunión que se celebró a pie de calle y en mitad de la arteria, a pesar de estar abierta a la circulación.

Si se advertía cierto gesto de contrariedad entre los feriantes, entre el vecindario se percibía un elevado grado de reprobación que algunos manifestaban de forma pública. «¿Pero a quién se le ha ocurrido este despropósito?», planteaban abiertamente al constatar la presencia del periodista hablando con los propietarios de las barracas, a los que se llevaban en grupo de un lado a otro de la calle, y haciendo fotos de la reunión.

Más allá del rechazo que podría generar la decisión del área de Festejos entre los propietarios de los bloques más próximos a la nueva ubicación de la feria, que en pocos años ha pasado de estar en El Ferial, donde no parecía molestar a nadie, a las proximidades del estanque de El Mazo y el aparcamiento de las piscinas climatizadas, primero con la calle abierta, después con ese tramo de arteria cerrado al paso de vehículos, lo cierto es que la ubicación de la pista de ‘autos de choque’ en la parcela de Reyal Urbis donde se promocionó una urbanización que pasó a mejor vida y dejó un solar sin cerramiento, concita todo tipo de críticas por su propia naturaleza y el estado en que se encuentra.

En el solar, que ni siquiera es de propiedad municipal aunque el Ayuntamiento deberíahacerse cargo de todo aquello que pudiera suceder como responsable patrimonial al ser utilizado para una actividad pública, se advierte una inestabilidad del terreno más que preocupante, al haber sido rellenado el hueco que se abrió para la construcción de los aparcamientos de la urbanización tras la llegada de la ‘crisis del ladrillo’.

Pero sobre todo se hace patente la presencia de elementos constructivos que furon utilizados para la colocación de soportes promocionales que dejaron, en herencia y sin protección para quienes circulan por la zona, pivotes de hormigón en los que afloran engaches de acero de grandes dimensiones. Y, a su lado, montones de canto rodado sobre los que deberán transitar a lo largo de las dos próximas semanas los usuarios de las atracciones a las que ha tocado en desgracia situarse allí y comenzaban a instalar sus plataformas a última hora de la tarde de ayer.

Las miradas de quienes circulaban por la zona eran de sorpresa. «Éste no es un terreno practicable, ¿no?». Ciertamente, no lo parece.

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