revés

Arantxa Sánchez Vicario, junto a su marido, Josep Santacana./
Arantxa Sánchez Vicario, junto a su marido, Josep Santacana.
Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Hace unos años Arantxa Sánchez Vicario escribió su autobiografía. Se titulaba ‘¡Vamos!’. Hoy cualquiera podría reescribir la biografía de Arantxa Sánchez Vicario y titularla (moviendo con incredulidad la cabeza) ‘Vamos, vamos, vamos...’. Porque lo suyo es de no creer. Ahora mismo la vida de la extenista hace aguas por todas partes. Cuando alguien se divorcia o pierde a un ser querido, siempre le queda el consuelo de apoyarse en la familia, en el trabajo o, si es rico, suavizar la pérdida con un placentero nivel de vida, porque, según reza el viejo refrán, las penas con pan son menos. A Arantxa no le queda en la recámara ninguna de estas alternativas. Mira para un lado, y su marido le pide el divorcio y la custodia de sus hijos. Mira para el otro, y un juez le pide prisión preventiva por una deuda impagada de más de siete millones de euros. Y el acercamiento a su familia, algo que parece estar intentando la tenista, no va a ser del todo fácil ya que ella misma dinamitó los puentes cuando acusó públicamente a sus padres de haberla explotado, controlado y arruinado.

‘Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre’, suele decirse en las bodas católicas... Y todos sabemos cómo acaban muchas de ellas. Ahora la novedad es que lo que el hombre ha separado lo puede volver a unir no Dios, sino el Banco de Luxemburgo, que en el cielo del capital viene a ser lo mismo. Justo cuando Arantxa Sánchez Vicario y Josep Santacana deciden romper, vuelve a juntarlos una orden de prisión preventiva. Terrible destino que dos divorciados acaben unidos por el delito, a lo Bonnie&Clyde.

No dudo de la capacidad de Sánchez Vicario para sobreponerse a todos estos contratiempos, porque más negro lo tuvo alguna vez en la pista y consiguió remontar. Pero es inevitable preguntarse qué ha llevado a esta tenista a tener que contrarrestar tanto revés. En ‘Match Point’, el hoy también vapuleado Woody Allen aprovecha el juego del tenis para reflexionar sobre la suerte en la vida. Una décima de segundo determina si la bola cae a uno u otro lado de la red... A Arantxa le cayó en el lado bueno. Y eso la convirtió en rica y famosa. Pero aquella aparente buena suerte tal vez haya sido la causa de todas sus posteriores desgracias.

Temas

Cárcel

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos