Ivana Trump ya no quiere ser embajadora en Chequia

Su exmarido le ha ofrecido el cargo que ella le pidió hace un año, pero lo ha rechazado. «Mi vida es perfecta», reconoce

INÉS GALLASTEGUI

Ivana Trump confesó el jueves en una entrevista a la CBS que el segundo de sus cuatro exmaridos, concretamente el actual presidente de Estados Unidos, le ha ofrecido el cargo de embajadora de la República Checa, su país natal, y lo ha rechazado. «Me gusta mi libertad, hacer lo que quiero, cuando quiero y con quien quiero. Y me lo puedo permitir. ¿Por qué iba a decir adiós a Miami en invierno, Saint-Tropez en verano y Nueva York en primavera y otoño?», se preguntó retóricamente. Y la verdad es que todos nos lo preguntamos con ella. ¿Para irse a trabajar, encorsetada por las rígidas reglas diplomáticas y la cercanía de los países vecinos, a un Estado pequeño, frío, lluvioso y sin salida al mar?

Nacida en Zlin hace 68 años, despuntó pronto como esquiadora y su participación en competiciones internacionales le permitió conocer mundo. Gracias a su matrimonio con un canadiense escapó de los rigores del comunismo y en 1976, ya soltera, conoció al joven heredero Donald Trump en Nueva York. Astuta y con olfato para los negocios, Ivana fue un puntal clave del imperio familiar. Tuvieron tres hijos -Donald, Ivanka y Erik- y una infidelidad del magnate los llevó a uno de los acuerdos de divorcio más caros que se recuerdan. Ella salió libre -se casó otras dos veces- y muy rica: solo la pensión alimenticia eran 5 millones al año. «No te lleves un disgusto; llévatelo todo», aconsejó a las mujeres sustituidas por amantes más jóvenes en su cameo en ‘El club de las primeras esposas’.

Cuando Donald, con el que mantiene una buena relación, llegó a la Casa Blanca, ella misma le pidió la embajada de Praga. «Es el lugar de donde vengo y es mi lengua -se promocionaba-. He escrito tres libros que han sido traducidos a 25 idiomas. Soy bastante conocida en todo el mundo como Ivana. En realidad no necesitaba el apellido Trump».

A algunos excompatriotas -tiene la nacionalidad estadounidense desde 1988- su paso atrás les ha sentado fatal. Según ‘Politico’, el presidente checo, Milos Zeman, se mostró «furioso» cuando se enteró de que Ivana había rechazado el puesto, alegando que sería «demasiado exigente», y la acusó de actuar «como una cobarde».

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