«El festival es importante para Vitoria y debemos sentirnos orgullosos»

Alberto Ibarrondo es el director del Festival de Jazz de Vitoria. /Javier Mingueza
Alberto Ibarrondo es el director del Festival de Jazz de Vitoria. / Javier Mingueza

Alberto Ibarrondo, responsable técnico del ciclo musical, subraya la gran respuesta de público al programa del Principal y el ‘tirón’ de Blades y Patti Austin

Natxo Artundo
NATXO ARTUNDO

Son ya más de 25 años los que este vitoriano de 47 lleva ligado al ciclo jazzístico de su ciudad. Dos décadas de voluntario, responsable de producción de la sección Jazz del Siglo XXI desde que ésta se ajustó al 100% a su nombre y, desde hace lustro y medio, director de logística y cuentas de la muestra musical cuyo programa diseña Iñaki Añúa.

- ¿Cómo ha sido esta experiencia de siete años en la dirección?

- Muy positiva. Cuando entré, tenía el objetivo de profundizar en los entresijos del festival -que ya conocía en parte-, meterme en contratos, en negociaciones con los agentes, conocer a los músicos... Y soy vitoriano, me parecía que era un evento importantísimo para la ciudad y del que sentirnos orgullosos. Era entrar a trabajar en algo que te gusta y, además, que te paguen. Mejor imposible, ja, ja.

- Le ha tocado lidiar con los años de la crisis.

- Sí, en 2012 vino Sonny Rollins. Durante la semana del festival no tienes tiempo ni de leer nada. Llegaba el sábado y, con el barco ya en alta mar, leo en EL CORREO que la prima de riesgo estaba a 612. Debajo, ‘rescatado el Banco de Valencia’. Pensé que más de uno se pensaría gastarse los 40 euros de la entrada. Fueron años duros, aunque hubo sus ‘antídotos’.

- ¿Por ejemplo?

- Paco de Lucía. Ya podía estar la prima de riesgo a 800, que a sus incondicionales les daba lo mismo.

- ¿Ese espíritu flamenco, más vital?

- Sí, que me quiten lo ‘bailao’. Pero recuerdo que en 2009 grabamos la ‘Vitoria Suite’, con todo el desembolso añadido que suponía tener a la Orquesta del Lincoln Center tres días adicionales, unas 25 personas con los ayudantes: hoteles, comidas, transportes... En esos momentos te lo podías permitir. Y al año siguiente tuvimos a Jamie Cullum y el homenaje a Miles con Herbie Hancock, Marcus Miller, Wayne Shorter... y a Rubén Blades. En el 11 ya asomaban las orejas del lobo.

- ¿Hasta qué punto ha influido este terremoto económico en los cachés de los artistas?

- Hay dos partes diferenciadas. Las leyendas consagradas -Chick Corea, Herbie Hancock, Wayne Shorter o Stanley Clarke- siguen en sus trece. Ahora, la zona media y joven son mucho más flexibles, tienen en cuenta los recintos a los que van y se puede negociar más. Se nota sobre todo en que son menos exigentes en los ‘riders’, en el catering o en el equipo.

- ¿Los pianos, por ejemplo?

- La mayoría quiere un buen piano y ya está. Ahí están Corea que tiene contrato con Yamaha o Hancock, con Fazioli. Cuando el homenaje a Miles, por ejemplo, la casa italiana lo traía y te lo ponía en el escenario. Ahora hay que pagarlo aparte.

- ‘Konexioa’, con Hasier Oleaga. ¿Hay buenas expectativas?

- Hasier Oleaga y Jorge Rossy, así como el Siglo XXI, creo que van a superar con creces lo previsto. Los abonos para el Principal ya son el doble que el año pasado. El programa tiene una gran aceptación. Go Go Penguin atrajo a mucho público el año pasado, pero tanto Theo Croker como Linda Oh ya están por encima de las ventas que consiguió el trío. Estamos contentos.

- Linda Oh es una artista que ya ha tocado en Mendizorroza con Joe Lovano y en el teatro se podrá escuchar su proyecto como líder.

- Sí. También en Woman to Woman, el sábado, hay grandes conocidas del público de Vitoria. Como la saxofonista chilena Melissa Aldana, que ya tocó en el Principal o Anat Cohen que ya estuvo el día de Estrella Morente y Niño Josele en el polideportivo. Ingrid Jensen ha estado con la big band de Maria Schneider y, por supuesto, Cécile (McLorin) que ya reventó la taquilla del Siglo XXI antes de volver el año pasado.

- Así es.

- También han pasado por el Principal EST (Esbjörn Svensson Trio) o Christian McBride. José James también empezó allí y dejó su huella. Como Cécile, que se ha convertido en una de las vocalistas referentes para el público vitoriano. Viene también con Renee Rosnes, que es más veterana y una artista que va a sorprender al público del festival.

Artistas y públicos

- Rosnes tiene una larga trayectoria, tanto como ‘sidewoman’ como, por ejemplo, con Joe Henderson y grandes trabajos. También, con su marido, que no es otro que Bill Charlap.

- Sí, también es un pianista buenísimo. Y ella es una artista un tanto minusvalorada desde mi punto de vista. Tal vez tenga un perfil más bajo, pero los trabajos que hace son fabulosos.

- ¿Quién encabeza las ventas en Mendizorroza?

- En cabeza está Rubén Blades, como era de esperar. Aunque yo creo que Woman to Woman -que también tocan el sábado- tienen su público. Luego va Patti Austin -con Jean Luc Ponty, Biréli Lagrène y Kyle Eastwood-, seguida por ese miércoles con Larry Carlton y Stanley Clarke. El homenaje a Monk del jueves es, si se quiere, más complejo por ser una música más desconocida para el público en general. Pero va bien. Y el que posiblemente adelante a todos al final es el gospel, porque las entradas se venden sobre todo el mismo día o la víspera. El año pasado, exceptuando a Jamie Cullum, sobrepasó a todo el mundo a última hora. El resto va en función de lo que habíamos previsto.

- ¿El gospel es el sprinter?

- Sí. Me gusta porque es más relajado -también desde el punto de vista de la producción- y si hay problemas te da tiempo de arreglarlos de cara a los días siguientes. Así, para cuando llegan los buques insignia todo está más atado. Es un primer día muy bueno porque viene un público más general, es un comienzo alegre y, desde ese punto de vista de organización de Mendizorroza, nos permite arreglar algunas cosillas.

- Es un programa muy diverso. Cada día tiene una o dos personalidades muy marcadas.

- Sí. Y hay un público distinto en el gospel o el sábado (con Rubén Blades), diferente al resto de los días. A la gente latinoamericana de Vitoria a lo mejor le tira más Blades. Como cuando venía Paco de Lucía había mayor diversidad. El resto de días pueden ser más homogéneos, tal vez el miércoles con Larry Carlton y Stanley Clarke tenga otro acento, aunque no sea tan blusero como con Taj Mahal.

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