Una noche redonda

Los cuatro pianistas y el hijo de Thelonious Sphere Monk repartieron mucho jazz a un Mendizorroza con media entrada

Cyrus Chestnut y Benny Green, a cuatro manos sobre las tablas de Mendizorroza.
Cyrus Chestnut y Benny Green, a cuatro manos sobre las tablas de Mendizorroza. / Jesús Andrade
Natxo Artundo
NATXO ARTUNDO

La alegría por una velada jazzística de las de disfrutar como aficionados se vio velada por la tristeza que mostraban las gradas del polideportivo de Mendizorroza. Una media entrada justita hace buena una vez más la ley de la proporción inversa de la improvisación con swing y la abundancia de personal: a más jazz, menos gente en el polideportivo vitoriano. Una pena, ya que la música no fue en absoluto críptica ni para iniciados en los arcanos misterios de esas ‘ocurrencias sonoras’ tan alejadas de las alegres melodías comerciales. Cualquiera pudo haber disfrutado de una de esas propuestas del ciclo alavés que crean adeptos a la música. Hubo simpatía, cercanía y clase por parte de quienes desfilaron por el escenario para recordar al gran Thelonious Sphere Monk, maestro de pianistas y compositores nacido hace un siglo.

La más que interesante programación partió de un encuentro de lujo con los pianistas Kenny Barron, Cyrus Chestnut, Benny Green y Eric Reed. Éste, tras dedicar en nombre de todos el concierto al fallecido jazzman Mulgrew Miller, se sentó en uno de los dos Steinway para interpretar ‘Thelonius’: fluidas notas y eficaces acordes para todo un festín de jazz con retazos de blues y ragtime. Dejó paso a ‘The Nutman’ Chestnut, un sabio artista para quien es sencillo aportar lecturas cómodas o fáciles para el público, aunque en realidad quien conoce los códigos puede llegar a unas profundidades tremendas de música.

Música a cuatro manos

«El gran Benny Green» se sumó a su presentador, para que ambos pianos se complementaran, intercambiaran chispas de arreglos y surgieran espacios para la conversación, se aprovecharan las ideas ajenas para reconducirlas en propias y, en definitiva, se creara música a cuatro manos. Para esto, lo fundamental es el respeto y la escucha del contertulio o, en este caso, del compañero músico.

Green en solitario o Reed también solo dejaron paso al sabio Barron, que recordó que «Monk era un gran compositor de baladas» y abordó ‘Light Blue’ con la categoría de quien es uno de los pianistas más elegantes del panorama actual. Los dúos y solos recorrieron piezas como ‘Monk's Dream’, ‘Bye-ya’, ‘Ruby, my Dear’ o ‘I Mean You’, entre otras. Cada músico o dúo reflejaba diversas visiones sobre el homenajeado, con interpretaciones de gran contenido y con una forma tan redonda como el segundo nombre de Thelonious. Deconstruyen y rehacen los temas con la aparente sencillez de quien domina lo delicado, lo bonito, lo sublime que puede llegar a ser el jazz. Y no, no hubo final a ocho manos.

No se trató de exhibicionismo tampoco en la segunda parte de la noche. El sexteto de TS Monk arrancó con ritmo de swing —en la tercera jornada del festival, por fin— y fuerza. El líder y batería aseguró que a su padre le habrían encantado esos cuatro pianos previos y precisó que él es el tercer TS Monk. «Mi padre era, de hecho, Thelonious Jr.», comentó antes de iniciar ‘Evidence’ del homenajeado o de tocar ‘Sierra’, dedicado por el baterista a la nieta del que sería centenario el próximo 10 de octubre.

‘Rhythm-a-ning’ o ‘In Walked Bud’ permitieron al público disfrutar de la escucha de un jazz vivo y fluido, 100% jazz —hasta alguien tan puntilloso con el asunto como Wynton Marsalis estaría de acuerdo— y con un grupo donde hasta los ritmos están en movimiento y se aceleran o deceleran para que gane la música, centrada especialmente en el bebop de muchos quilates. Randall Haywood, trompeta; Patience Higgins, alto; Willie Williams, tenor (ambos saxos con sombreros y pinta de boppers total); Theo Hill, piano; Beldon Bullock, bajista —a quien algunas asistentes asemejaban a Denzel Washington, sobre todo antes de colocarse los anteojos— y T.S. Monk, batería de gran potencia y swing, forman un grupo brillante, como el sonido de los metales. Recordó el jefe de filas que su padre es el compositor más prolífico del jazz, con Duke Ellington en cabeza, y que el tema más versionado es ‘Round Midnight’, antes de tocarla con gusto y estilo.

Estos mismos elementos estuvieron presentes en la invitada, la gran cantante Nnenna Freelon, que enamoró a la audiencia de manera especial con ese excelente e intenso ‘Skylark’ a medias con el bajista o con sus acelerados e intensos ‘scat’ en otros momentos de un concierto que muchos de los asistentes les pasarán por las narices a quienes se lo perdieron. Palabra de Monk.

Festival de Jazz de Vitoria 2017

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