Forrados de tela

Amancio Ortega./E. C.
Amancio Ortega. / E. C.

Aparte de Zara, la moda de España ha creado un selecto club de multimillonarios. Las familias Puig, Palatchi (Pronovias), Andic (Mango)y Domínguez de Gor (Mayoral) son fábricas de hacer dinero

Luis Gómez
LUIS GÓMEZ

Lo suyo tiene tela. La lista 'Forbes', que cuantifica el número de millonarios repartidos por el mundo, ha soltado una bomba: la moda es un gran negocio para un buen puñado de familias españolas que están forradas hasta las cartolas. Son una máquina de hacer dinero. Se sabía desde hace años que Amancio Ortega figura entre los hombres más ricos del mundo, con una fortuna que, euro arriba, euro abajo, anda por los 70.000 millones. Tal es el poder e influencia del principal accionista de Inditex que miles de adolescentes españoles confesaron el pasado verano en una encuesta que de mayores querrían parecerse al empresario gallego. Pero el dinero no es solo patrimonio de Ortega.

La fortuna de Isak Andic, propietario de Mango, es menor, pero tampoco está nada mal: 2.300 millones. Es la única de las tres mayores compañías de moda nacionales que mantiene todo el capital en manos de la familia fundadora. Pero los multimillonarios también lloran, aunque el resto de mortales disfrutaríamos padeciendo sus preocupaciones. A Isak las cosas no le van como había planeado. A sus 64 años, pretendía jubilarse y dar la vuelta al mundo en su impresionante yate 'Nirvana Formentera'. Deberá aparcar este sueño, ya que ha tenido que volver al tajo. Delegó parte del negocio en sus vástagos y la empresa se ha resentido. Ha pasado de ganar 113 millones en 2012 a acumular una deuda financiera neta de 528. Las ventas han descendido sensiblemente, lo que le ha obligado a echar el candado a medio millar de tiendas.

Volverá a salir el sol para Andic, pero sombras bastante alargadas se ciernen de momento sobre el catalán más rico. El empresario que más mujeres ha subido al altar, Alberto Palatchi, es otro de los que no puede quejarse de cómo le trata la vida. Cuentan que el fundador de Pronovias siempre se jactaba de que no se divorciaría nunca y que jamás vendería el negocio. Pues bien, después de tres décadas de matrimonio, el año pasado se separó de su esposa de toda la vida y traspasó la empresa familiar a un fondo de capital de riesgo con sede en Londres por 550 millones. A sus 68 años, se ha echado una novia 18 años más joven –nieta del cofundador de Galletas Cuétara–, que vive a caballo entre Madrid, Miami y México. El dinero no traerá problemas a un matrimonio roto que se las prometía felices, ya que su exmujer es una rica de cuna. Pertenece a la familia propietaria de la farmacéutica Almirall, valorada en más de 2.000 millones. Palatchi seguirá ligado a su negocio, ya que se ha asegurado la recompra de un 10% de las acciones de la compañía y un puesto en el consejo de administración.

Con familiares «antisistema»

Frente a estos gigantes mediáticos, otros millonarios se refugian en el anonimato. Hay muy pocas fotografías de ellos, incluido Thomas Meyer, dueño del 90% de las acciones de Desigual, valorada en 2.565 millones. Este empresario canoso, alto, de ojos azules y aspecto desenfadado va en bici al trabajo desde su palacete del Born, uno de los barrios 'cool' de Barcelona. No tiene despacho, jamás usa corbata y ficha con su huella dactilar, como el resto de trabajadores. Algunos familiares suyos son habituales en manifestaciones «antisistema». Con gran éxito entre las mujeres, eligió el nombre de la compañía a partir de una idea de la directora de cine Isabel Coixet. Es famosa la batalla judicial que Custo Dalmau mantuvo con Meyer por plagiar sus diseños.

Rafael Domínguez de Gor es el dueño de Mayoral. Tiene una fortuna de 550 millones de euros, lo que le convierte en la sexta persona más rica de Andalucía. Apasionado del tenis, se hizo construir una pista para jugar en el techo de su fábrica de Málaga. Dejó de fabricar medias y calcetines antes de lanzarse al mercado infantil y trasladar la producción a países más baratos. Tiene en nómina a 1.200 empleados, factura 360 millones anuales y vende 30 millones de prendas en 102 países. Pero casi nadie conoce a Domínguez de Gor. Tampoco a Manuel Puig. El vicepresidente de la gran empresa de lujo española patronea un emporio que controla cuatro grandes casas de moda (Paco Rabanne, Carolina Herrera, Nina Ricci y Jean Paul Gaultier) y dispone de las licencias para producir los perfumes de Valentino, Commes des Garçons y Prada. Una mina que le ha permitido controlar un tercio del patrimonio del grupo familiar, tasado en 1.500 millones. Es otro de los que se ha forrado con la moda.

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