Cien menores saharauis curados

La Casa de Acogida de Ermua ha conseguido la mejora médica de alrededor de un centenar de niños y niñas procedentes de los campos de refugiados

AINHOA LASUEN

En torno a 100 intervenciones médicas de niños y niñas saharauis en alrededor de 15 años justifican, más que sobradamente, la existencia de la Casa de Acogida de Ermua. Su misión es la de conseguir que la población infantil que vive en los campos de refugiados del Sáhara, con afecciones médicas que no pueden ser tratadas allí y que aquí son corregidas con relativa facilidad, retornen, curados, con sus familias.

La Asociación local de Amigos del Pueblo Saharaui, con la colaboración del Ayuntamiento de Ermua, Osakidetza y el voluntariado ermuarra, trabajan juntos para lograr este objetivo.

Desde el año 2000, con un parón de 2 años por problemas administrativos ajenos al pueblo de Ermua, a la casa de acogida local han acudido niños y niñas con dolencias de corazón, leves y graves, malformaciones, cataratas, problemas de riñón, de oido, etcétera. Muchos de estos problemas médicos resultan insalvables en los centros médicos de los campos de refugiados, pero son inconvenientes solucionables con los servicios médicos de Euskadi «y sobre todo, con el trato y profesionalidad de los servicios de pediatría y cardiología de Cruces, que son de lo mejor del mundo», añaden las personas responsables de la casa.

Nasruha y Moila, de 11 años de edad, son ahora las habitantes de esta vivienda local, que comparten con su cuidadora ermuarra y saharaui, Jadi, que ya lleva más de 14 años realizando estas tareas en Ermua. Su labor es la de cuidar y acompañar a sus visitas médicas a los habitantes temporales que se encuentran en la casa. Con una ventaja, ella ha vivido toda su niñez y juventud en los campos de refugiados de los que proceden estos chavales y conoce la situación «porque a los 7 años yo pensaba que no había otros colores en el mundo que los del desierto (el gris y el arena) y sé lo que viven en un campo de refugiados, donde no hay futuro», explica Jadi, apostando porque su pueblo pueda volver a la tierra de donde fueron expulsados por el gobierno marroquí hace más de 40 años. Es algo en lo que insisten desde la asociación local de Amigos del Pueblo Saharaui. «Todo es cuestión de voluntad política».

«La ayuda económica es importante, pero los lazos y la relación afectiva, saber que alguien se preocupa por ellos, es muy importante para este pueblo, ya que de este modo mantienen un vínculo con el mundo, porque los campamentos son un mundo cerrado y no tienen salida», explican desde Ermua.

Nasruha y Moila están en la casa de acogida de la villa, como en la mayoría de los casos, gracias a su participación en el programa ‘Vacaciones en paz’. A Moila se le detectaron problemas de oido y hace año y medio que lleva en Ermua. En este tiempo, la niña ha recuperado mucha de la audición que había perdido, junto con la atención y relación con el entorno que también se pierde al no escuchar y estar apartada de la vida cotidiana.

El caso de Nasruha es diferente, porque es la cuarta vez que viene al municipio. Se trata de un problema de pies zambos. «Cuando llegó andaba sobre los tobillos y se ha ido corrigiendo, con diversas intervenciones quirúrgicas y ahora está recuperándose», explican sus cuidadadoras. «Este tipo de malformaciones aquí se detectan en el útero y se empiezan a tratar cuando nacen por lo que se arreglan con unas vendas, pero estas niñas no tienen esa posibilidad allí, con lo que les cuesta más solucionarlo cuando ya vienen aquí», aclaran desde la organización analizando el problema que genera el encontrarse en un campo de refugiados.

Por eso es tan importante que la gente participe en el programa ‘Vacaciones en paz’ que es otro de los programas que se llevan a cabo en Ermua. En esta iniciativa se detectan muchos de los problemas médicos de los pequeños saharauis que en Osakidetza se pueden corregir de forma fácil y que en los campos de refugiados pasan desapercibidos o no se pueden corregir por falta de recursos.

‘Vacaciones en paz’

‘Vacaciones en paz’ consigue que familias ermuarras, gratuitamente (gracias a la colaboración del Ayuntamiento), acojan durante julio y agosto a niños del desierto, que de este modo ganan en salud, por descansar de esa extrema vida.

Precisamente con este programa participan una veintena de ermuarras, de 17 a 20 años, que se encargan de que estos pequeños se entretengan durante el verano en Ermua. Acuden a jugar o a realizar actividades que les divierten durante los días que pasan en la villa. Durante el año ayudan a Jadi en el ocio o tareas de clase de las niñas. «Porque ellas van muy contentas a clase», aclaran.

Entre ellas incluso se encuentra una joven que acogió en su casa, el verano de hace 4 años, a una niña saharaui. «Hablo por whatsapp con ella cada cierto tiempo y le mandamos pequeñas cosas para el colegio o pulseras y otras cosillas, algo que agradecen muchísimo», añade. Ella recomienda, sin ninguna duda, la experiencia de acogida de ‘Vacaciones en paz’.

Una de las penas de estas voluntarias es que en los últimos años ha descendido la cantidad de recogida de la campaña de alimentos, por lo que animan a la población a colaborar para la próxima iniciativa «porque este pueblo vive de la ayuda internacional ya que en el desierto no hay nada», concluyen.

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