alergias

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Arantza Furundarena
ARANTZA FURUNDARENA

Intolerancia al gluten, a la lactosa, a la sacarosa, al polen, a los frutos secos... Hace unos años, para sorpresa de quienes nos hicimos adultos en una época por lo visto bastante menos sensible o quizá menos crispada, empezaron a aflorar las alergias. Primero lo hicieron en el marco alimentario. Y poco a poco lo han ido invadiendo todo. Intolerancia a los colores de ciertas banderas, a los idiomas ajenos, a la gente distinta a ti, a la institución republicana o monárquica, a cualquier ideología que no coincida con la tuya. Intolerancia al vecino de enfrente. No hablo de discrepar (eso nos viene de serie). Me refiero a que, de un tiempo a esta parte, la discrepancia está tomando forma de intolerancia severa. ¿O acaso no nos damos cuenta de que cada día están más prietas las filas y más apretados los dientes? Es como si una gota de desengrasante hubiera caído justo en el centro de esta sociedad adiposa y opulenta y nos hubiera precipitado a todos hacia los extremos. El dramático ‘efecto fairy’.

Y así estamos, cada día más sectarizados, más enfrentados los unos a los otros y más irreconciliablemente divididos. Todos los ‘ismos’ ideológicos imaginables se han radicalizado de forma alarmante. Florecen en ciertos países del norte el racismo y el nazismo, se acentúa en ciertas regiones del sur el nacionalismo disgregador y extremo. Reverdece el machismo más bochornoso y feroz y apela a la Santa Inquisición el feminismo. Regresa la censura a las artes plásticas. Se vuelve a hablar de presos políticos. Se le hace un corte de mangas a la institución monárquica. Se condena a prisión a un incordiante rapero solo por la letra de una canción... Llueve acritud a raudales. Se vuelve a poner de moda el ‘ellos y nosotros’. Prospera la hinchada, el ‘hooliganismo’. Cualquier mínima desavenencia se acaba simplificando en dos bandos. Y ay de quien no pertenezca a uno de ellos.

Hoy los matices son despreciados por pusilánimes, la negociación es un concepto caduco y el consenso, sospechoso de alta traición. Hoy el pacto es un viejo chocho y achacoso... ¡Oh, espíritu de la Transición, yo te invoco! Devuélvenos la cordura, el respeto al diferente, la capacidad de llegar a un acuerdo y la bendita tolerancia.

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