Jazz por todo lo alto

Ponty, Eastwood y Lagrène dieron un recital de primera categoría y Patti Austin, un gran ‘show’ sobre Ella Fitzgerald

Patti Austin encandiló al público con su recital sobre Ella Fitzgerald. / Jesús Andrade
Natxo Artundo
NATXO ARTUNDO

Empieza a ser preocupante la escasa afluencia a las gradas de Mendizorroza. No se pasó anoche de la media entrada y ya llueve sobre mojado. Si bien es cierto que las sesiones más jazzísticas cuentan con menos tirón que las veladas más comerciales, también lo es que hace no muchos años la media de aforo cubierto en el polideportivo parecía ser mayor. Esperemos que la impresión se deba a la reforma del recinto. De lo contrario, las cifras apuntarían que los conciertos estelares están perdiendo tirón. Y eso sería muy negativo.

Pero lo que no decae es el nivel artístico. La prueba, cualquier noche. Pero ya que se trata de ir jornada a jornada, vamos a ver qué puede dar de sí un programa tan apetecible como completo. En la noche del viernes, la oferta se abría con una formación original de cuerdas, con el mago del violín Jean Luc Ponty, el prestidigitador de la guitarra Biréli Lagrène y el ya exquisito bajista Kyle Eastwood. Éste lleva casi 20 años como artista que graba bajo su propio nombre y en este proyecto se ha sumado, nada más y nada menos, a dos figuras que han trabajado en el mismo formato con Stanley Clarke y que poseen sendas trayectorias de dejar caer mandíbulas.

Rite of strings

El ‘walking’ de Eastwood con su contrabajo ‘recortado’ Czech-Ease —de David Gage, el mismo que lo fabrica para el coloso británico Dave Holland— se completaba en lo rítmico con los inspirados acordes de Lagréne, mientras Ponty desarrollaba melodías con ese tono entre lo limpio y lo rasposo que retrata al galo. Se trata de la misma configuración de instrumentos que tuvo aquel Rite of Strings de hace ya un par de décadas, pero aquí han logrado mantener las individualidades y, a la vez, hilar una dinámica de grupo.

No se pasó anoche de la media entrada y ya llueve sobre mojado

No hay exhibiciones por encima de lo musical. Y es que, por ejemplo, los solos de Eastwood surfean sobre el ritmo de una manera swingueante. O las ráfagas de notas del guitarrista gitano son coherentes con el tema y aportan al conjunto, e incluso apunta detalles de humor como el canto del Pájaro Loco. Y en el caso del violín lo que suena es pura delicia, ya sea jugando solo con ‘delays’ y arpegios de sabores barrocos o buscando todo un catálogo de voces en el instrumento.

Desde el ‘Blue Train’ del gigante Coltrane hasta los temas ‘Andalucía’ o ‘Samba de París’ de Eastwood, pasando por el ‘To and Fro’ y el ‘Cildhood Memories’ de Ponty, sin dejar de escuchar el ‘One Take’ o ‘Saint-Jean’ de Lagrène, tanto el repertorio como su ejecución subrayan la verdad de la geometría: tres puntos determinan un plano. En este caso, el de un jazz de enorme altura.

Y lo enorme volvió en la segunda mitad de la velada. Con un trío de eficientes músicos, muy en su sitio —tal vez un poco demasiado ‘ahí’, sin la soltura del bendito jazz— acompañando al detalle, la diva de la noche dio un gran ‘show’ con Ella Fitzgerald y su música como leit motiv. Patti Austin no es sólo una grandísima cantante, sino una actriz de las buenas. Y lo demostró al narrar la vida de Ella, sus comienzos en la pobreza, sus amores y fracasos sentimentales o detalles de distintos momentos de su carrera.

Basado en el álbum ‘For Ella’, el concierto incluyó piezas clásicas como ‘Honeysuckle Rose’, ‘You'll Have to Swing it, Mr. Paganini’ o la juguetona ‘A Tisket A Tasket’ y la cantante aportó calidad, gusto y elegancia, amén de unas tablas nada desdeñables, que no es accesible para cualquiera este recorrido por la vida y obra de la gran dama de ‘The Man I Love’ o ‘How High the Moon’, que también sonaron, al igual que ‘Miss Otis Regrets’ o ‘But Not For Me’.

Monólogo sobre el abandono

En relación con éstas, Austin habló de relaciones, de mujeres rechazadas que usan una pistola, dentro de una especie de monólogo sobre las respuestas femeninas ante una situación de abandono. También lo hubo, muy divertido, sobre el 50º cumpleaños de Austin y su depresión por no haberse casado o las bodas en general. Muy divulgativo sobre Ella y muy bienhumorado fue el trabajo de la cantante-actriz, que habló del ‘scat’, de Sinatra o de Ellington —y cantó ‘Satin Doll’, la que Gurruchaga transformó en ‘El hombre de los caramelos’— y terminó con un tema que es una especie de himno hacia la gran Ella, ‘Hearing Ella Sing’. Como todo el concierto, con el micro AKG que usó la diva en Vitoria como testigo. Un gran tributo. Con arte, con respeto y muy bien presentado. Una pena no haber tenido un grupo más jazzero y sin partituras. Más como ella, la Fitzgerald.

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