Dos relojes solares con una reflexión

Los relojes de la parroquia San Andrés cuentan con una inscripción que habla de lo efímero del tiempo. / MIKEL ASKASIBAR

Los de la parroquia de San Andrés tienen la curiosa frase ‘Dudosa para todos y última para muchos’

AINHOA GARCÍA MALLO

Antiguamente no existían los relojes tal y como se conocen actualmente. La población de siglos atrás utilizaba los relojes de sol para calcular la hora y el momento del día. Más tarde después, se fabricaron los primeros relojes automáticos con números que marcaban el tiempo, el minutero y los segundos. Tan fue así que a día de hoy se puede ver alguna estructura religiosa que conserva los relojes solares : verticales, horizontales, ovalados y de diversas formas. Muchos de ellos han desaparecido, otros se encuentran en mal estado, pero en España todavía se conservan 3.000 relojes de sol.

No hay que ir muy lejos para encontrarse uno. En Eibar existen dos, bien grandes. Se encuentran en uno de los laterales de la iglesia de San Andrés, aunque muchos desconocerán su existencia y para otros muchos pasa desapercibido totalmente.

Aunque a día de hoy no son necesarias sus funciones, siguen trabajando sobre todo cuando el sol da de pleno en ellos, siendo testigo del paso de tiempo.

Los dos relojes están situados al sur de una de las paredes de piedras de la iglesia construida en los siglos XVI-XVII, colocados en diferentes alturas. Con el paso del tiempo, el espacio donde se encuentran los relojes ha ido cambiando. Actualmente, la sombra de las casas que están alrededor y los altos árboles que rodean el recinto religioso impiden que se vean en su totalidad. Uno de los elementos más curiosos es la frase en latín que acompaña a los relojes. Gracias a un trabajo escrito por Toribio Etxebarria(1887-1968) se conoce que a los dos relojes eibarreses les acompaña una frase en latín: ‘Omnibus dubia, ultima mutis’ -en castellano- ‘Dudosa para todos, para muchos la última’.

También en un trabajo de Pedro J. Novella, ‘Relojes de sol de Guipúzcoa’, se describen los relojes de sol del territorio, entre ellos los de Eibar. El autor en su obra señala que «muchos de aquellos relojes fueron dibujados en 1600», pero no especifica si los dos de Eibar también fueron hechos en aquel año. Aunque basándose en la tipografía, bien podría decirse que los relojes son de principios del siglo XVII, pero esto no está cien por cien confirmado.

Los dos relojes de la iglesia de San Andrés son verticales, muy parecidos. Ambos están grabados y pintados de negro sobre el fondo blanco de la pared, los polos desplazados hacia la izquierda, con las horas en números romanos, semicírculos que sostienen los dos apoyos en ‘Y’.

Polo desplazado

En los dos relojes de sol se ha desplazado el polo hacia la izquierda. «Característica lógica si los relojes se declinaran a poniente, pero que no tiene sentido en una traza a mediodía», asegura Novella en su trabajo. Esto llevó a pensar que uno de los dos relojes se hizo equivocadamente, por ello la construcción del segundo, «pero no hubo error puesto que los dos son iguales», dice Novella.

En una de las cartas que Santiago Arizmendiarrieta escribió a su amigo y escritor Toribio Etxebarria, recuerda la frase en latín que aparece bajo los dos relojes: «A la salida del cine, con mi esposa, le vimos en la feria de libros y discos vascos -en Unzaga-- y le pregunté cómo se decía en la latín ‘Dudosa para todos y última para muchos’ del que habla usted en su ‘Viaje por el país de los recuerdos’. Me dijo que latín estudiaban poco, pero que preguntaría al párroco don Miguel Lasa, pero él desconocía la existencia de este letrerito», contestaba Toribio Etxebarria en su carta de contestación a Arizmendiarrieta.

Al escritor, que nació en la calle Txirio Kale y pudo conocer estos mecanismos solares desde su infancia, ya le llamó la atención dicha frase haciendo un comentario en el libro ‘Viajes por el país de los recuerdos’, escrito, en su exilio en Venezuela, en 1949.

En ella se hace referencia a los relojes de la iglesia de San Andrés, resolviendo todas las dudas que hasta la fecha había sobre ellos.

El epígrafe ‘Omnibus dubia, ultima mutis’ advierte «de lo precario de nuestra existencia sobre la tierra, donde cada hora que apunta el reloj es dudosa para todos y la última para muchos. Subraya la preciosidad del tiempo irreversible, en el que cada minuto es único y, por tanto, la ocasión también, única que se pierde, si es que no la ganamos viviéndola para las cosas eternas», asegura Etxebarria en una de sus obras maestras.

Unos años después, alrededor de 1964, Etxebarria recoge lo siguiente en su obra ‘Flexiones verbales y Lexicón del euskera dialectal de Eibar’: «En Eibar, bajo el reloj de sol de la iglesia, había unas letras que decían esta verdad: ‘Dudosa para todos (la hora), para muchos la última’». Tres años después, en 1967, Etxeberria publicó su obra de versos en euskera, ‘Ibiltxaritxanak. Arrate’tikuen izketango alegiñak’, en donde hace, una vez más, referencia a los relojes de sol.

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