«El jazz no pertenece a nadie, es una actitud»

Rubén Blades presentó ayer en Madrid su gira de despedida que arranca hoy en Vitoria. / EFE
Rubén Blades presentó ayer en Madrid su gira de despedida que arranca hoy en Vitoria. / EFE

Rubén Blades pone el broche de oro al Festival con un personal concierto que promete poner Mendizorroza patas arriba

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

«La vida te da sorpresas», dice Rubén Blades, y al fondo parece que asoma su sempiterno malherido Pedro Navaja. La vida de este polifacético artista (Ciudad de Panamá, 1948) es una sorpresa en sí misma, tan rica, tan variada, tan plena. Músico, abogado, político, pintor, paleontólogo en ciernes, cineasta, ayer aterrizó en España con 'Caminando, Adiós y gracias', la gira que, según anuncia, es un punto y final respecto a este género. «Quien quiera escuchar estas canciones por última vez en directo tiene que pasarse por los conciertos», avisa. Ese privilegio tendrán esta noche los espectadores de Mendizorroza en la jornada de clausura del Festival de Jazz. Un cierre que promete ser luminoso.

Sin embargo, Blades, que ha ganado catorce premios Grammy, no se retira de la música, ni mucho menos de la vida. «Simplemente, llega un momento en que uno se da cuenta de que tiene más pasado que futuro y es entonces cuando hay que asumir lo que nos queda y ordenar el tiempo porque cada año se eliminan posibilidades», explica.

En su cita vitoriana -luego girará también por Madrid, Barcelona, Tenerife y Las Palmas-, el artista panameño estará acompañado por Roberto Delgado & Orquesta y tocará un repertorio elegido para la ocasión con temas que «muestren la sonoridad de la banda y las etapas por las que ha pasado». Además de 'Pedro Navaja', estarán otras composiciones como 'Plástico' o 'Discusiones', himnos del autor de discos tan emblemáticos como 'Siembra' (1978) o 'Buscando América' (1984).

Género universal

La discusión sobre qué hace un concierto de salsa dentro de un Festival de Jazz como el de Vitoria no le pilla de nuevas a Blades. Ya cuando tocó en el Playboy Jazz Festival, en Los Ángeles, los puristas se le echaron encima, y contra ellos se revuelve con argumentos musicales e históricos. «La conexión entre el jazz y la salsa está documentada. Charlie Parker tocó con Machito; Mario Bauza fue trompetista de la orquesta de Chick Webb y fue él el que le presentó a una cantante llama Ella Fitzgerald; Louis Armstrong hizo salsa, Miles Davis la bailaba con pasión. El jazz no le pertenece a nadie ni a ningún país; es una actitud, igual que la salsa», argumenta Blades, que apela al público: «La gente que nos va a ver integra los géneros y tiene amplitud de criterios. Y al que no le guste, que no vaya».

De hecho, no es precisamente Blades uno de esos artistas cerrados a cualquier influencia. Valora, por ejemplo, el tipo de reguetón que hace René Pérez -Residente, exmiembro de Calle 13-, «que habla de problemas sociales». «El reguetón tiene proyección. Yo creo que hay espacio para todos. Eso sí, vamos a ver si el reguetón sobrevive lo que han sobrevivido Machito o Tito Puente», asegura el compositor panameño, que pronostica larga vida a la salsa. «Al final, todo es un péndulo, acaba volviendo».

Desde su 'salsa intelectual', como algunos han bautizado su personal estilo, Rubén Blades se ha codeado con los grandes pensadores latinoamericanos. Fue amigo del escritor mexicano Carlos Fuentes, que le dio un consejo que no olvida: «Escribe de lo que sabes», y quizá por eso sus personajes son nocturnos y oscuros. Pero sobre todo, guarda un recuerdo imborrable de Gabriel García Márquez, del que fue amigo y con el que incluso llego a compartir proyectos. «Conocí a Gabo antes de que ganara el Nobel y antes de la notoriedad de 'Cien años de soledad'. Entonces era un periodista y nuestra relación no estaba influida por la popularidad de ninguno. De hecho, siempre me decía: 'Tú eres el desconocido más popular que existió', porque la gente había oído mi música pero no conocía mi cara, o pensaba que era actor», recuerda.

De izquierdas

Con el escritor colombiano paseaba por los universos paralelos que ambos crearon, Macondo y Extravión, y por historias que evocaban el realismo mágico del que Gabo fue un maestro. En una ocasión, propuso a García Márquez que hicieran un disco juntos. «Él me dijo que no. '¿Por qué?', le pregunté. 'Porque no acabamos nunca', me respondió. Pero sí me dejó utilizar sus títulos y publiqué un disco que se llamaba 'Agua de Luna', que no le gustó ni a los salseros ni a sus lectores. 'Tengo los brazos cansados', me dijo. '¿De qué?'. 'De defenderte'».

Pero no sólo a Gabo le gustaba la pelea (de las ideas). También a Blades, que entró en la política panameña en 1992 y que entre 2004 y 2009 ejerció como ministro de Turismo de su país. «Creo que sí regresaré a la política porque mi experiencia fue buena». Eso sí, rechaza ahora las estructuras tradicionales y prefiere presentarse como independiente, para lo que se apoya en las redes sociales. Comprometido con la izquierda, distingue, sin embargo, entre los dos modelos latinoamericanos. «Existe una gran diferencia entre Maduro y Pepe (Mujica) o Bachelet. Cuando se habla de la izquierda sólo se cuentan sus defectos, pero si nosotros tenemos vacaciones es gracias a la izquierda», sostiene.

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