Javier Ambrossi: «Mi infancia fue una gran tragedia»

Javier Ambrossi: «Mi infancia fue una gran tragedia»
E. C.
Director, guionista y actor

La mitad de ‘los Javis’ confiesa: «No sé separar lo profesional de lo personal, yo meto amor y trabajo en la misma olla»

Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

A sus 33 años este madrileño tiene cinco nominaciones a los Goya y un premio Feroz por la película ‘La llamada’, triunfa con la serie ‘Paquita Salas’ y ha arrasado como ‘coach’ en la última edición de Operación Triunfo. Sin embargo, no hace tanto, era un mero aspirante a actor que malvivía como camarero.

Ambrossi es la mitad de los Javis, la pareja del momento. La semana pasada presentaron en Madrid ‘Tu Mix más Tú’, campaña de 7Up centrada en el ‘mixing’. «Javier Calvo y yo hacemos un cóctel perfecto», proclama.

¿Y quién pone las gotas de angostura?

–La amargura no va con nosotros, aunque confieso que yo tengo peor carácter. Pero es que soy el mayor de los dos.

‘Los Javis’ menos Javier Calvo igual a...

–Igual a cero. Nosotros de momento somos dos medias naranjas porque estamos al principio de casi todo: nuestra primera serie, nuestra primera película, nuestro primer ‘OT’...

Como diría Amaral: ‘Sin ti no soy nada’.

–Totalmente. Javi y yo nos encontramos un día en una época muy complicada, buscando trabajo como actores. Al juntarnos decidimos escribir, avanzar y hacer cosas juntos. Si no llegamos a encontrarnos no habríamos hecho ‘ná de ná’.

¿Qué no mezclaría nunca?

–Soy muy de ‘mixing’ y ahora mismo lo estoy mezclando todo: el amor con el trabajo, la televisión con el cine, la emoción con la comedia... No sé separar lo personal de lo profesional y al contrario de lo que advierte ese refrán, lo estoy metiendo todo en la misma olla.

Mire que Arantxa Sánchez Vicario va por ahí lamentando no haber sabido separar el amor del dinero...

–Eso a mí no me pasará. Bueno, espero que dentro de veinte años no le tenga que decir lo contrario, je, je...

De momento su lema es ‘Lo hacemos y ya veremos’.

–Exacto. Lo llevamos tatuado los dos en el brazo.

¿Es de tirarse a la piscina sin saber si hay agua?

–Es que nuestra generación ha estado esperando a que nos den oportunidades, a terminar la carrera, el máster...

Para luego ser parados o mileuristas.

–Exacto. Por eso ahora sabemos que no tenemos que esperar a que nadie nos abra la puerta. Te la tienes que abrir tú mismo. Es la era ‘youtuber’. Todo el mundo puede poner una cámara. Hay cantidad de directores nobeles, de producciones pequeñas, de ‘crowfunding’ y ‘web-series’ de un montón de gente que ha dicho ya está bien.

¿Nunca pensó tirar la toalla?

–Sí, yo lo he pasado mal. Toda ‘La Llamada’, como obra de teatro, nació porque la escribía cuando acababa mi jornada como camarero. A las tres de la mañana me quedaba escribiendo con Javi hasta las ocho... No tenía ni un duro. Llevaba muchos años intentando trabajar como actor y no había manera.

Y va y se le ocurre una comedia de monjas.

–Nos representa muy bien. Queríamos hablar de la libertad, del respeto total incluso a cosas que están muy alejadas de nosotros como las creencias religiosas. Que hay que tratarlas como uno luego exige que se le trate. Me apetecía equiparar la fe con la sexualidad. Que a mí tu Biblia me puede parecer muy difícil de comprender pero a ti la mía también. Me gusta hablar del respeto desde la integración. Todos tenemos derecho a vivir la vida como nos dé la gana.

¿Se inspiraron en Tamara Falcó?

–No. La conocimos después. Pero yo a Tamara la adoro. La invité a ver la obra y ha venido varias veces. ¿Por qué vamos a estar peleados porque pensemos distinto? Hablemos, debatamos, querámonos... Yo tengo familia súper religiosa, de derechas, de izquierdas... Y amigos de todo tipo. Y les quiero como son. Y ellos me aceptan.

¿No está devaluada la tolerancia?

–Sí, por eso creo que hay que hablar, entenderse, empatizar. Y recordar que, cuando éramos niños y estábamos en la guardería, no preguntábamos a nadie lo que pensaba. Jugábamos y ya está. Que la ideología no nos separe ni nos mate, que solo se vive una vez y hay que convivir.

¿Y qué hacemos cuando las ideas son incompatibles?

–Pues habrá que llegar a un entendimiento, digo yo.

¿Por qué eligió como apellido artístico Ambrossi y no García, como su hermana Macarena?

–Es que si vas a un casting como Javier García eres uno de tantos. Ambrossi en cambio tiene su aquél.

García de la Camacha Gutiérrez-Ambrossi. Apellidos rimbombantes no le faltan.

–Ya ve. Cuando me lo hacían copiar en el colegio era una odisea. Y cuando lo tengo que decir para una reserva de un vuelo la gente alucina. El primero creo que viene de la unión de dos apellidos que hizo un bisabuelo mío, el segundo procede de Génova. Una abuela mía es vasca, un abuelo es andaluz... Tengo familia en Galicia. De todo un poco.

¿Ha visto a los gemelos que rezan el rosario sin parar en Maestros de la Costura?

–Me encanta ese concurso. Los he visto sí, son muy majos, muy divertidos.

Están en la onda de ‘La llamada’, ¿no?

–Claro. Es que hay gente joven muy religiosa y otra que se quiere cambiar de sexo... Hay tantas opciones como vidas.

'Bullying' en la escuela

¿Usted se ha sentido cómodo con su sexualidad?

–Me siento muy respetado. No lo voy pidiendo. Lo que hago es vivirlo como me da la gana y ya está. Pero entiendo que para mucha gente sea difícil. Todavía hay mucho machismo y homofobia en según qué ámbitos. En algunas profesiones es complicado... Para mí también lo fue de niño. Estudié en un colegio religioso y sufrí ‘bullying’.

¿Qué le hacían?

–Se metían conmigo, de todo... Dejémoslo en ‘de todo’. Fue una gran tragedia toda mi infancia y adolescencia, pero de ahí salí reforzadísimo y me dije: «Yo soy así y voy a intentar inspirar a la gente como yo para que sea fuerte».

Se puso todo aquello por montera.

–Sí. La gente que está sufriendo ‘bullying’ tiene que saber que eso se acaba. Tiene que contárselo a sus padres, a sus amigos, a sus profesores e incluso denunciarlo a la policía. Tiene que pedir ayuda.

¿Usted la pidió?

–Yo no. Ojalá la hubiera pedido. Me habría ido mejor. Pero bueno, me he construido la persona fuerte, buena, con ganas de cambiar el mundo y rebelde que soy ahora y estoy muy contento. A mí hoy nadie me dice lo que tengo que hacer ni cómo.

¿Hacer llorar al pétreo Cepeda fue su mayor logro como ‘coach?

–Los Javis en ‘OT’ no estábamos para hacerles llorar, sino para animarles a comprender que las emociones no dan miedo, que hay que sacarlas y compartirlas. Amaia sacó la fiera que llevaba dentro.

¿Qué le sacaría de dentro a Donald Trump?

–Habría que trabajarle a fondo la empatía y la humidad. Que deje de mirar a los demás por encima del hombro.

¿Ha disfrutado dirigiendo a su hermana Macarena?

–Ha sido lo mejor del mundo. Mi hermana es muy especial. Es una estrella de verdad, es cálida... Ella convierte cualquier proyecto en un proyecto mejor. Mis padres ahora están orgullosísimos.

O sea que donde hay confianza no da asco.

–Para nada. A mí me gusta trabajar con mis amigos, con mi pareja. Me gusta hacer familia, que la gente que se meta en mi equipo me conozca. No me gustan las jerarquías ni las dictaduras.

¿Tiene algo de usted la incombustible Paquita Salas?

–Que lucha por encontrar su lugar en el mundo, como hemos hecho Javi y yo. Tiene de nosotros su manera de reinventarse. Y a mí me ha dado la oportunidad de dirigir y escribir cuando pensaba que no tenía más futuro. Esa mujer me ha dado la vida.

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