Lucía Etxebarria revela que fue violada hace 13 años

La escritoria Lucía Etxebarria. /Vicens Gimenez
La escritoria Lucía Etxebarria. / Vicens Gimenez

«Nadie me creyó», asegura la escritora, que recuerda cómo le dijeron que debía sentirse «afortunada» por haber sobrevivido

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La violencia contra la mujer es un preocupante tema de actualidad. La escritora Lucía Etxebarria se sirvió este sábado de una columna en 'El Periódico' para denunciar que esto no es más que el producto de una sociedad desigual que, además, «convierte a las víctimas en culpables». Hablaba de 'la Manada', del asesinato de Diana Quer... y del caso de la violación que ella misma sufrió hace 13 años, «a punta de navaja en una playa en Marruecos».

La autora relata cómo entonces sufrió las carencias de un sistema que desatiende a las víctimas de la violencia sexual: «Por supuesto que había semen en mi falda y entre mis piernas. La Policía encontró a ese hombre. No le pasó nada. Nadie me creyó a mí». No solo su agresor no pagó, sino que desde el consulado español le señalaron que debía considerarse «afortunada»: «Me dijo que yo tenía suerte porque 'solo' me había violado y no me había matado».

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«Cuando lo cuento -explica-, la gente me dice que no me exponga tanto. Que esto lo puede leer mi hija. O mi familia. O mis amigos. Mi hija, mi familia y mis amigos lo saben. En cuanto a lo que opinen los desconocidos, les respondo: '¿Debo avergonzarme de haber sido violada?, ¿es algo que deba ocultar?'», se pregunta en el texto.

«Me dicen que es algo muy íntimo. Íntimas son las relaciones amorosas, las vacaciones, los momentos en familia, y la gente los expone cada día en redes sociales. Lo que me pasó a mí no fue íntimo. Yo no quería a ese hombre en mi esfera privada ni en mi vida. Fue un asunto público, un problema social», sentencia la escritora, que se declara «harta» de que «tantas mujeres consideren que no se puede hablar de eso» cuando lo cierto, insiste, es que las agresiones sexuales son «el pan nuestro de cada día». «Vivimos en una sociedad en la que el silencio nos hace cómplices de este sadismo», sentencia.

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