Pasión Vega: «En la música no he sufrido acoso pero he visto detalles y miradas»

Anormalidad. «Me chirría que todas las cantantes pop del mundo sean supersexis»./E. C.
Anormalidad. «Me chirría que todas las cantantes pop del mundo sean supersexis». / E. C.

«Me chirría que todas las cantantes del mundo pop sean sexys, pero luego sale una Adele y ves que el talento al final se impone», asegura la cantante

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Ana María Alías Vega era una niña tan tímida que hasta ir a comprar el pan le daba vergüenza. Hoy, tras 25 años en el la música, el único tic de timidez de Pasión Vega es esa recurrente carcajada con la que intenta suavizar todas sus respuestas.

La malagueña está pletórica. Ha atravesado los 40 con un disco titulado '40 quilates'. Y una gira que la traerá el 21 de enero al Teatro Arriaga. «Muchos de los músicos que han colaborado en el disco son vascos».

¿Qué ha ganado y qué ha perdido en estos 25 años?

–Después de mucho esfuerzo estoy empezando a abrir los regalos, viendo las flores brotar. He trabajado un par de años en este disco y ahora estoy recogiendo el cariño del público y haciendo carne todas estas canciones, haciéndolas fluir, y haciéndolas mías, dándoles sentido.

Y dice que ha ganado en pureza.

–Al madurar puede pasar dos cosas. O uno se va poniendo un poco mustio o realmente te vas quedando con las cosas importantes. Y yo me he quitado un montón de miedos, complejos e inseguridades. No es que ahora sea la mujer más segura del mundo (gran carcajada) pero me acepto mejor y voy relativizando mis problemas. He ganado en serenidad y en pureza.

La pureza suele ser patrimonio de los niños.

–Es que yo tengo a mi hija Alma, que a sus tres añitos y medio está en pleno descubrimiento de todo. Y eso te devuelve a la infancia de un plumazo.

Alma es la pasión de Pasión, imagino.

–Claro. Todo el tiempo que no le dedico a la música se lo dedico a ella. Ella tiene su padre pero vivimos separados. Mantenemos una relación excelente y aunque no estemos juntos somos una familia.

¿Cuál fue su peor complejo?

–Uf, tantas cosas... Porque yo era una niña excesivamente tímida. Era muy risueña y comunicativa pero me daba vergüenza todo, hasta ir a comprar el pan. Mi hermana tenía que hacerme la inscripción en el instituto porque eso también me daba vergüenza. Pero esto de la música me ha cambiado por completo. Ya no me da vergüenza ir a comprar el pan, ja, ja, ja...

¿Y salir al escenario?

–Para eso no soy nada maniática, pero sí muy metódica. Siempre voy media hora antes para comprobar que todo está en su sitio. Repaso todos los movimientos. Nunca he salido a un escenario sin haber estado bastante tiempo estudiándolo y comprobándolo todo. En eso nunca fallo. Porque me parece que si no lo hago me va a salir todo fatal. El perfeccionismo es un poco mi amuleto.

Entre los quilates y el vestido de pedrería está usted muy Marilyn en la portada de su nuevo disco...

–La palabra quilate te lleva al oro, a los diamantes. Queríamos expresar que me encuentro en un momento de esplendor. Y de paso celebrar la madurez. Porque las mujeres todavía tenemos ese problema de 'No vayas a decir tu edad'. Pues yo sí la digo. Yo tuve a mi hija con 38 años y ahora tengo 41, y muchas cosas por las que dar gracias a la vida. Entre ellas, la gente querida que me rodea y esta profesión que me sigue apasionando.

Hablando de quilates, ¿qué se ha devaluado hoy día?

–Sin duda, el compañerismo, la solidaridad hacia los demás. Es verdad que hay mucha gente solidaria y generosa pero cada vez somos más individualistas, seres que nos encerramos en habitaciones con cacharros, ja, ja, ja... Y se ha perdido mucho diálogo, mucha comunicación, mucha piel y mucho mirar a los ojos.

Usted que canta 'Banderas de nadie', ¿cómo ve la actual guerra de banderas?

–Es un tema muy complejo. Si te manifiestas de una manera hay gente que se enfada por un lado. Hay que elegir muy bien las palabras. Yo siempre digo que quiero que Cataluña siga estando con nosotros, formando parte de este país porque es un lugar maravilloso con una gente maravillosa. Y no veo nada claro que cuando necesitamos a políticos cercanos alguien pueda gobernar a través de una pantalla. Si así sucediera sería una solución a muy corto plazo.

Nunca ha ocultado su admiración por el 15-M. ¿Qué le cantaría al reaparecido Pablo Iglesias?

–Ja, ja. ja... «No estaba muerto, estaba de parrandaaaa». Hombre, yo creo que seguimos teniendo muchos problemas, y sobre el 15-M siempre he creído que la gente tiene que comunicar lo que quiere de una manera pacífica, solidaria y generosa. Pero que no se quede apoltronada en un sofá. Si necesitamos algo debemos echarnos a la calle y no esperar a que nos lo solucione alguien desde un despacho.

Sé que adora a Serrat, ¿cómo ha vivido que algunos le llamen facha?

–Sufriéndolo mucho. No debemos ser injustos con nadie y menos con él, que siempre ha sido un hombre muy coherente, nada cobarde. Nos asombra cuando los artistas manifiestan sus ideas y Joan Manuel lo lleva haciendo desde que nació. La opinión de alguien que siempre ha sido defensor del catalanismo creo que es respetable, guste o no. No creo que haya que insultarle ni dejar de comprar sus discos. Es una de las personas musical y socialmente hablando más importantes que hemos tenido en nuestro país en los últimos 40 años.

¿Le gustó el discurso de Oprah Winfrey?

–Me gustó, me gustó. Cuando alguien es valiente y decide lanzar un mensaje de esperanza, de puñetazo en la mesa para cambiar las cosas, yo siempre lo valoro. Además es una mujer admirable porque nació en el seno de una familia de pocos recursos y ha llegado a ser una presentadora importantísima, con una influencia muy grande en Estados Unidos.

¿Si usted fuera estadounidense la votaría?

–Es que si yo fuera americana no sé cómo sería. No cantaría lo que canto. Tendría una mentalidad diferente. Lo que sí tengo clarísimo es que no votaría a Trump jamás en la vida. Pero a Oprah, después de ese discurso, si llegan a ser las elecciones al día siguiente, seguramente sí. Porque es un discurso que conmueve y mueve a las mujeres.

Catherine Deneuve y otras actrices francesas no opinan lo mismo.

–No he leído su manifiesto. Pero la mentalidad de la sociedad francesa es muy diferente de la americana, a nivel sexual e incluso religioso. En Francia siempre han ido un poco adelantados.

¿Existe ese acoso también en el mundo de la música?

–Yo no lo he sufrido ni tampoco conozco de primera mano ningún caso. Sí he visto detalles de cómo funcionan las cosas. Porque en la música, como en otros sectores, el machismo sigue estando presente. Ves detalles, miradas, movimientos raros que tú notas...

¿Por ejemplo?

–Yo siempre he sido una mujer de curvas y cuando quedaba con mi primera oficina o mi primer mánager siempre me decían: «Tienes que perder unos kilitos». Y yo contestaba que eso ya lo veríamos, que lo más importante era si realmente tenía talento o no, y qué tipo de música iba a hacer. Es muy triste. Hay que ser muy maduro y hay que ser fuerte para no dejarte llevar por esa presión que la ejerce toda la sociedad, porque hoy hay una obsesión por el físico y por no envejecer.

¿Se le pide un plus sexy a la mujer en la música?

–Sí. Aunque hoy día también esto afecta a los hombres, porque muchos chicos en la música no triunfan si no están cachas. Tanto la mujer como el hombre podemos ser objetos, si tú lo permites...

¿Cantar en ropa interior es liberarse o hacerle el juego al machismo?

–Depende de si esa mujer lo hace por imposición o de motu propio. Pero me chirría cuando ya se impone como una moda. A mí no me parece normal que todas las cantantes del mundo pop sean súper sexys y tengan unos tipazos tremendos, ja, ja, ja... Claro que por suerte luego sale una Adele, sin las medidas estándar, y demuestra que al final el talento siempre se abre paso. Así que todavía hay esperanza, ja, ja, ja...

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