El coco

El coco
Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Si tuviera que ponerle un eslogan a la reciente ceremonia de los Oscar creo que recurriría al contundente e inapelable grito atribuido a Pancho Villa: ¡Viva México, cabrones! (pronunciando el insulto con énfasis y con el inconfundible acento de Cantinflas). Porque hoy en Estados Unidos la reivindicación de lo mexicano y por extensión de todo lo latino, de los ‘dreamers’, de los chicanos, de los peladitos, de los inmigrantes a los que se refirió Guillermo del Toro, tiene mucho que ver con la rabia, con las ganas de dar un puñetazo en la mesa ante la imposibilidad de estampárselo en la cara al tipo que está al mando del gobierno y se empeña en levantar un muro de odio y discriminación intolerable. Pero al mismo tiempo, ese grito llevaría unas gotas de humor, la retranca que ya se ha convertido en una seña de identidad tan mexicana como el águila y la serpiente de su bandera nacional, probablemente la única arma defensiva que les queda a los que se han acostumbrado a perder y a resignarse demasiadas veces.

No me emocionó tanto como esperaba ‘La forma del agua’. Me llegó más ‘Tres anuncios en las afueras’. Pero sí me conmovió ver a Guillermo del Toro recogiendo su premio y dando las gracias a la Academia en nombre de sus padres. O el triunfo de la película de animación ‘Coco’, un pastelón mexicanísimo en el que te hartas de llorar y no sabes si es de pena o de alegría... Y no te digo ya ver a la actriz puertorriqueña Rita Moreno luciendo a sus 86 años el mismo vestido con el que recogió su Oscar a los 31, y dando órdenes a los reporteros gráficos para que bajaran las cámaras y enfocaran su espléndida y abullonada falda... Si alguien podía ser capaz de ponerle un puntito de chile, sal y limón a la sosa ceremonia de los Oscar de ayer, esos eran los latinos.

A Trump le están creciendo los enanos. Se le ha venido encima el ‘Coco’ y el monstruo del lago a la vez. Hasta una espeluznante criatura anfibia resulta más humana que él. Si Hollywood fue alguna vez la fábrica de sueños hoy es una industria dedicada a deshacer pesadillas. El tío Oscar ya habla a lo Pancho Villa, el general que según la sorna mexicana abandonó este mundo alegando: «No me dejen morir así, digan que dije algo».

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