Adiós a la mejor trapecista

Pinito del Oro, subida al trapecio en una actuación al aire libre./e.c.
Pinito del Oro, subida al trapecio en una actuación al aire libre. / e.c.

Fallece a los 85 años la canaria Pinito del Oro, unade las mayores estrellas circenses en Europa yAmérica en la segunda mitad del siglo pasado

I. MONTES

Durante tres décadas, con algunas interrupciones por las caídas y las lesiones, Pinito del Oro puso en vilo con sus cabriolas inverosímiles el corazón del público. Ayer el suyo dejó de latir. Fuentes cercanas a la familia de la considerada mejor trapecista del mundo confirmaron ayer a la agencia Efe su fallecimiento en Las Palmas de Gran Canaria, la misma ciudad que la vio nacer hace 85 años, el 6 de noviembre de 1931.

María Cristina del Pino Segura era la pequeña de 19 hermanos. Desde muy niña mamó el ambiente circense, ya que su padre poseía un modesto circo, el Segura, en el que trabajaba toda la familia. Debutó con solo 11 años haciendo equilibrios sobre el alambre, y de allí saltó al trapecio, en el que hizo gala de una mezcla de audacia y sangre fría moldeadas con disciplina y entrenamientos eternos. Su número estrella le hacía balancearse de un extremo a otro de la carpa apoyada en la cabeza. Y sin red. No concebía el circo sin peligro.

Pinito del Oro se convirtió pronto en la mayor atracción del espectáculo, lo que le llevó a asumir cada vez más riesgos. En 1948 sufrió en Huelva su primer accidente y el más grave. Estuvo ocho días en coma con fractura de cráneo tras caer a la pista desde lo más alto.

Con 18 años debutó en Nueva York con el Ringling Bross, un circo estadounidense que agrupaba a los mayores talentos de la época. Desde el primer momento, la principal de las cinco pistas fue suya. Hasta 30.000 espectadores seguían boquiabiertos sus evoluciones, y así durante los nueve años que giró por Estados Unidos.

Pinito del Oro, que también fue tentada para el cine por Cecil B. de Mille, se retiró en 1961 tras varios accidentes y aunque reapareció en 1968 en Madrid, volvió a caerse en Laredo y acabó por dejar definitivamente el trapecio en 1970. Veinte años después le concedieron el Premio Nacional del Circo, el colofón a muchos otros reconocimiento anteriores, y en su haber tiene también varias novelas. «Que una chica humilde como yo tuviese la oportunidad de descubrir aquel mundo fue un privilegio que le debo al circo, que ha sido toda mi vida», confesó en una entrevista.

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