CANGUELO

CANGUELO
Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Existe una razón, entre otras muchas, por la que nunca podré ganarme la vida como crítica de cine. Y esa razón es que me prohibí hace tiempo ver películas de miedo. No tanto las de sangre y vísceras (esas las tolero mejor) como las de terror sutil, psicológico, el tortuoso suspense generado por la mente de un psicópata, la maldad en estado puro. Un ejemplo: en ‘House of cards’ hay una secuencia en la que Doug Stamper de pronto se arrepiente de haber sucumbido a la debilidad de perdonar la vida a la prostituta Rachel Posner dejándola escapar en medio del desierto de Arizona, así que da media vuelta y regresa con su camioneta en su busca. Entonces vemos a la desvalida Rachel caminando por esa carretera solitaria bajo el sol ardiente, confundida pero creyéndose a salvo. Hasta que de pronto gira la cabeza y descubre con horror que ese ruido a sus espaldas es la camioneta de Doug Stamper, que se acerca y ella no tiene donde esconderse... La imagen de Rachel todavía viva, pero sabiéndose muerta, es para mí tanto o más terrorífica que las cuchilladas en la ducha de ‘Psicosis’.

Creo que la última película de auténtico terror que vi fue ‘El silencio de los corderos’. Por culpa de esta especie de hipersensibilidad al canguelo pasé un par de noches sin pegar ojo y me dije: no compensa. Así que no he visto ‘Hannibal’, ni ‘Seven’ ni ‘Los otros’... El otro día fui a ver ‘Perfectos desconocidos’, la comedia de Álex de la Iglesia. Y me partí de risa. Sin embargo, por la noche, me desperté con la típica desazón de haber visto una de miedo... Y empecé a preguntarme por qué. ¿Será por la siniestra luna de sangre que preside el paisaje nocturno de la película? ¿Por alguna imagen subliminal aviesamente deslizada entre sus fotogramas?

Creo que la explicación es bastante más sencilla y a la vez aterradora. Tiene que ver con ese universo desolador en el que habitan sus personajes, donde nada es lo que parece ni nadie lo que aparenta, donde la única y espeluznante certeza es que vivimos rodeados de extraños, que cada uno está completamente solo, atravesando un desierto en el que un ruido a tus espaldas, por familiar que resulte, puede significar un rescate.... O la camioneta de Doug Stamper que vuelve a por ti, decidido a aniquilarte.

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