El joyero de los raperos millonarios

Kanye West./
Kanye West.

Ben Baller fabrica alhajas carísimas y extravagantes a famosos. Drake, Rihanna, Jay-Z y J Balvin brillan por él

Luis Gómez
LUIS GÓMEZ

Hay diseñadores talentosos que rehúyen los focos y otros que necesitan (y disfrutan) significarse a través de los excesos. Del mismo modo que hay ropas minimalistas que se definen por sí solas y otras prendas que parecen hiladas con las agujas de la provocación para hacerse notar. Si Donatella Versace es la señora de la opulencia en la moda, Ben Baller (Los Ángeles, 1973) representa el paradigma de la ostentación en la joyería de alta gama. El fabricante de alhajas más famoso de Hollywood se siente feliz creyéndose el jefe de la manada y sirviéndose de la grandilocuencia. También, a juicio de muchos, del mal gusto de unas piezas carentes de toda humildad. Sin embargo, como el negocio le va sobre ruedas, ¿para qué cambiar?

Pero, ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? Es evidente que el arrollador éxito de Baller se justifica, entre otras cosas, por la fascinación que muchas megaestrellas de la música sienten por el brillo y el lujo del oro. Sobre todo, las más ricas, a las que el dinero les sale por las orejas y pueden permitirse pagar medio millón de euros (e incluso más) por unas cadenas con las que se creen los reyes del mambo. También influye el deseo de estas figuras, a las que les importa muy poco el 'qué dirán', de subrayar su estilo más a través de piezas llamativas que sobrias. A artistas como Drake, Lil Wayne, Rihanna, Frank Ocean, Jay-Z y Kanye West o Snoop Dog -raperos, productos y empresarios multimillonarios- se les conoce, además de por sus éxitos artísticos, por las cadenas (literalmente) que lucen frecuentemente. Cadenas que testifican sus colecciones de Grammys. Cadenas de muchos quilates y precios estratosféricos. Todos utilizan el oro para reivindicar su jerarquía y transformarse en modelos callejeros clonados de forma sistemática.

En el terreno de la ostentación nada sofisticada, Ben ha entendido mejor que nadie que hay que montárselo a lo grande si uno quiere ser el joyero más grande. Por eso su taller se asemeja a una factoría de descomunales anillos, medallones, colgantes... El 'bling-bling' (adoración por el metal más codiciado) es la indumentaria de los cracks a los que les pueden sus maneras de nuevos ricos. Baller, que jamás encabezará las listas de los hombres más estilosos por su querencia a vestir en chándal, diseña piezas de tamaño XXL y formas extravagantes. Los brillantes saltan a la vista y se engarzan de manera extravagante en unas ensaladas de alhajas cargadas de reminiscencias religiosas.

Una broma de 90.000 euros

A Baller muchas veces no le queda otra opción que plegarse a los deseos de sus potentados clientes y atender sus sugerencias. El rapero canadiense Drake le pidió que transformase el logo de una de sus marcas favoritas -Stone Island, conocido como 'Stoney'- en una cadena y colgante de 880 gramos de oro y diamantes incrustados. ¿Por qué? Una excentricidad, sin más, que llevan en la sangre muchos cantantes de hip-hop encaramados a las listas de ventas. La broma le salió cara: 90.000 euros. Pero el dinero es lo de menos para un artista con una fortuna estimada en 50 millones de euros.

Baller.
Baller.

Stone Island, una enseña que ha pasado de ser patrimonio de los pijos italianos a erigirse en capricho de los raperos estadounidenses, ha obtenido de rebote una promoción impresionante, pese a que no puso un euro para costear semejante capricho. Cuentan que Drake quería que todo el mundo supiese lo contento que estaba con el joyón y organizó una presentación multitudinaria en Manchester en la que le fue imposible contener su asombro: «El tamaño es perfecto también... es una locura». Baller tampoco se quedó atrás y utilizó su cuenta de Instagram para devolverle el cumplido: «Más vida y más joyas por venir, hermano». Nada nuevo, en cualquier caso. La estética de los raperos convertidos en 'hombres-objeto' recuerda al personaje M. A. Baracus de la mítica serie 'El Equipo A'.

Drake no es el único al que le ciega el oro. Rob Kardashian, miembro de la famosa familia cultivada en 'realities' televisivos, deslumbró hace dos años a su entonces novia Blac Chyna con un anillo de compromiso de siete quilates valorado en 660.000 euros. La alianza les sirvió de bien poco, ya que la relación de la pareja, padres de la pequeña Dream, se fue muy pronto al traste, pero Baller agradeció el encargo: «Nunca te he visto tan feliz y te conozco desde que eras un adolescente. Estoy contento de que vinieras a mi casa para adquirir este anillo para tu novia. Ya sabes que no me gusta jugar cuando hablo de diamantes».

También J Balvin, el colombiano que ha puesto a bailar a medio mundo a ritmo de reguetón, brilla con sus joyas. Tan buen cliente es que Baller le regaló el pasado verano un juguete antiestrés «para que fuera al hall de la fama». El 'fidget spinner', que reproduce la figura de una flor con pétalos que simulan movimiento y con forma de carita feliz, está bañado en oro de 18 quilates con incrustaciones de diamantes, rubíes y zafiros rosados. El autor de 'Mi gente' agradeció el presente a través de las redes sociales: «Sólo soy un niño grande con juguetes agradables». Los periódicos colombianos no pasaron por alto el costoso detalle. «Vale esta vida y la otra», escribieron sin dar cuenta del coste.

Así se las gasta el nada discreto Baller, que vende brillantes inspirados en la figura de Marilyn Manson. El fundador de la firma If&Co, que personalizó joyas al mismísimo Michael Jackson y adorna miles de dentaduras con piedras preciosas en un ejercicio de lo más extravagante, se ha convertido en el mejor aliado de las celebrities de Hollywood. Tom Cruise, Justin Bieber, Kim Kardashian... Todas están encantadas de pagar estos lujos a precio de oro.

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