El Correo

«Eibar tiene potencial si conjuga su saber industrial con la especialización inteligente»

Jon Barrutia, en el decanato de la Facultad de Economía y Empresa.
Jon Barrutia, en el decanato de la Facultad de Economía y Empresa.
  • El decado de la Facultad de Economía de la UPV, Jon Barrutia, aboga por crear empleo estable y de calidad por medio de servicios intensivos en conocimiento a empresas

El eibarrés Jon Barrutia (1961), catedrático de Economía Financiera en la facultad de Economía y Empresa de la UPV/EHU, en el departamento de Economía Financiera II, mantiene que «Eibar tiene un alto potencial si sabe conjugar su saber hacer industrial con las s tecnologías facilitadoras esenciales (TEFs o también conocida como KETs, por sus siglas en inglés)» que destacan por apuntalar la innovación en diversos sectores y contribuir a la generación de ideas innovadoras y a su transformación en los productos y servicios.

Barrutia ha sido nombrado decano de la facultad de Economía y Empresa, y es responsable de diferentes centros de los campus de Gipuzko, Bizkaia y Araba, que acogen a 5.000 alumnos en total y 600 personas trabajando entre profesorado y personal de administración. Licenciado en CC EE (1984) y doctor por la misma disciplina (1990) ha sido, entre otros cargos, vicedecano de la Facultad de CCEE de la UPV/EHU, vicerrector de Asuntos Económicos de la UPV/EHU, viceconsejero de Universidades e Investigación del Gobierno Vasco y director del departamento de Economía Financiera II. En la actualidad es decano y consejero del Consejo Económico y Social del País Vasco. Ha sido también sénior Associate Member del Saint Antony College de la Universidad de Oxford (2007/2008). Su actividad investigadora está centrada en el campo de la Economía de la Empresa, en temas de formación directiva, diseño de espacios universitarios, gestión pública e innovación y en especial en sistemas regionales de innovación y ciencia. Ha publicado artículos en las revistas internacionales más prestigiosas.

–¿Cómo siente un profesor y catedrático de Economía Financiera ser elegido decano de su Facultad de la UPV?

–Como un verdadero honor y al mismo tiempo como un reto ilusionante. El sentido de la responsabilidad se mezcla con el deseo de contribuir a la CAPV con una oferta pública, la única en este sentido, de docencia e investigación en economía y empresa altamente competitiva.

–¿Cómo ve el futuro de Eibar en lo económico, después de haber sufrido una desindustrialización y convertirse en una ciudad de servicios?

–Eibar tiene un alto potencial como ciudad si conjuga su saber hacer industrial con las Tecnologías Clave Facilitadoras (KET). Es decir si define de forma operativa su correspondiente estrategia de especialización inteligente. Esto supone realizar un diseño adecuado del territorio en donde ciudad, demografía y condiciones de vida y trabajo converjan siendo una ciudad de servicios, pero de servicios intensivos en conocimiento a empresas. Así se generará empleo estable y de calidad permitiendo a la ciudad tener un futuro con nombre tanto en el ámbito local como internacional

–¿Existen posibilidades de cambio en la situación de los jóvenes, con alta tasa de desempleo durante estos años de crisis?.

–Claro, la propia evolución demográfica va a convertir a la juventud en ‘recurso escaso’ y por lo tanto de alto valor económico . Esta juventud está preparada tanto en conocimientos como en competencias para trabajar en entornos abiertos e internacionalizados con altos requisitos tecnológicos. El aprovechamiento óptimo de estas ventajas va a depender de las configuraciones territoriales. Las oportunidades buenas están ligadas a diseños inteligentes del territorio. Esto es algo que no debería de pasar desapercibido al decisor público.

–¿Piensa que tenemos alguna salida entre tanta incertidumbre económica?

–La incertidumbre económica es consustancial a la propia vida social, histórica y si se me permite personal. Solo cuando se ‘desboca’ o cambia de formas de expresión (crisis) se encienden las alarmas. Hoy más que nunca la sociedad dispone de conocimientos y arquitectura institucional para encontrar una solución adecuada a la época en la que vivimos, caracterizada por una demografía explosiva en el mundo, distribuida desigualmente y conectada entre si de forma infinita. No obstante, para una solución estable la economía necesita una autoridad gubernamental internacional que en este momento no existe, o al menos no existe del todo.

–Con una deuda pública y un déficit tan elevados, ¿cuáles pueden ser las políticas más convenientes para el estímulo de demanda y el crecimiento económico?

–No hay mejor manera de estimular la demanda que incrementar el empleo. En economías abiertas las políticas directas de estímulo de demanda pueden ‘escaparse’ hacia otros contextos geográficos. En este ámbito quiero insistir en la importancia del diseño territorial y su especialización competitiva. Para ello es clave definir un camino marcado por las estrategias de especialización inteligente. Es decir, aprovechar el conocimiento tradicional, en nuestro caso la industria, y ligarla a las nuevas tecnologías, consiguiendo de esta forma una diversificación relacionada.

–¿No piensa que los economistas fallaron en sus predicciones y nunca fueron conscientes de la crisis que se iba a desatar?

–No en absoluto, en muchos casos no se quería oír a quienes ya vaticinaban desde hace tiempo la burbuja inmobiliaria, etc... En tiempos de dinero fácil, este tipo de pronósticos no tienen difusión. Están mal considerados. Por otro lado nadie puede tener una capacidad de pronóstico certero. En todo caso se detectan anomalías, se advierte de las mismas… pensemos en la medicina, o en otras disciplinas y es lo mismo. Nadie predijo la aparición del estado islámico o el Brexit.

–¿Qué opinión le merece la renta básica en un contexto en que por el desempleo tecnológico mucha gente no podrá trabajar?

–La renta básica es un mecanismo de solidaridad y de cohesión social que está para amortiguar los efectos no deseados del cambio económico y tecnológico. Pero lo que es un mecanismo para emergencias no puede convertirse en algo extensivo. Como mecanismo redistributivo de la renta habrá que pensar en otras soluciones. El Parlamento Europeo en una de sus recientes sesiones analizó la posibilidad de establecer un impuesto a los robots…..

–¿No piensa que muchos programas de los partidos políticos no se ajustan a la realidad económica?

–Sin duda las ideas políticas construyen un relato que afecta a las decisiones económicas pero la realidad económica se impone en el largo plazo y es muy tozuda. En el corto plazo se dan dinámicas competitivas entre diferentes opciones políticas, situación que incentiva la demagogia. Por eso los electores deben distinguir a quienes sólo quieren los votos de quienes aspiran a trabajar por las verdaderas soluciones.

–¿No cree que si las políticas de austeridad hacen que un país no se recupere de una crisis hasta que pasan décadas hay que encontrar una alternativa mejor en lugar de pensar que es una solución fantástica?

–En realidad las políticas de austeridad se imponen cuando no hay recursos financieros disponibles. Tengo la sensación de que ningún responsable político sueña con aplicar austeridad cuando llega al poder. También es verdad que en ocasiones la tendencia al uso no óptimo de las cuentas públicas puede ser una tentación fácil por parte del decisor público, alentado por demandas sociales no siempre justificables desde la razón y la equidad.

–¿Hasta que punto podemos permitirnos el conjunto de medidas sociales que anuncian todos los partidos estos meses anteriores a las elecciones?

–En esto la respuesta es bastante clara, hasta que la generación de recursos por parte de la sociedad y la correspondiente recaudación dejen de facilitarlo. Sin generación de recursos no hay redistribución de la riqueza. En todo caso habrá redistribución de la miseria.

–Detrminadas voces afirman que España cometió un error garrafal al entrar en el euro. ¿Qué les diría usted?.

–En la actual dinámica internacional, es necesario pertenecer a algún club geopolítico y la UE es uno de esos grupos. Sin euro no hay UE, y sin UE nos quedamos sin el último reducto en el mundo de una sociedad y una economía basada en la competitividad y en el conocimiento, pero también en la solidaridad y en la cohesión social, con las más altas cotas de libertad que jamás se han conocido en la historia.

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