Monstruo

Monstruo
Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Observo con ternura y terror el monstruo que están criando Beyoncé y su marido, Jay-Z, una criatura que con solo seis añitos ya manda más que Trump y Putin juntos. Tiene nombre de planta trepadora, Blue Ivy, y dispone de su propio estilista, que la asesora sobre qué ponerse en las numerosas galas a las que asiste, y de un 'personal shopper' que le indica qué comprar en cada momento para conseguir un fondo de armario más rutilante que el de su mamá... A Carmen Lomana hace tiempo que la superó. Como cualquiera con dos dedos de frente, auguro a esta niña un inquietante futuro. Lo mismo acaba siendo un genio en lo suyo que termina peor que Amy Winehouse. O las dos cosas a la vez. O sea, como Amy Winehouse.

Cuando la veo en los Grammy o en los MTV siempre me preguntó si en ese país no habrá una ley que prohíba a unos padres llevar a una cría tan pequeña a ese tipo de saraos en horario tan poco infantil. Y llevarla además vestida de esa forma: de alta costura de la cabeza a los pies, incluido el 'clutch'. Miles de dólares en joyas y ropa sobre una cacatúa que no levanta un palmo del suelo, lo encuentro hasta peligroso... Una incitación al secuestro. Pero, en fin, si pensamos que en Estados Unidos tampoco existe una ley que prohíba a un menor desequilibrado portar armas, nada puede sorprendernos.

Cuentan y no acaban: que la niña tiene su propio chef personal (¿para elegirle los 'corn flakes'?), que aprende francés y swahili (suponemos que también chino mandarín y japonés para ver películas de Kurosawa sin subtítulos), que acude a un colegio de a más de veinte mil euros la matrícula... Ivy es famosa también por su impulsivo carácter. A sus progenitores los mandó callar en mitad de una gala porque aplaudían demasiado fuerte. Y una mañana que su padre tuvo que cortarle el rollo (filosófico, existencial propio de cualquier chiquilla de su edad) porque tenía que llevarla al cole, le espetó: «Que sepas, papá, que has herido mis sentimientos». Blue Ivy crece respirando la atmósfera artificial y tóxica de la opulencia extrema y la fama mundial. Y en un país donde en apenas diez años podrá empuñar un rifle de asalto... Yo por si acaso me mantendría a distancia.

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