Noel

Noel
Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Tengo la respuesta a la pregunta que estos días circula como un mantra por tiendas, portales, ascensores, oficinas, bares y gimnasios. La pregunta (retórica) es: ‘Parece mentira que estemos ya en Navidad... ¿A que sí?’. La respuesta correcta es: sí, parece mentira porque es mentira. Lo cierto es que todavía no estamos en Navidad. Siento pincharles el globo pero faltan más de diez días para que llegue la Nochebuena. Y si el mundo se acabara hoy, nos habríamos privado (o librado) de vivir las navidades del 17-18. Pero practicamos la cultura de la anticipación. Y es curioso. En la era en la que todos los gurús predican las bondades del ‘aquí y ahora’ (filosofía que hoy te recomienda hasta el dentista) es cuando más instalados estamos en el ‘allí y después’. Transitamos por la vida con la mirada puesta en lo que va a venir, como si lo que está ocurriendo en este momento ya hubiera pasado, como si lo diéramos por descontado. Por eso nos parece normal que una campaña electoral comience con la precampaña y que la precampaña se inicie un año antes de las elecciones.

En el tiempo que viví en Estados Unidos (1990 y 91) no paré de alucinar con la capacidad de anticipación de los yanquis. En cuanto acababa el verano, los escaparates se llenaban de calabazas de Halloween. Un día después de Halloween, comenzaba la campaña de Thanksgiving. Y aún no habían digerido el pavo cuando oficialmente (con un mes de antelación) se daba por inaugurada la Navidad. Justo después de Año Nuevo, se producía la invasión de corazones rojos de San Valentín, que no es hasta mediados de febrero... ‘A estos para que consuman les están poniendo todo el rato una zanahoria delante, como al burro’, decía yo (sin que me entendiera nadie).

Hoy ‘estos’ somos nosotros. Hoy la mención al niño Jesús en un villancico puede ser políticamente incorrecta, pero hasta mis amigos más ateos y ‘destroyers’ tienen desde hace una semana el abeto iluminando el salón. Mientras algunos se despistojan calibrando la diferencia de diámetro entre la barretina catalana y la boina castellana, la verdadera invasión nos ha llegado a través del gorrito de Papá Noel... Y un mes antes de la fecha.

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