Caras

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Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Siempre me ha admirado la capacidad de algunos para quedarse con la cara de los demás y ser capaces de recordar sus rasgos aunque solo los hayan visto una vez. Personalmente, en esto me encuentro en el pelotón de los tontos. Tengo una memoria aceptable para los nombres, relativamente decente para la música y bastante buena (menudo consuelo) para las fechas de los cumpleaños... Pero en lo tocante a reconocer caras me siento más cerca de ‘El hombre que confundió a su mujer con un sombrero’ que de esa adolescente británica que acaba de revelarse al mundo como una ‘súper-reconocedora’, una ‘fenómena’ capaz de identificar el rostro de un desconocido al que solo ha visto fugazmente una vez en su vida, e incluso muchos años atrás.

No la envidio. Arrastro una especie de trauma infantil que me lleva a recelar de las altas capacidades en los menores. Quizá porque de niña, por mi incontenible fluidez verbal, a ciertas monjas les dio por pensar que yo era más lista que la media. Estaban convencidas de que aprobaba sin esfuerzo y hasta se sentían con el derecho de rebajarme la nota... «Un cinco de Furundarena es en realidad un cuatro», llegué a escuchar. Así que a mis ocho o nueve años gastaba un montón de energía en demostrar que yo no era ninguna superdotada... Algo del todo evidente.

Muchos años después y tras una carrera como periodista en la que mi rostro aparece en esta columna y alguna vez en la tele, me encuentro en ese punto de popularidad del ‘tu cara me suena...’ Es decir, parece que les resulto familiar a los buenos fisonomistas, pero no aciertan a saber de qué me conocen. En su afán por ubicarme he oído todo tipo de conjeturas. ‘¿Tú no eres prima de fulanita?’. ‘¿No estabas en la clase de aerobic del año pasado?’. O mi favorita: ‘Tú no trabajarás en El Corte Inglés’... Como nadie me persigue, me divierte esta fama esporádica, difusa e impersonal, esta ‘nanocelebridad’ de andar po r casa. Sobre todo porque me libera de los apuros que paso al no reconocer a quien asegura conocerme. Ahora cuando alguien me sugiere que le sueno siempre puedo responderle: ‘Será que me has visto en la tele’. O algo mucho menos pretencioso: ‘Es que trabajo de cara al público. Concretamente, en El Corte Inglés’.

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