Leonor Watling: «Siempre pienso que hay gente mucho más valiosa que yo»

«No veo un Harvey Weinstein en el cine español»./E.C.
«No veo un Harvey Weinstein en el cine español». / E.C.

«Lo de Cataluña demuestra que el ser humano cuando se empieza a enrocar no tiene fin», asegura la actriz y cantante

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Al calor del verano uruguayo. Así pasa las fiestas navideñas Leonor Watling con Jorge Drexler y sus dos hijos. Pero antes de cruzar el charco cumplió con la tradición: acudir al desayuno solidario organizado por Kiehl’s en la tienda que la marca de cosmética neoyorquina tiene en la madrileña calle de Fuencarral.

Goya Toledo se lo advirtió: «Si vas, querrás repetir». Y Leonor Watling (madrileña, 42 años) fue y repitió... Pocos días antes de Navidad compartió unas horas con los chicos que atiende la Fundación Götze, dedicada a la formación e integración social de discapacitados psíquicos. «Siempre salgo de allí con una alegría especial», reconoce la cantante de Marlango.

¿Qué ha aprendido esta vez?

–Le he regalado un camión de bomberos y un coche de policía a un niño de 12 años, pero he confirmado una vez más que el regalo te lo hacen ellos a ti. Ayudar económicamente es muy importante. Sin embargo, el contacto personal es doblemente maravilloso. Y eso que yo temía que mi presencia no fuera suficiente...

Poco ego le veo para ser actriz.

–Siempre pienso que hay gente mucho más valiosa que yo. El ego no lo tengo muy inflado, la verdad.

¿Y cómo anda de espíritu navideño?

–¡Me encanta la Navidad! A mí cualquier cosa me vale para una crisis o para una fiesta.

¿Son muy convencionales sus navidades?

–Para empezar las pasamos en Urugay, en la playa, en pleno verano austral. Celebramos una mezcla de Navidad y de Hanukkah, por la ascendencia judía de Jorge. Son fechas preciosas. Y cuando tienes hijos, más.

¿Quién cocina?

–Cocina más mi chico. Pero yo, cuando no es obligatorio, me meto en la cocina muy a gusto. Me quedan bien las empanadillas y, como mi madre es inglesa, también suelo hacer pastel de carne, salsa de arándanos... Nosotros lo mezclamos todo. Nos vale todo. Tanto en mi familia como en la de Jorge hay mezcla de muchas tradiciones y lo que hemos hecho es incorporarlas todas. No rechazamos ninguna.

¿Su parte inglesa le predispone a ponerse uno de esos horribles jerséis navideños?

–Si arranco una sonrisa no tengo ningún problema en ponerme el jersey, los cuernos de reno, una nariz luminosa o vestirme de papá Noel, ja, ja, ja...

Acaba de terminar la gira ‘Delicatessen’ con Marlango.

–Sí, ahora estamos empezando a grabar el disco nuevo que saldrá en primavera. Estoy ilusionadísima.

¿De qué delicatessen no se va a privar estas fiestas?

–De las medias lunas, cruasanes chiquititos hechos con muchísima mantequilla. Luego me sentiré culpable... Pero ya pensaré en la dieta a partir de enero.

«En mi imaginación voy todos los días al gimnasio», me dijo una vez.

–Ja, ja, ja... Este año he ido un poco más. Espero mejorar el próximo.

¿Es de hacerse buenos propósitos?

–Antes lo hacía pero la verdad es que ya no, voy mucho más día a día. Partido a partido, como se dice ahora.

Hace menos cine. ¿Habrá película en 2018?

–Trabajar con Jaume Balagueró en ‘Musa’ ha sido un regalo. Espero que en 2018 me caiga algún regalo como ese. Lo de hacer menos cine tiene que ver con la gira de Marlango y con darle prioridad no solo a la maternidad sino a la vida. Es una opción personal.

Ahora se habla más de acoso que de cine.

–Me parece maravilloso que haya hervido el agua y que la mujer sienta que tiene el derecho y que alguien la va a escuchar. La carta de Salma Hayek es preciosa. Ella se preguntaba ¿Por qué ahora? Pues porque ahora alguien nos escucha. No lo estoy notando tanto en España, pero en otros lugares esto ya ha salido del anecdotario del cine, porque es algo que afecta a todas las profesiones. En Inglaterra y Estados Unidos se ha desbordado hacia todos los demás ámbitos.

¿Usted se ha visto en alguna situación de acoso?

–Yo he tenido mucha suerte. Es verdad que como mujer sí entiendes cuando lees esas cosas a las que se están refiriendo. Yo si tuviera algo que decir lo diría. Pero lo que hago es escuchar y apoyarlas.

¿Un Harvey Weinstein en el cine español es impensable?

–Las cosas son impensables hasta que ocurren. Pero no lo veo tan claro porque aquí no hay tanto poder. Seguro que en otros ámbitos laborales sí que hay ese nivel de depredador. Desde luego en el mundo del cine y televisión no. Pero habría que ver en la banca u otros sectores. Porque esto no tiene que ver con el cine, tiene que ver con el poder.

¿Tragamos demasiado las mujeres?

–Todavía no es el momento de la autocrítica. Estamos en el punto de escuchar y apoyar. Cuando a uno le acaban de pegar no hay que decirle: Hombre, es que a lo mejor tú... No. Cuando esté todo un poco más asentado sí que puede haber una conversación tranquila sobre por qué hemos aguantado tanto, por qué nos sentíamos tan aisladas como para no pedirle ayuda a un compañero o a una compañera... Pero aún es pronto para eso.

¿Usted cómo lleva lo de ser el ‘Mito erótico inteligente del cine español’?

–Me hace mucha gracia. Me parece precioso. Pero no me considero ni mito, ni erótico, ni tan inteligente... Creo que tiene que ver con Bigas Luna y ‘Son de mar’. Podría ser una etiqueta terrible pero es preciosa. La llevo con mucha diversión y alegría. Y también, pensando que ya se darán cuenta de que no es así, ja, ja... Pelearse contra las etiquetas es agotador y es inútil, no hay nada que hacer. Al final una aprende a relajarse.

Ha trabajado con Bigas, Coixet, Oristrell, Cesc Gay... En catalanes tiene un máster.

–Siempre me he sentido muy a gusto en Cataluña. Barcelona es mi segunda ciudad.

¿Y cómo lo ve?

–Me da mucha pena lo que está pasando. El ser humano cuando se empieza a enrocar no tiene fin. Y cuando se empieza a abrir tampoco. Es muy triste ser testigo de cómo funcionamos cuando nos encerramos en una idea... Pero yo, sin entender absolutamente nada, lo respeto. Esto es pura emoción y la tienes que respetar.

¿Su flema inglesa le ayuda a poner distancia?

–A lo mejor. Pero quizá también es que me fijo más en lo pequeño que en lo grande. Por eso soy actriz. Me interesa más cómo se siente alguien cuando se despierta por la mañana que cómo se siente un país, porque no sé cómo acercarme a esa idea.

¿El nacionalismo le suena ajeno?

–Sí, porque nunca lo he sentido. Es igual que la fe, que tampoco la he sentido. Y no me siento autorizada para hablar de ella.

¿Qué diría Bigas si hoy levantara la cabeza?

–Algo inteligente, seguro.

¿Su móvil esconde tantos secretos como los de los protagonistas de ‘Perfectos desconocidos’?

–No, no. El mío no. Lo podría poner boca arriba en la mesa. La película es genial, je, je...

¿Vivimos realmente rodeados de desconocidos?

–Hombre, yo no. No sé los demás...

¿Pondría las manos en el fuego por sus seres queridos?

–Yo sí. Totalmente.

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