Deneuve

La actriz Catherine Deneuve./efe
La actriz Catherine Deneuve. / efe
Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Toc-Toc. ¿Se puede? Quiero decir... ¿Se puede comentar que Catherine Deneuve tiene su puntito de razón y que también hay mucha verdad en lo que denuncian las actrices de Hollywood, sin que se te eche una de las dos partes encima? ¿Estamos a tiempo de matizar o ya hemos pasado al blanco y negro, al conmigo o contra mí, al ellas y nosotras, al frentismo más enfrentado sin posibilidad de retorno? Quiero pensar que no. Que aún se puede ver algo de verdad en ambas partes y a la vez defectos y exageraciones en las dos orillas, que hay mujeres encantadas de que en Hollywood hayan dado un golpe en la mesa contra el acoso y que al mismo tiempo no se han echado las manos a la cabeza ante el manifiesto de Deneuve. Pocas o muchas, entre esas me encuentro yo.

Vaya por delante que nunca he sufrido acoso en mi trabajo. Bueno, una vez un productor de una televisión de Madrid, después de una entrevista y dado que era ya la hora del almuerzo, me invitó a comer cerca de su oficina. Acepté. Y en la comida insistió en que quería llevarme después a ver una exposición... Pero antes debíamos pasar por su casa porque al día siguiente tenía que irse temprano de viaje y debía dejar preparada la maleta. Dije no. Ene o. No a la exposición y por supuesto no a pasar por su casa para ver cómo preparaba la maleta... Se lo tomó mal. Lo cual me demostró que hice bien.

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Evidentemente, no soy tan ingenua como para pensar que la solución siempre está en nuestras manos. Hay mujeres a las que el acosador se les echa encima sin darles la oportunidad de negarse. Y ahí es donde el grito de Hollywood cobra sentido. Pero igual que en sus películas más comerciales, Hollywood ha recurrido al lenguaje que domina: efectista, maniqueo, sensiblero... Ha convertido algo tan serio y complejo en una de buenos y malos. Y el 'The End' lo ha puesto la telepredicadora Oprah Winfrey con una lacrimógena homilía. Apelando a la víscera no se va a resolver un problema tan ancestral y arraigado. Por eso el contrapunto de Deneuve me parece necesario. Para evitar listas negras, trazo grueso, caza de brujas... Porque lo que hace falta es reflexión, crítica e incluso (aunque no nos guste) autocrítica. Y procurar no caer en la histeria colectiva.

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