Jon Kortajarena: «Me meteré en la ría cuando vea el fondo»

El guapo bilbaíno afirma que su madre «es la persona más buena y luchadora que conozco, además de una pedazo de artista».

«Puedo hacer cagadas, como todo ser humano, pero vaya donde vaya sigo fiel a los valores que me inculcó mi familia», dice el modelo y actor bilbaíno

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Vuela tan alto que la entrevista la contesta a 30.000 pies sobre el suelo. Tal vez sea el mal de altura el que le lleva a ‘olvidarse’ de contestar varias preguntas (algunas sobre la homosexualidad), a modificar otras y a introducir dos de su propia cosecha: una para elogiar a su madre, a la que venera, y otra para promocionar 'La Verdad', su nueva serie.

Busco al chico sencillo y accesible que conocí hace 12 años tras la coraza de esta estrella mundial de la moda, de este íntimo de Madonna, de este bilbaíno más famoso que el Guggenheim, de esta celebridad blindada que es hoy Jon Kortajarena. Él, a sus 32 años, dice seguir siendo el mismo...

Mónaco, París, Venecia... Va usted a 300 por hora.

–Precisamente en Mónaco he participado en una acción organizada por la marca de whisky Johnnie Walker que me ha permitido conocer desde dentro el mundo de la Fórmula 1. Es pura adrenalina.

¿Progresa adecuadamente Jon Kortajarena?

–Mi progresión personal y profesional la definiría como honesta y valiente. Puedo hacer cagadas, como todo ser humano, pero siento que vaya donde vaya, llegue donde llegue, sigo fiel a los valores que mi familia me inculcó desde pequeño. Y mientras mantenga eso, mi progreso será positivo.

¿Y es más modelo o persona?

–Mi prioridad es crecer como persona y no dejo que la ambición me haga descuidar el hombre que soy o despistarme del que quiero llegar a ser. Hay veces que las luces de la fama despistan a la gente de lo que realmente les va a hacer feliz en la vida. Y muchas veces se pierden a pesar de que la máscara con la viven y se relacionan sea perfecta. No quiero eso para mí. Quiero ser honesto y real conmigo para poder serlo con mi gente.

Creo que quiere aclarar algo sobre su madre...

–Que ella sigue siendo la única peluquera que me corta el pelo y que es la persona más buena, digna y luchadora que he conocido nunca, además es una profesional excepcional. Si no fuera tan buena yo no vendría desde cualquier parte del mundo a que me corte el pelo por simple sentimentalismo. El otro día volé de Milán a Bilbao, me corto el pelo y a las dos horas me fui a París para hacer una campaña mundial. A veces hasta la han llamado para que venga a las sesiones de fotos, pero ella prefiere seguir con sus clientas de toda la vida. Es una pedazo de artista. Sigue con su salón del Casco Viejo de Bilbao y ahora está montando una peluquería unisex ubicada en la Calle Henao.

¿Y a usted ya le da tiempo a ubicarse?

–Tengo tiempo para todo, es cuestión de organizarse. A veces me levanto de la cama, y aún dormido, no sé dónde estoy. Pero me cuesta más olvidarme de quién soy. Eso sí me asustaría.

Tras su interpretación en ‘Pieles’ escribió: “La apariencia física no es nada. ¿O sí?” Contéstese usted mismo...

–Guille, mi personaje en ‘Pieles’, es un hombre con el 90% de su cuerpo quemado. Cada mañana tenía seis horas de maquillaje y prótesis. Fue muy fuerte ver cómo a pesar de esa apariencia física tan radicalmente opuesta a la mía, seguía viéndome a mí a través de los ojos, del alma. Me tuve que replantear muchas cosas que hasta ese momento daba por sentadas. La apariencia física es importante, sí. La cuestión es ¿qué es la belleza? ¿Dónde se encuentra? ¿Solo es bello lo que la sociedad acepta como bonito? Todo es cuestión de educación y valentía.

La apariencia física ha determinado su vida. ¿Le pesa?

–Sería un desagradecido si dijera que la belleza me pesa. En absoluto. Es un regalo de la vida que aprovecho, cuido y disfruto, pero sé que tiene fecha de caducidad y por eso me lo curro para no dejarme llevar por el ego, o por piropos vacíos. No es todo lo que soy, pero es mi máscara y estoy agradecido de que me sienta cómodo en ella.

¿Puede uno acabar mareado de sí mismo?

–Uno acaba mareado de tantas cosas, pero las redes sociales son una buena forma de expresarte y hacer llegar a tus seguidores ciertas experiencias o trabajos sin "intermediarios" que inventan o transforman la realidad.

¿Se identifica con Félix Cordova, su personaje en Quantico?

–Desde luego en las ideas políticas, no (risas). Me identifico en que a los dos nos cuesta un poco ver cuándo podemos cometer algún tipo de error, pero sabemos dejar el ego a un lado para intentar reponer los daños y ser honestos con lo que creemos que es más justo. La verdad es que hacer esta serie está siendo un regalo maravilloso. Rodar en los mismos escenarios que veía de chaval en algunas de mis películas preferidas, es un sueño hecho realidad. Alimenta mi ilusión, estoy aprendiendo mucho y voy a trabajar muy contento.

Creo que también quiere hablar de su última serie, ‘La Verdad’.

–Sí, espero que se estrene pronto, pero esas cosas no están en mi mano. Telecinco decidirá cuándo es un buen momento. Quizá para septiembre u octubre. ‘La Verdad’ ha sido mi primera serie de televisión y tengo un papel protagonista. Ha sido un reto súper estimulante y he aprendido un montón. Ha sido duro porque era un proyecto que teníamos que haber rodado en 5 meses, y al final tardamos casi un año, pero creo ha valido la pena y que va a gustar mucho. Es una serie arriesgada, oscura y muy bien hecha.

Después de los casos de leptospirosis, ¿se bañaría en la ría o no es usted tan de Bilbao?

–Soy de Bilbao y estoy enamorado de mi ciudad aunque ahora no pueda pasar allí todo el tiempo que me gustaría, pero tonto no soy (risas). En cuanto la limpien y vea el fondo, me meto.

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